Opinión

Invertir sin fronteras: dónde estarán las oportunidades en 2026

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El 2025 ha sido un año extraordinario para la inversión. Tras la tormenta de 2022 y la recuperación de 2023 y 2024, los mercados han cerrado con rentabilidades que, en abril, nadie se atrevía a pronosticar, mientras el fantasma de los aranceles de Trump amenazaba con reordenar el comercio global y las caídas superaban el 20-30%. Sin embargo, el año concluyó con una lección que muchos inversores siguen sin aprender: la diversificación no es una opción, es esencial.

Si algo ha desmontado los prejuicios del inversor medio en 2025, ha sido el comportamiento de la renta variable europea. Con una rentabilidad cercana al 19%, ha plantado cara a la todopoderosa bolsa estadounidense, demostrando que las oportunidades no se limitan a las tecnológicas de Silicon Valley.

La exposición al tipo de cambio

Sin embargo, la diferencia ha residido en un factor que muchos inversores olvidan hasta que les duele en la cartera: el tipo de cambio. Estados Unidos ha rentado un 18% en dólares, pero, para un inversor europeo, la depreciación de la divisa norteamericana ha dejado esa cifra en un escueto 3% en euros. Mientras tanto, Europa ha mantenido intacto ese 18%. No es una anécdota, es aritmética.

El presidente de los EEUU, Donald Trump.

Esto no significa que en este ciclo hay que minimizar la exposición a Estados Unidos. Al contrario: sigue siendo el motor de la economía y de la innovación global. No obstante, el inversor ha de ser cada día más consciente que concentrar una cartera en un sector o una geografía concreta entraña riesgos crecientes: riesgos de concentración geográfica y sectorial (más del 30% del índice es tecnología) y, por supuesto, de fluctuación de divisa.

Diversificación

Uno de los grandes malentendidos de la inversión indexada es creer que basta con replicar el MSCI World y desentenderse. Dicho índice, por muy global que suene por su denominación “World”, no es necesariamente sinónimo de diversificación global: debido a las reglas de ponderación del propio índice, Estados Unidos representa más del 70% del mismo. Es decir, quien compra MSCI World fundamentalmente está comprando, demasiadas veces sin saberlo siquiera, bolsa americana.

La verdadera diversificación implica ir más allá: incorporar también mercados emergentes, renta variable de pequeña capitalización y activos reales. No se trata de apostar por un mercado en concreto, sino de construir carteras que respondan de forma consistente ante distintos escenarios económicos.

Durante los últimos años, Wall Street ha sido el indiscutible rey de las rentabilidades. No obstante, los ciclos económicos no son eternos, y hay señales de que el relevo puede haber comenzado. Japón, tras décadas de letargo, ha mostrado un dinamismo renovado. Los mercados emergentes, especialmente en Asia, están recogiendo los frutos de la deslocalización industrial y el crecimiento demográfico. Por su parte, las small caps están ofreciendo oportunidades de valor que las grandes tecnológicas ya no pueden garantizar.

99,6% de clientes en rentabilidad positiva

El problema es que muchos inversores llegan tarde a estos mercados. Esperan a que las rentabilidades sean evidentes, a que los titulares confirmen la tendencia; pero, cuando eso ocurre, sus precios ya han subido. La diversificación geográfica y por tamaño de compañía permite estar presente en esos mercados antes de que se conviertan en tendencia. No se trata de adivinar el futuro, sino de no quedarse fuera.

Hay un dato que resume la efectividad de la estrategia que defendemos en Finizens: el 99,6% de nuestros clientes está en rentabilidad positiva. No es magia. Es el resultado de tres principios: diversificación ultra amplia, visión de largo plazo y aportación sistemática de nuevo capital mes a mes (el famoso “DCA”).

Varios paneles y monitores muestran la evolución de la Bolsa española.
EFE

Este último punto es crucial y, a menudo, ignorado. La aportación sistemática no es una estrategia de marketing para que los inversores aporten más dinero, sino el mecanismo que convierte la volatilidad en aliada. Cuando los mercados caen, estás comprando barato; cuando suben, estás promediando las ganancias.

La disciplina de la inversión a largo plazo

Uno de los grandes autoengaños del inversor es creer que invierte a largo plazo cuando, en realidad, revisa su cartera cada semana. El largo plazo no es una declaración de intenciones, sino una disciplina. Y esa disciplina empieza con decisiones correctas hoy: diversificar bien, aportar regularmente y no intentar adivinar el momento perfecto para entrar o salir.

¿Firmaríamos repetir en 2026 las rentabilidades de 2025? Lo que sí podemos firmar sin duda es que, independientemente de lo que hagan los mercados, una cartera bien diversificada y gestionada con consistencia y disciplina tendrá muchas más probabilidades de éxito ante los futuros ciclos de mercado y de la geopolítica global.

El mercado no se detiene ante fronteras ni límites geográficos. Se mueve hacia las mejores oportunidades de retorno. En 2026, las oportunidades seguirán repartidas por todo el mundo. ¿Tu cartera está lista para capturarlas?

 

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