Día Mundial contra el Cáncer

Pilar, la paciente cero que descubrió que el gas radón provoca cáncer

A partir de esta paciente no fumadora, la oncóloga Laura Mezquita inició una línea de investigación pionera del cáncer de pulmón que provoca unos 230.000 tumores en el mundo

La primera vez que la palabra radón entró en la consulta de la doctora Laura Mezquita no lo hizo en forma de gráfico ni de artículo científico, sino como una intuición. O, mejor dicho, como una convicción. “Laura, mi cáncer es por el radón”.
La frase la pronunció Pilar Martín Berrocal al final de una visita médica. Era 2011. Mezquita tenía 29 años y empezaba a trabajar como oncóloga en Madrid. Pilar, poco más de cuarenta, nunca había fumado, llevaba una vida saludable y acababa de ser diagnosticada de un cáncer de pulmón avanzado.

En aquel momento, la afirmación sonaba extraña, aunque el radón ya formaba parte del vocabulario habitual de la oncología clínica. “Era, y en gran medida sigue siendo, un gas invisible en el imaginario ciudadano. Incluso en la oncología, aunque se sabía que existía y que era peligroso, apenas se conocía su implicación en el cáncer de pulmón”.

Madrileña, maestra, con dos carreras universitarias y curiosa hasta la obstinación, Pilar decidió no conformarse con la sospecha. Tenía una mutación genética que le permitía recibir un tratamiento dirigido que no la curaría, pero sí conseguiría controlar la enfermedad.  Vivió nueve años más, siete de ellos con buena calidad de vida. Cuando la medicación estabilizó el tumor, quiso saber más.

“No avisa, se cuela por grietas”

Pilar había vivido durante ocho años en Torrelodones, una zona rica en granito, un tipo de suelo especialmente proclive a liberar radón. El gas, producto natural de la desintegración del uranio presente en la tierra, es incoloro, inodoro e insípido. “No avisa. Se cuela por grietas, se acumula en sótanos y plantas bajas, se fija a partículas en suspensión que respiramos y que acaban adheridas al epitelio pulmonar”, explica la doctora Mezquita.

Cuando la paciente midió el radón en su casa, encontró concentraciones de hasta 400 becquerelios por metro cúbico, ocho veces por encima de lo considerado aceptable. Hizo obras, mejoró la ventilación, intentó reducir la exposición. Nunca sabrá si fue eso o el tratamiento lo que le regaló años de vida. Empezó a escribir un libro sobre el tema. No pudo terminarlo. Murió con 50 años. Pero dejó una pregunta abierta.

De una historia personal a una hipótesis científica

Años después, cuando a Laura Mezquita le propusieron investigar el cáncer de pulmón en no fumadores, la frase de Pilar volvió a resonar. “Decidí que podíamos medir los niveles de radón en las casas de nuestros pacientes y estudiar si el tipo de tumor tenía relación con la exposición ambiental. Era un trabajo pequeño, casi artesanal, pero pionero”.

Ese trabajo acabaría convirtiéndose en su tesis doctoral, defendida en 2018. En los agradecimientos, el primer nombre fue el de Pilar. El punto de partida era tan simple como ambicioso. Si el radón es la principal causa de cáncer de pulmón en no fumadores y la segunda en fumadores, con un efecto sinérgico con el tabaco, ¿por qué sabemos tan poco sobre qué hace exactamente en el tumor? ¿Qué huella deja en el ADN? ¿Cómo altera el sistema inmunitario? ¿Influye en la respuesta a los tratamientos, especialmente a la inmunoterapia?

La literatura científica había demostrado que el radón causa daño genético e induce una elevada inestabilidad genómica. Lo que no había conseguido era identificar un patrón claro, una “firma” molecular, como sí ocurre con el tabaco. El vínculo epidemiológico estaba fuera de duda; el mecanismo biológico seguía siendo un territorio lleno de sombras.

El gas que desordena el genoma

Desde el punto de vista biológico, el radón es un agresor silencioso. Al desintegrarse, libera partículas alfa que impactan directamente contra el ADN de las células pulmonares. Ese daño no siempre se repara correctamente. Se acumulan mutaciones, se fragmentan cromosomas, aumenta la inestabilidad genómica.

Mapa del potencial de radón de España. Consejo de Seguridad Nuclear
Consejo de Seguridad Nuclear

Paradójicamente, esa misma inestabilidad podría tener una doble cara. “La hipótesis que investigamos plantea que el daño inducido por el radón podría aumentar la inmunogenicidad del tumor. Hacerlo más visible para el sistema inmunitario”. ¿Podría el radón, en determinados contextos, favorecer una mayor infiltración de células T en el microambiente tumoral? ¿Podría incluso potenciar en fumadores la respuesta inmunitaria inducida por el tabaco?

Para responder a estas preguntas, Mezquita decidió ampliar el foco. La siguiente etapa la llevó a París, al Instituto Gustave Roussy, uno de los grandes centros oncológicos europeos. “Allí trabajé con Benjamin Besse, referencia mundial en cáncer de pulmón, que se convirtió en mi mentor. Juntos impulsamos BIORADON, un proyecto de la EORTC, la principal red europea de investigación en cáncer. En esa época todavía costaba que se entendiera la idea de que un gas ambiental pudiera dejar una huella identificable en la biología del tumor”.

Hoy BIORADON incluye a más de 1.000 pacientes de cinco países y 36 centros europeos. “Analizamos perfiles moleculares, firmas mutacionales, características inmunológicas y la evolución clínica en relación con la exposición residencial al radón”.

Desde 2020, ya de vuelta en España, Mezquita trabaja en el Hospital Clínic de Barcelona y el IDIBAPS, donde su equipo investiga cómo los factores ambientales, el radón incluido, influyen en la vulnerabilidad molecular del cáncer de pulmón. En 2024, gracias al Programa de Talento Clínico de CRIS Contra el Cáncer, ha iniciado una nueva fase centrada en biología tumoral e inmunoterapia, combinando secuenciación genómica, transcriptómica e inteligencia artificial. “El objetivo es claro: identificar biomarcadores de exposición al radón y entender su impacto clínico real”, insiste.

Un problema de salud pública

El trabajo de Mezquita no ocurre en el vacío. El radón es responsable de aproximadamente el 9 % de las muertes por cáncer de pulmón en Europa y del 4 % en España. “El riesgo aumenta un 16 % por cada incremento de 100 becquerelios por metro cúbico de exposición prolongada. En fumadores, el efecto se multiplica”.

España, especialmente en zonas graníticas como Galicia, Extremadura, Castilla y León o el norte de Madrid, presenta concentraciones elevadas. El Consejo de Seguridad Nuclear elaboró un mapa que identifica municipios de “actuación prioritaria”, donde hasta el 75 % de las edificaciones superan los niveles recomendados.

Tras la Directiva Euratom de 2013, según explica la oncóloga, España aprobó finalmente su Plan Nacional contra el Radón en enero de 2024. El Código Técnico de la Edificación exige medidas específicas en edificios nuevos y reformas; la normativa laboral obliga a medir en centros de trabajo situados en zonas de riesgo. “Comunicar sobre el radón es importante -advierte Mezquita-. Sin alarmismos, pero con claridad. Porque el radón no es un peligro abstracto. Es medible. Y, en gran parte, prevenible”.

Desde la medicina, para Mezquita es fundamental definir el perfil molecular específico del cáncer de pulmón asociado al radón. “Permitirá diagnosticar con mayor precisión y diseñar ensayos terapéuticos. Los tumores provocados por radón no son iguales a los del tabaco. Entender esa diferencia es clave para tratar mejor a los pacientes”.

El tabaco, primer factor de riesgo
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Pilar, su paciente cero, no llegó a beneficiarse de estos avances, pero su caso sigue marcando el origen de la investigación. Detrás de cada cáncer hay un conjunto de causas posibles y, en este, una exposición ambiental que durante años pasó desapercibida. El trabajo de esta oncóloga zamorana contribuye hoy a dotar de base científica a lo que inició como una sospecha: que el radón, aunque invisible, tiene un papel medible y prevenible en el cáncer de pulmón. Ella le ha puesto cifras, datos y contexto a un riesgo más presente de lo que podamos imaginar en nuestros hogares y lugares de trabajo.

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