La publicación de nuevos archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos (DoJ) sobre Jeffrey Epstein ha vuelto a situar en el centro del debate público la red de relaciones que el financiero tejió durante décadas con figuras influyentes de la política, los negocios y el entretenimiento. Los documentos, difundidos en varias tandas tras la aprobación de una ley que ordena su desclasificación casi total, incluye correos electrónicos, fotografías, informes de investigación y material audiovisual recopilado a lo largo de unos 20 años. En total, tres millones de páginas y más de 2000 fotografías.
Epstein, condenado por delitos sexuales y acusado de abusar de menores, murió en una cárcel de Nueva York en 2019 mientras esperaba juicio por cargos federales de tráfico sexual. Su caso expone un patrón sistemático de explotación y fallas institucionales que permitieron que evitará durante años una investigación penal a gran escala. Los nuevos archivos arrojan más luz sobre lo que sabían las autoridades y sobre quiénes orbitaban alrededor de Epstein antes y después de que sus crímenes salieran a la luz.

La mera aparición de un nombre en estos documentos no implica delito alguno, una advertencia reiterada por el propio Departamento de Justicia y por juristas. En muchos casos se trata de contactos sociales, intercambios circunstanciales o fotografías sin contexto claro. Aun así, el volumen y el perfil de los nombres citados ilustran hasta qué punto Epstein logró insertarse en círculos de poder.
Entre las figuras políticas que aparecen en los archivos destaca el expresidente estadounidense Bill Clinton, fotografiado junto a Epstein en varias ocasiones durante los años noventa y principios de los dos mil. Algunas imágenes lo muestran en entornos de ocio, como una piscina o un jacuzzi. Clinton ha negado de forma reiterada cualquier conocimiento de los abusos cometidos por Epstein y ninguna de las víctimas que han hecho públicas sus acusaciones lo ha señalado. Su entorno ha insistido en que el expresidente rompió toda relación con el financiero antes de que sus delitos salieran a la luz y ha pedido la publicación íntegra de los documentos aún pendientes.

También figura de manera prominente Andrew Mountbatten-Windsor, duque de York y hermano del rey Carlos III del Reino Unido. La amistad entre Epstein y el entonces príncipe Andrés es conocida desde hace años y ha sido objeto de escrutinio judicial y mediático. Los nuevos archivos incluyen fotografías y correos electrónicos que refuerzan la cercanía entre ambos, así como mensajes en los que Epstein parece intentar presentarle a mujeres jóvenes. Andrew Mountbatten-Windsor ha negado haber cometido delito alguno, aunque en 2022 llegó a un acuerdo extrajudicial con Virginia Giuffre, una de las víctimas de Epstein, que afirmó haber mantenido relaciones sexuales con él cuando era menor.
Los documentos también revelan intercambios de Epstein con figuras relevantes del mundo empresarial y tecnológico. Entre los nombres mencionados se encuentran Bill Gates y Elon Musk, dos de los empresarios más influyentes del planeta. En el caso de Gates, ya se conocía que mantuvo reuniones con Epstein en el pasado, algo que el fundador de Microsoft ha calificado públicamente como un “error de juicio”, subrayando que no tuvo relación alguna con actividades ilícitas. Musk, por su parte, ha negado cualquier vínculo significativo con Epstein más allá de contactos sociales puntuales. En ninguno de los dos casos existen acusaciones formales de conducta ilegal.
El deporte profesional estadounidense también aparece reflejado en los archivos. Figuran referencias a Steve Tisch, copropietario de los New York Giants de la NFL, así como a otros dirigentes y donantes vinculados a fundaciones y eventos benéficos. De nuevo, los documentos no establecen participación en delitos, pero sí muestran cómo Epstein utilizaba causas filantrópicas y contactos de alto nivel para reforzar su legitimidad social.
El mundo del espectáculo no queda al margen. Entre las fotografías difundidas hay imágenes de Epstein junto a artistas como Michael Jackson, Mick Jagger o Diana Ross, tomadas en actos sociales cuyo contexto exacto no siempre está claro. Los investigadores han señalado que algunas de estas fotografías proceden de archivos personales de Epstein y que no necesariamente implican una relación directa o continuada con las personas retratadas. Varios de estos artistas fallecieron antes de que el caso Epstein alcanzara notoriedad mundial. Otros como Jay Z o Lisa Marie Presley aparecen también mencionados en la última tanda de archivos desclasificados.

Más allá de los nombres famosos, los archivos ofrecen detalles perturbadores sobre el funcionamiento interno de la red de abusos. Notas del FBI y borradores de acusaciones describen cómo empleados de Epstein facilitaban los encuentros con menores, realizaban pagos en efectivo y limpiaban las habitaciones tras las agresiones. En 2007, fiscales federales prepararon un acta de acusación que incluía no solo a Epstein, sino también a colaboradores cercanos. Sin embargo, el acuerdo firmado por el entonces fiscal de Miami, Alexander Acosta, permitió al financiero declararse culpable únicamente de un delito estatal menor y evitar cargos federales. Años después, Acosta sería secretario de Trabajo durante el primer mandato de Donald Trump.
La gestión de la desclasificación ha generado críticas. Legisladores y asociaciones de víctimas denuncian que muchos documentos siguen estando parcial o totalmente censurados, pese a que la ley solo permite ocultar la identidad de las víctimas y datos vinculados a investigaciones en curso. También se han detectado inconsistencias: nombres visibles en una copia aparecen tachados en otra. Para los supervivientes, esta opacidad perpetúa la sensación de impunidad de quienes protegieron o facilitaron a Epstein.
En cuanto a Donald Trump, los archivos contienen numerosas referencias indirectas, comentarios políticos, enlaces a noticias o menciones sociales, propias de alguien que fue una figura pública constante durante décadas. Tanto Trump como las víctimas que han hablado públicamente han afirmado que el expresidente no tuvo conocimiento de los abusos, y no existen acusaciones formales en su contra.
El caso Epstein sigue siendo, más allá del escándalo, una radiografía incómoda de las relaciones en el poder. Los nuevos documentos no ofrecen respuestas definitivas sobre la responsabilidad penal de las figuras mencionadas, pero sí refuerzan una pregunta de fondo: cómo un delincuente sexual condenado logró durante tanto tiempo moverse con libertad entre las élites sin que las instituciones actuarán con contundencia. La respuesta, fragmentada en miles de páginas, sigue incompleta.
