La lucha por la paridad: cómo la reducción de jornada laboral puede beneficiar a las mujeres en el sector público

La reducción de jornada abre un nuevo escenario en el sector público, con efectos directos en conciliación, carrera profesional y paridad

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz.
Europa Press

La reducción de jornada laboral para funcionarios se ha convertido en uno de los debates más relevantes del inicio de 2026. No solo por su impacto económico o por la brecha que abre con el sector privado, sino porque introduce una variable clave que durante años ha estado ausente del debate laboral: la igualdad real entre hombres y mujeres.

En un mercado de trabajo todavía marcado por desigualdades estructurales, la jornada de 35 horas en la Administración General del Estado aparece como una medida con potencial transformador, especialmente para las mujeres.

No es casual que el foco esté ahí. Más de la mitad del personal público estatal son mujeres, muchas de ellas concentradas en ámbitos donde la conciliación sigue siendo un reto diario. La reducción de jornada laboral para funcionarios, tal y como se plantea, no solo reduce horas, sino que redefine tiempos, expectativas y trayectorias profesionales en un sector donde la estabilidad no siempre ha ido acompañada de igualdad efectiva.

Una medida laboral con impacto de género

Cuando se analiza la reducción de jornada laboral para funcionarios desde una perspectiva estrictamente numérica, el dato es evidente: pasar de 40 a 35 horas semanales supone trabajar alrededor de un mes y medio menos al año. Pero el impacto real no está solo en el calendario, sino en cómo se redistribuye el tiempo dentro y fuera del trabajo, especialmente en hogares donde las tareas de cuidado siguen recayendo de forma mayoritaria sobre las mujeres.

Diversos estudios sobre empleo público y conciliación coinciden en una realidad persistente: incluso cuando ambos miembros de la pareja trabajan a tiempo completo, son ellas quienes asumen más horas de trabajo no remunerado. En ese contexto, una reducción generalizada de jornada evita que sean las propias mujeres quienes tengan que solicitar reducciones individuales —con la consiguiente penalización salarial o de carrera— para poder llegar a todo.

La reducción de jornada laboral para funcionarios
Una fotografía de archivo de funcionarios administrativos en su puesto de trabajo.
EFE

La clave está ahí: la reducción de jornada laboral para funcionarios no se plantea como una concesión individual, sino como un cambio estructural que beneficia al conjunto del personal, evitando estigmas y desigualdades internas.

El sector público como laboratorio de igualdad

El empleo público ha sido históricamente un refugio frente a la precariedad, pero también un espacio donde las desigualdades de género se han reproducido de forma más silenciosa. Aunque la brecha salarial es menor que en el sector privado, sigue existiendo una brecha de promoción, de acceso a puestos directivos y de reconocimiento.

En ese sentido, la reducción de jornada laboral para funcionarios puede funcionar como una herramienta indirecta de igualdad. Al reducir la presión horaria, se disminuye uno de los factores que más penaliza la carrera profesional de las mujeres: la incompatibilidad entre horarios rígidos y responsabilidades de cuidado.

No se trata solo de trabajar menos, sino de trabajar mejor. Una jornada más corta puede favorecer una organización del trabajo más eficiente, con menos presentismo y mayor foco en resultados, algo que tradicionalmente ha beneficiado más a los perfiles masculinos en estructuras jerárquicas clásicas.

Conciliación sin renuncias profesionales

Uno de los grandes problemas del mercado laboral español es que la conciliación suele pagarse cara. En muchos casos, las mujeres que optan por reducir su jornada lo hacen a costa de su salario, su cotización futura y sus posibilidades de ascenso. La reducción de jornada laboral para funcionarios, al ser colectiva, rompe en parte esa lógica.

Al aplicarse de forma homogénea, no distingue entre quien cuida y quien no, entre quien tiene hijos o no, entre hombres y mujeres. Y ahí reside su potencial transformador. La conciliación deja de ser una “excepción” femenina para convertirse en una condición estructural del empleo público.

La reducción de jornada laboral para funcionarios
Yolanda Díaz.
Javier Cuadrado

Este cambio de marco puede tener efectos a medio plazo en la cultura organizativa de la Administración, donde las largas jornadas y la disponibilidad permanente han sido durante años sinónimo de compromiso, especialmente en los niveles intermedios y altos.

El peso de las mujeres en la Administración

Más de 125.000 mujeres se verán directamente afectadas por la aplicación de la reducción de jornada laboral para funcionarios en la Administración General del Estado. Son mayoría en cuerpos administrativos, en sanidad, en educación y en servicios sociales, sectores donde la carga emocional y el desgaste son elevados.

En estos ámbitos, una reducción efectiva de la jornada puede traducirse no solo en más tiempo personal, sino en una mejora del bienestar psicológico y de la salud laboral. Menos horas no significan necesariamente menos productividad, pero sí pueden significar menos estrés, menos bajas laborales y mayor estabilidad en plantillas altamente feminizadas.

Además, el empleo público femenino suele concentrarse en tramos salariales medios, donde cualquier reducción de ingresos tiene un impacto directo en la economía familiar. De ahí que una reducción sin merma salarial sea especialmente relevante desde una perspectiva de género.

El debate político y sindical

La reducción de jornada laboral para funcionarios forma parte del acuerdo alcanzado entre el Gobierno y los principales sindicatos del sector público, como CCOO y UGT, dentro del marco para una Administración del siglo XXI. Desde las organizaciones sindicales se insiste en que la medida no es solo laboral, sino también social.

El Ejecutivo, a través del Ministerio de Función Pública, defiende que la reducción permitirá modernizar la Administración y adaptarla a los nuevos modelos de trabajo, al tiempo que refuerza la igualdad y la conciliación.

La reducción de jornada laboral para funcionarios
Lucho Palazzo, coordinador del área pública de CCOO.
CCOO

Sin embargo, el debate político no está exento de polémica. La comparación con el sector privado —donde la jornada sigue siendo mayoritaria de 40 horas— ha reavivado el discurso sobre privilegios, obviando en muchos casos el enfoque de género y el impacto diferencial que estas medidas pueden tener sobre las mujeres.

¿Un modelo exportable al sector privado?

Una de las grandes incógnitas es si la reducción de jornada laboral para funcionarios puede servir como precedente para el conjunto del mercado laboral. Desde una perspectiva de igualdad, el riesgo es evidente: que se amplíe la brecha entre mujeres del sector público, con mejores condiciones de conciliación, y mujeres del sector privado, donde las reducciones de jornada siguen siendo mayoritariamente femeninas y penalizadoras.

Algunos expertos advierten de que, sin una reducción generalizada de jornada en el sector privado, el empleo público puede convertirse en un espacio de refugio para mujeres que buscan estabilidad y conciliación, reforzando una segregación laboral ya existente.

Aun así, otros análisis apuntan a que el sector público puede actuar como palanca de cambio, demostrando que es posible trabajar menos sin perder eficiencia ni calidad en el servicio.

No es una solución mágica

Conviene no idealizar la medida. La reducción de jornada laboral para funcionarios no resolverá por sí sola las desigualdades de género. Sin políticas de corresponsabilidad, sin servicios públicos de cuidados suficientes y sin un cambio cultural profundo, existe el riesgo de que el tiempo liberado vuelva a ser absorbido por tareas domésticas que siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres.

Además, quedan fuera de esta reducción amplios colectivos del sector público, como fuerzas de seguridad, personal de justicia o administraciones autonómicas y locales, lo que introduce una aplicación desigual de la medida.

La reducción de jornada laboral para funcionarios
Pedro Sánchez junto a los representantes de UGT y CSIF en la firma con el ministro de Función Pública, Óscar López.
Ministerio para la Función Pública

Aun así, el paso es significativo. Por primera vez en años, una política laboral de calado incorpora de forma implícita una mirada de género, aunque no siempre se verbalice así en el debate público.

Un cambio silencioso pero estructural

La reducción de jornada laboral para funcionarios no es solo una cuestión de horas. Es una forma distinta de entender el trabajo, el tiempo y el equilibrio entre vida personal y profesional. Para las mujeres, especialmente, puede suponer una oportunidad para avanzar hacia una igualdad más tangible, menos retórica y más cotidiana.

No elimina las desigualdades de raíz, pero sí ataca uno de sus pilares: la gestión desigual del tiempo. Y en una sociedad donde el tiempo sigue siendo uno de los recursos más desigualmente repartidos, ese cambio, por pequeño que parezca, puede tener efectos profundos.

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