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Mariam, española en Japón: “Si no hablas japonés, tus oportunidades se reducen muchísimo”

Mariam explica a Artículo14 cómo dejó la abogacía en España para rehacer su vida como profesora de esquí en Japón

Mariam lleva aproximadamente dos años viviendo fuera de España. Estudió Derecho y trabajó como abogada durante dos años y medio en un despacho español. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que ese camino no era para ella. “Cuando estaba en el despacho me di cuenta de que no me gustaba nada y que yo no estaba hecha para eso, porque al final ese tipo de vida no es para mí”, explica a Artículo14. A partir de ahí empezó a plantearse qué quería hacer realmente. De ahí surgió la idea de viajar sola a Bali.

Ese primer viaje fue decisivo. Se fue un mes durante sus vacaciones de verano y descubrió no solo un continente nuevo, sino una forma distinta de vivir. “Me di cuenta de que era súper divertido, que me encantaba viajar sola, nunca había estado en Asia”, recuerda. Aquel mes le supo a poco. Cada vez que tenía vacaciones, volvía a viajar, primero a Vietnam y luego a otros países. “Tener solamente un mes para hacerlo me sabía a poco”, admite.

Finalmente, tras ahorrar lo suficiente, dejó su trabajo como abogada. “Realmente es que no me quería dedicar en absoluto al derecho, ni me veía en un trabajo corporativo”, afirma. Desde entonces comenzó a viajar por Asia como mochilera, sin un plan fijo. Durante un tiempo simplemente viajó, hasta que el dinero empezó a escasear. “Me empecé a quedar sin dinero y dije: vale, ya tengo que dejar de viajar por viajar”, cuenta. Además, ese estilo de vida empezó a dejar de llenarla.

Fue entonces cuando comenzó a hacer voluntariados, que ella misma define como “trabajas gratis y te dan estancia gratis”. Hizo uno en un hotel en Malasia y otro en Filipinas, donde pasó tres meses colaborando en la construcción de un colegio. Después de esa experiencia, tenía claro su siguiente destino: Japón. “Me apetecía muchísimo irme a Japón, pero no tenía mucho dinero”, reconoce.

“Nunca sabes si vas a llegar a fin de mes o no”

Su llegada a Japón no fue sencilla. Consiguió un voluntariado en Tokio durante un mes y, mientras tanto, buscaba trabajo. Su objetivo era trabajar en una estación de esquí y la oportunidad llegó casi al final de su voluntariado, cuando un hotel la contactó y le ofreció un contrato. “Me fui a una estación de esquí, trabajé todo el invierno y luego el dueño me dijo que me sacara el curso de monitora”, relata. Lo hizo y, tras pasar unos meses en España, volvió a Japón con una visa Working Holiday por un año. Actualmente, a sus 28 años, trabaja como profesora de esquí durante toda la temporada de invierno.

En cuanto al idioma, reconoce que sigue siendo una barrera. “Soy principiante, llevo desde enero estudiándolo”, dice, aunque admite que ahora estudia menos por falta de tiempo. Aun así, considera que es posible encontrar trabajo solo con inglés, aunque con muchas limitaciones. “Si no hablas japonés, tus oportunidades se reducen muchísimo”, explica. La mayoría de trabajos disponibles para extranjeros sin idioma suelen ser clases de idiomas, trabajos en cocinas o tareas que no implican trato directo con el público.

Respecto al coste de vida, Mariam asegura que Japón no es tan caro como mucha gente piensa. “Es más barato de lo que la gente cree, sobre todo porque ahora el yen está bastante bajo, indica. Comparado con el sudeste asiático es más caro, pero frente a Europa lo considera bastante asequible. “Puedes comer decentemente por siete euros”, dice. Eso sí, advierte que los salarios son bajos y recomienda venir con ahorros: “Nunca sabes si vas a llegar a fin de mes o no”.

En Tokio vivió en una casa compartida con otros extranjeros gracias a un contacto previo. Según explica, encontrar alojamiento no es imposible si se investiga bien. Además, muchos trabajos fuera de las grandes ciudades ofrecen alojamiento incluido, como es su caso actual en la escuela de esquí. “Las condiciones son súper buenas en ese sentido”, asegura.

Uno de los aspectos que más le ha costado es la forma de comunicarse de los japoneses. “No son muy transparentes a la hora de comunicarse”, dice. Los describe como educados y simpáticos, pero difíciles de leer emocionalmente. Para una española acostumbrada a una comunicación más expresiva, esto ha supuesto un reto. Aun así, considera que es cuestión de entender la cultura y adaptarse.

Entre los choques culturales que destaca están las normas no escritas del espacio público. Le sorprendió mucho “lo organizados que están los peatones al andar por la calle” y cómo, en muchas calles y estaciones, todo el mundo camina siempre por un lado concreto. “Eso hace que, aunque haya muchísima gente, casi no haya caos”, asevera. También menciona el silencio en el transporte público, el respeto estricto a los semáforos y la ausencia casi total de contacto físico.

En cuanto al trabajo, matiza la fama de Japón como un país con condiciones laborales extremas. “En España también te puedes encontrar muy malas condiciones laborales”, afirma, comparándolo con sectores como la abogacía o la consultoría. Sin embargo, sí señala una jerarquía mucho más marcada y una cultura del trabajo muy exigente, donde incluso coger vacaciones puede estar mal visto.

“Es incómodo, pero no peligroso”

Pese a los choques culturales típicos de migrar, Mariam reconoce estar muy feliz en el país. Además, como mujer extranjera, Mariam se siente en general muy segura. “Es un país súper seguro”, afirma con rotundidad. Poder caminar sola de madrugada sin miedo ha sido, para ella, un gran alivio. No obstante, también reconoce la existencia de actitudes machistas, “como en cualquier otra sociedad”.

El incómodo momento ‘Nanpa’

Aunque en general considera a los japoneses como personas muy respetuosas, cuenta experiencias incómodas con el llamado ‘Nanpa’, hombres que se acercan insistentemente a mujeres por la calle. Mariam aclara que esta práctica se dirige sobre todo a mujeres japonesas, ya que “con las extranjeras les da más vergüenza por el idioma”. Aun así, reconoce que tanto a ella como a algunas amigas extranjeras les ha ocurrido. “Se te acercan y empiezan: ‘¿quieres quedar conmigo?, ¿quieres no sé qué?, ¿nos vamos a tomar algo?’, y persiguen, y persiguen, y persiguen”, relata. “Es incómodo, pero no peligroso”, resume.

Aunque lo que más le sorprendió es la falta de reacción del entorno: “En Japón, la gente hace como que no ha visto nada, no se meten a decir nada”.

Relacionado con esto, menciona también su experiencia al salir de noche y cómo le costó entender el ambiente en discotecas y zonas de fiesta. Al principio tenía la sensación de que “el ambiente es horrible” y de que la gente no salía a divertirse, sino que había una energía incómoda. Más tarde, amigos japoneses le explicaron que, culturalmente, salir de fiesta suele interpretarse como una intención clara de ligar o mantener relaciones sexuales. “Si tú sales, la imagen que das es que tú quieres eso”, dice. Por eso, quienes salen suelen hacerlo con ese objetivo, lo que puede resultar chocante para alguien que viene de una cultura distinta.

A pesar de todo, Mariam insiste en contextualizar estas experiencias y no generalizar. “Siempre te vas a encontrar situaciones como mujer viajando”, afirma. En su caso, concluye que Japón sigue siendo uno de los países donde más segura se ha sentido.

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