Española en... Francia

Ana, profesora española en Francia: “Gano 1.500 euros y pago 1.100 de alquiler”

Ana, natural de Jaén, es profesora en la frontera franco-suiza. La española explica a Artículo14 su experiencia en las aulas francesas

Española en Francia
La española Ana, natural de Jaén, atiende a Artículo14 desde su residencia en Francia
Cortesía Ana

Trabajar fuera de España se ha convertido en una opción cada vez más habitual entre los docentes interinos que buscan estabilidad o nuevas oportunidades. Es el caso de Ana, una maestra jiennense de 37 años que ha desarrollado buena parte de su carrera profesional entre distintos destinos europeos.

Ana no es funcionaria, sino interina. Eso significa que cada curso depende de las llamadas del Ministerio de Educación o de las delegaciones provinciales para conseguir plaza. Empezó en un colegio concertado en Andalucía y en 2017 tuvo su primera experiencia en el extranjero, en un colegio español de Lisboa. “Yo ya conocía la ciudad porque había vivido allí antes con una beca Erasmus y luego trabajé de recepcionista en un hotel”, recuerda. Aquel primer destino duró seis meses y fue el inicio de una trayectoria de movilidad.

Después de su paso por Portugal, volvió a trabajar en Andalucía hasta que, en 2022, obtuvo una vacante en un colegio español de París. Allí impartió Educación Física y Lengua Española. La experiencia fue positiva, pero también le dejó una sensación de injusticia. Según explica, mientras los funcionarios desplazados cobran un suplemento por trabajar fuera, los interinos como ella perciben un salario muy inferior. “Nosotras cobrábamos 1.500 euros al mes y nuestros compañeros funcionarios más de 7.000 por el mismo trabajo”, señala. Una diferencia que califica de “brutal” y que, pese a las reclamaciones de muchos interinos, sigue sin resolverse.

“Apenas llego a fin de mes”

Este curso, Ana ha vuelto a aceptar un destino en el exterior, esta vez en una localidad francesa situada a pocos kilómetros de Ginebra. La decisión no fue fácil: “Acepté porque no tenía vacante en Andalucía, pero no sabía hasta qué punto sería viable económicamente”, admite. El coste de la vida en esa zona es muy elevado y su salario apenas le alcanza para cubrir el alquiler. “Gano 1.500 euros netos y pago 1.100 de alquiler”, comenta. “Estoy tirando de ahorros”.

La comparación con los salarios suizos resulta frustrante. “Allí el salario mínimo son 4.000 francos suizos. Aquí, con lo que cobro, apenas llego a fin de mes”, dice. Pese a todo, Ana insiste en que prefiere trabajar y seguir acumulando experiencia antes que quedarse en casa.
Intentó reclamar al Ministerio de Educación la situación de desigualdad salarial, pero la respuesta fue negativa. “Me dijeron que, si no estaba de acuerdo, podían revocar mi nombramiento”, explica.

@ana__lirio

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“Los niños ya no tienen límites”

Ana da clases en un instituto francés, y este curso se enfrenta por primera vez a alumnado de Educación Secundaria. Acostumbrada a trabajar con niños de primaria, reconoce que la experiencia está siendo complicada. “A veces hablas y no te escuchan, se dan la vuelta, se quitan las zapatillas en clase”, cuenta. En una ocasión, una alumna la miró con tanta hostilidad que llegó a sentir miedo. “Pensé que lo siguiente iba a ser un bofetón”, confiesa.

En el sistema francés, explica, los profesores no pueden expulsar a los alumnos del aula, lo que agrava la falta de disciplina. Sus compañeros le dicen que es cuestión de tiempo y que al final los estudiantes se acostumbran, pero la sensación general es de agotamiento. “No me esperaba que fuera tan duro”, admite.

Ana cree que la raíz del problema es más amplia y afecta a toda Europa. “Los niños ya no tienen límites. Hemos pasado de educar con autoridad a no decirles nunca que no”, reflexiona. Considera que la educación actual ha confundido la libertad con la falta de normas y que los alumnos “necesitan orientación y esfuerzo, aunque no siempre estén motivados”. En su opinión, el nivel educativo está bajando: “Cada vez se les exige menos. Llegan a bachillerato con faltas de ortografía y sin comprender lo que leen”.

“Siempre pienso en volver a España”

Fuera del aula, Ana intenta adaptarse a su vida en Francia, aunque reconoce que no es sencillo. “Es una zona muy cara”, comenta. Aunque en general ella no percibe mucha inseguridad, recuerda una noche en la que tuvo que salir a las cuatro de la mañana para coger un autobús al aeropuerto: “No había farolas y un chico con capucha empezó a hacer gestos en medio de la calle. Lo pasé fatal. Desde entonces no salgo sola de noche”.

Pese a llevar varios meses en el país, su integración con la sociedad local es limitada. La mayoría de sus compañeros son españoles y apenas ha tenido contacto con franceses. “Con las pocas personas con las que he tratado, la relación ha sido buena. No he notado ese tópico de que los franceses sean distantes”, señala. Sí percibe, no obstante, una diferencia de trato en el aula según el género: “Cuando entra un profesor hombre, los alumnos parecen mostrar más respeto. Es injusto, pero es así”.

A medio plazo, Ana no se ve viviendo fuera. “Siempre pienso en volver a España. Solo necesito una vacante estable allí”, afirma. Mientras tanto, mantienen su vocación educativa y la esperanza de regresar a las aulas de nuestro país.

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