Opinión

Empezar a beber

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A veces pienso que es increíble que cada día me siga sorprendiendo el amanecer o la luz en la puesta de sol.  Que me asombre al volver a ver de nuevo ese cielo rojizo que muchas tardes tiene Madrid a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde, a pesar de que es algo que se repite muy a menudo, muchos días, y he visto infinidad de veces.

Me sigo sorprendiendo y me sigo asombrando y maravillando con esto que acontece cada día, y, sin embargo, me doy cuenta de que hace tiempo que me sucede lo contrario con todo lo que ocurre en el mundo, que ya no me sorprende casi nada, y más concretamente, nada de lo que ocurre relacionado con la política.  Ya casi nada me sorprende.  Es triste pensar esto, que parece que uno ha llegado a su límite de asombro cuando escucha noticias, que da igual ya lo que pueda suceder, porque nada va a volver a sorprenderle o asombrarle.

El mundo está lleno de conflictos, aunque no los conozcamos todos y veamos siempre a los mismos personajes de la esfera política mundial hablando casi siempre de esos temas que a veces parece que sólo le interesan a ellos, tan alejados parecen estar de nuestras vidas.  El mundo está lleno de conflictos y de situaciones que muchas veces desconocemos y que son un espanto para miles y miles de personas, y también pienso que, si nos las contaran, si nos inundaran con imágenes lacrimógenas y descorazonadoras, puede que tampoco nos sorprenderíamos.  Es triste, pero es así.  Se nos ha acostumbrado la mirada y el corazón.

Decía Humphrey Bogart que el mundo entero lleva dos o tres copas de retraso y que muchas cosas se arreglarían si todos bebiéramos esas copas.  Y recordé esta frase hace unos días, cuando leí que Kaja Kallas, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, ha reconocido recientemente a miembros del Parlamento Europeo que, dada la situación mundial, ahora podría ser un “buen momento para empezar a beber”.  Al leerlo, me quedé sin palabras y por primera vez en mucho tiempo me asombré.  Sí, me asombré.  Y me acordé de Bogart.

Se supone que la política en general y nuestros políticos en particular están para gestionar todas estas cosas comunes que nos atañen.  Todos sabemos, o casi todos, que la palabra política proviene del griego polis, que significa ciudad, y que la política es la gestión de todo eso que concierne a la ciudad (población, país, lo público y común, vamos) y a nosotros en particular.

Estamos rodeados de conflictos que a menudo ya no sabemos si son reales o han sido construidos para después ser resueltos y hacernos creer que determinadas personas son necesarias en su resolución.  Porque no olvidemos la cantidad de personas que viven precisamente de eso, de intentar resolver conflictos que parecen no resolverse nunca.

Y tal vez el mundo siempre fue así de cínico, quizá siempre todos fuimos unos cínicos, quién sabe.  Cómo saberlo. Quizá Bogart era un cínico y Kaja Kallas también. Pero la diferencia entre ambos es más que evidente. Ella es la vicepresidenta de la Comisión Europea y jefa de la diplomacia de la UE y se supone que gestiona intereses públicos, y entre ellos, los tuyos y los míos.  Bogart era un actor que gestionaba su propia vida, supongo.

Kaja Kallas dice que tal vez es un buen momento para empezar a beber, tomar unas copas y relajarse tal y como está el mundo.  Yo pienso que es un buen momento, que sería un momento más que bueno, para que los políticos dejaran de ser cínicos, o al menos, dejaran de mostrarlo con tanto desahogo. Al menos los actores, o los que a mí me gustan, me producen felicidad cuando los veo interpretar sus personajes en las películas.  Ojalá algún día pudiera decir lo mismo de los políticos al verlos desempeñar su trabajo.

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