Caso Epstein

El catedrático español que dijo ‘no’ a Epstein: “Que tu hija te diga que está orgullosa de ti no se paga con dinero”

Ernesto Pereda, catedrático de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de La Laguna (Islas Canarias) descubrió con estupor que su nombre aparecía en los papeles del caso Epstein por un proyecto que rechazó por motivos éticos en 2017

Caso Epstein
El catedrático de la Universidad de La Laguna, Ernesto Pereda de Pablo
KiloyCuarto

Cuanto más se investiga la red de poder, dinero e influencias del depredador sexual Jeffrey Epstein. más personas e instituciones aparecen salpicadas. Universidades de élite, científicos de prestigio o fundaciones aparentemente filantrópicas tampoco se libran. Pero en este entramado nadie esperaba encontrar el nombre de un catedrático de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de La Laguna, en Tenerife, en las Islas Canarias.

Ernesto Pereda llevaba casi dos décadas dedicado a la docencia y a la investigación cuando, de forma completamente imprevista, descubrió la semana pasada que figuraba en los documentos internos del entorno de Epstein. No porque hubiera trabajado para él, ni porque hubiera cobrado un solo euro, sino precisamente por lo contrario: porque se negó.

Los documentos publicados la semana pasada, que incluyen correos electrónicos, propuestas de investigación, listas de contactos y acuerdos económicos sacaron a la luz los tentáculos de Epstein en el ámbito científico y universitario, incluso después de haberse declarado culpable de delitos sexuales contra menores. Entre esos documentos, apareció también la mención a un proyecto frustrado en el que figuraba el nombre de Ernesto Pereda. En Artículo14 hablamos con el catedrático que rechazó al difunto pederasta.

-¿Qué sintió cuando vio su nombre en los papeles de Epstein?

-Al principio, sorpresa absoluta. Yo nunca tuve ningún tipo de trato directo con él, ni correos, ni reuniones, ni videollamadas. Luego recordé que en 2017 sí hubo una propuesta que me llegó a través de colegas de Londres, para colaborar en un estudio científico bastante normal en el ámbito académico.

Ernesto, catedrático
El nombre de Ernesto Pereda aparece en los archivos Epstein
Departamento de Justicia

-¿En qué consistía exactamente ese proyecto?

-Era un estudio sobre sincronización cerebral durante actividades conjuntas, en este caso meditación. Se trataba de registrar la actividad cerebral de varias personas a la vez y analizar si, durante ese proceso, se producía una sincronización real entre cerebros. Desde el punto de vista científico era interesante y bastante puntero. A mí me contactaron para hacer el análisis de datos.

-¿Cuándo empiezan las dudas?

-Cuando se plantea la forma de pago. Me dicen que la financiación, unos 100.000 dólares, tenía que canalizarse a través de un banco en las Islas Vírgenes. Yo llevo más de veinte años colaborando con universidades de muchos países y jamás me habían propuesto cobrar a través de un paraíso fiscal.

La isla de Jeffrey Epstein en la que realizaba las fiestas y los encuentros sexuales por los que fue juzgado y condenado
La isla de Jeffrey Epstein en la que realizaba las fiestas y los encuentros sexuales por los que fue juzgado y condenado

-¿Qué hizo entonces?

-Pedí explicaciones. Dije: “Esto no me parece normal. Decidme quién es el financiador”. Insistí porque ninguna fundación científica seria paga así. Y entonces me dicen el nombre: Jeffrey Epstein.

-¿Ya sabía quién era en ese momento?

-Miré en internet y vi que ya se había declarado culpable de agresiones sexuales a menores, que figuraba como delincuente sexual y que había llegado a acuerdos judiciales para evitar la cárcel. En ese momento lo tuve claro: yo no iba a cobrar dinero de una persona así.

-¿Era ilegal aceptar ese dinero?

-No. Esa es la clave. Legalmente, el trabajo era correcto y la universidad me dijo que, mientras se pagaran impuestos, el origen del dinero no planteaba un problema legal. Pero aquí no hablamos de legalidad, sino de ética. Yo no me veía cobrando de un agresor sexual convicto.

-¿Cómo reaccionaron quienes impulsaban el proyecto?

-Mal, porque el proyecto dependía de que todas las partes estuvieran. Si yo no hacía el análisis de datos, el estudio se caía. Me llegaron a decir que era “un problema suyo con la justicia”, que eso no tenía que ver con la ciencia. Pero yo no lo compartía.

-¿El proyecto siguió adelante sin usted?

-Sí. En 2018 lo asumió una universidad italiana y el dinero se canalizó a través de una fundación. Yo de eso no supe nada hasta ahora, cuando han salido los documentos.

-¿Qué pensó cuando Epstein fue detenido y apareció muerto en prisión?

-Recuerdo hablar con un colega y decirle: “Menos mal que no aceptamos. De la que nos hemos librado”. En ese momento no imaginé que años después todo esto volvería a salir.

-Ahora, con la publicación de los documentos, ¿ha tenido problemas legales o institucionales?

-Ninguno. Precisamente porque no cobré nada ni hice el trabajo. El rector de la universidad me escribió para agradecerme la transparencia y la decisión que tomé en su momento. A nivel legal no tengo que hacer absolutamente nada.

-¿Cómo está viviendo la exposición mediática?

-Es raro. Gente a la que no veía desde hace años me escribe, familiares, colegas. Todo se amplifica muchísimo en la era del dato, donde un correo de hace ocho años puede aparecer de repente en todos los periódicos.

-¿Cómo ha reaccionado su entorno femenino más cercano?

-Una compañera catedrática, que además dirige el Instituto de Estudios de la Mujer, me escribió para agradecerme la decisión y decirme que no esperaba menos de mí. Pero lo más bonito fue lo de mi hija.

-¿Qué pasó?

-Yo no le había contado nada. Cuando salió la noticia, un amigo suyo le escribió diciéndole algo así como “tu padre rechazó a Epstein, qué capo”. Ella me llamó y me dijo que estaba muy orgullosa de mí. Y ahí lo entendí todo.

-¿Por qué?

-Porque la diferencia entre que tu hija te diga que está orgullosa de ti o que sienta vergüenza no se paga con dinero. Eso compensa todo este lío. Al final, hay decisiones que crees que nadie va a ver nunca, pero son las que realmente te definen.