La habitación propia

La muerte de la amiga: la revolución del duelo que no se había contado

De Aristóteles a la cultura pop, la amistad ha sido un vínculo celebrado. En los últimos años, la literatura empieza a mirar también su reverso: el final de una amistad y el duelo que provoca. Novelas y ensayos recientes sitúan estas pérdidas, tradicionalmente invisibles, en el centro del relato.

La muerte de la amiga: la revolución del duelo que no se había contado
La muerte de la amiga: la revolución del duelo que no se había contado. Montaje: kiloycuarto
Montaje: kiloycuarto

“La amistad es una virtud y es, además, lo más necesario para la vida […]. Pues sin amigos nadie desearía vivir”, dice Aristóteles en su Ética a Nicómaco. “Quien tiene un amigo tiene un tesoro”, simplifica el refranero popular español. “Son mis amigos, por encima de todas las cosas”, canta Amaral en ese himno a la amistad que dedicó a Marta, Sebas, Guille y los demás. ¿Pero qué ocurre cuando los amigos dejan de serlo? ¿Cómo seguir adelante cuando esas personas que se presuponen para toda la vida salen de ella para siempre?

Parecía obvio que ahí había material literario de sobra, pero han tenido que pasar unos cuantos siglos desde aquella sentencia aristotélica para entender que el duelo en la amistad merece un subgénero propio. Así lo demuestra la aparición de una generación de autoras con voces, estilos y formatos de escritura muy distintos, que parecen haberse puesto de acuerdo en los últimos tiempos para abordar la muerte de la amistad.

Solo en 2025 se han publicado novelas como Amiga mía, de Raquel Congosto, (Blackie Books) o Las cabras, de Pilar Asuero (Altamarea), donde el fin de la amistad y sus consecuencias funcionan como eje narrativo. También aparece de forma teórica en ensayos como La amiga que me dejó, de Nuria Labari (Debate), o La amistad y sus derivas, una conversación entre Sabina Urraca y María Folguera (Continta me tienes). En esta última editorial se publicó en 2024 una recopilación de nueve textos titulada (h)amor 9 amigas, como parte de una colección que explora las relaciones afectivas en sus múltiples vertientes, y cuyo contenido explora la amistad más allá de la idealización, el rechazo o la identificación absoluta.

'Amiga mía', de Raquel Congosto
‘Amiga mía’, de Raquel Congosto

“Pensamos que tras la crítica que han hecho sobre todo los feminismos y las disidencias a la familia ‘tradicional, nuclear o no elegida’, surge de nuevo y con fuerza renovada la amistad como ese vínculo no instrumental, no interesado y aparentemente libre. Por eso también existe la necesidad de hablar de estos duelos, invisibles hasta hace no mucho, y por supuesto de escribirlos y leerlos”, explica Marina Beloki, editora de Continta me tienes.

En este contexto proliferan debuts literarios, ensayos teóricos y novelas que se están colando en las listas de los más vendidos cuestionando la jerarquía social de las pérdidas. Libros que, más allá de la universalidad que comparten en cuanto a su enfoque y temática, están calando y abriendo conversaciones en una sociedad donde la escala de valores de los vínculos afectivos se encuentra en plena ebullición.

Es aquí donde entra en juego un conflicto que hasta ahora había estado envuelto de silencio y estigma, ¿qué pasa cuando la amistad muere? “Si hubiera sido una ruptura romántica, habría tenido derecho a horas de desahogo, incluso a monopolizar todas las conversaciones y cafés; si me hubieran echado del trabajo, entonces también; si me hubiera dejado de hablar un familiar, podría haber justificado un año de terapia. Pero cuando te deja una amiga solo existe un foso de silencio bajo los pies”, escribe Nuria Labari en La amiga que me dejó.

Libro '(h)amor 9 amigas'
Libro ‘(h)amor 9 amigas’

Amistades que se interrumpen unilateralmente, diálogos que nunca volverán a producirse, vidas que evolucionan por separado, vacíos imposibles de llenar y preguntas que nunca tendrán respuesta. En Amiga mía, Raquel Congosto “permite al lector percibir cómo dos amigas dejan de serlo simplemente porque ya no encuentran las palabras, los deseos comunes ni los espacios seguros”, escribe María Serrano, jefa de Cultura de Artículo14. Por su parte, Las cabras de Pilar Asuero plantea la amistad desde una separación más bien forzosa y su transformación a través de la distancia geográfica y temporal que la vida interpone.

Relatos donde influyen factores personales pero también sociales, coincidiendo con una época marcada por la precariedad, la hiperproductividad, la crisis del amor romántico, las migraciones, o la tendencia a una sociedad cada vez más individualizada. Aunque lo que de verdad ha hecho de la aparición de estas historias algo revolucionario es su forma de superar un silencio histórico a través del empleo de conceptos y fórmulas que no se habían utilizado antes para hablar sobre relaciones de amistad.

Una tendencia que va en línea con autoras consagradas como Elena Ferrante, quien se sirvió en La amiga estupenda (2011) de la misma escala y profundidad narrativa que las novelas románticas otorgan al amor de pareja para hablar de la relación entre dos amigas que crecieron juntas. O Sigrid Nunez, que ganó el National Book Award en 2018 con El amigo, donde reinventa los significados de compañía y lealtad, con su protagonista haciéndose cargo de la mascota del amigo que se ha suicidado.

Nuria Labari es la autora del libro 'La amiga que me dejó'
Nuria Labari es la autora del libro ‘La amiga que me dejó’

En la reconstrucción de una amistad rota se enfrascó también Carmen Martín Gaite con Nubosidad variable (Anagrama, 1992). La historia del reencuentro entre dos antiguas amigas, y una relación epistolar que desencadena una pequeña gran revolución en la vida de ambas.

 

Lo que ya habrá llamado la atención del lector o lectora de este artículo es que independientemente del formato y el punto de vista, la amistad en general, y el duelo amistoso en particular, parecen patrimonio literario de las escritoras. Pues más allá del caso de Amistad. Un ensayo compartido (Libros del Asteroide / Debate, 2025) de Jacobo Bergareche y Mariano Sigman, la lista de títulos que se pueden encontrar se escribe prácticamente en femenino.

Para la editora Marina Beloki la razón es patriarcal: “Pareciera que la amistad no es un tema ‘serio’, digno de ensayos, citas, o reflexiones profundas, y por tanto los hombres (cisheteros) no deben aproximarse a ese tema”. En esta línea Beloki recomienda leer el último ensayo de Marina Garcés, La pasión de los extraños (Galaxia Gutemberg, 2025), “una genealogía de la amistad absolutamente necesaria”.

'La pasión de los extraños', de Marina Garcés
‘La pasión de los extraños’, de Marina Garcés

En La amiga que me dejó, Nuria Labari explora esta diferencia en cuestión de género sirviéndose del ejemplo de Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998), donde ocho hombres arriesgan sus vidas para salvar la de uno que no conocen. Labari llega a la conclusión de que “han sido educados para ser bando, legión, manada, guerreros dispuestos a morir. Los hombres llevan siglos, milenios, preparándose para dar la vida por otros hombres. No necesitan hablarse ni contarse sus sentimientos u ocupar un relato central en la vida del otro, no necesitan conocerse si quiera, lo único que les hace falta para ser amigos es comportarse como hombres de verdad”.

Para recalcar esta distinción semántica entre amigo, en masculino, y amiga, en femenino, expone que “la lucha de distintos movimientos de hombres gays ha apostado no solo por la defensa «del colectivo», sino también por el apoyo a la diversidad colectiva. Y, en el sentido amistoso y comunitario, ellos han sido los primeros en nombrarse como «amigas» para referirse a sí mismos dentro de un femenino universal […]. Una amistad distinta, concebida para acompañar en la vida y no en la guerra”.

Quizá por eso el duelo amistoso entre hombres todavía no ha sido capaz de superar su presunción épica. No porque ellos no pierdan amistades, sino porque su duelo todavía no ha encontrado la manera de expresarse en literatura como parte de un proceso de reajuste emocional. Por eso de momento este subgénero merece llamarse ‘la muerte de la amiga’ y no del amigo. Aunque viendo cómo el papel de la amistad en la vida y en la literatura está tomando cada vez mayor protagonismo, las posibilidades son aún infinitas para un filón que acaba de explotar.

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