Un nuevo estudio descubre un hallazgo insólito y cambia la historia de la Gran Pirámide

Un estudio preliminar propone que la Gran Pirámide podría ser mucho más antigua de lo aceptado y poniendo en jaque su historia

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Durante más de un siglo, la cronología de la Gran Pirámide de Guiza parecía un asunto cerrado. La egiptología situaba su construcción en torno al año 2560 a. C., durante el reinado del faraón Keops, convirtiendo al monumento en el emblema definitivo del Imperio Antiguo. Sin embargo, un nuevo estudio preliminar plantea un escenario radicalmente distinto que amenaza con reescribir su historia.

La investigación sugiere que la Gran Pirámide podría ser muchísimo más antigua de lo que se pensaba, hasta el punto de situar su origen en plena Edad de Piedra. Una hipótesis que, de confirmarse, obligaría a replantear no solo la cronología egipcia, sino también las capacidades técnicas de las civilizaciones prehistóricas.

Un método alternativo para datar la Gran Pirámide

El autor de la propuesta no es un arqueólogo tradicional, sino el ingeniero italiano Alberto Donini, que ha desarrollado un sistema de datación basado en patrones de erosión. Su técnica, denominada Relative Erosion Method (REM), parte de una premisa sencilla: cuanto más tiempo ha estado una piedra expuesta a los agentes naturales, mayor es su grado de erosión.

Aplicando este método a la Gran Pirámide, Donini analizó doce puntos distintos en la base del monumento. Comparó superficies expuestas desde su construcción original con otras que permanecieron protegidas durante siglos por los bloques de revestimiento de piedra caliza, retirados hace aproximadamente 675 años.

El papel del revestimiento perdido

Los bloques de revestimiento de la Gran Pirámide fueron desmontados tras el gran terremoto de 1303 y reutilizados en construcciones de El Cairo por los mamelucos. Este hecho histórico dejó al descubierto zonas del monumento que habían permanecido intactas desde su edificación.

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Una imagen de la Gran Pirámide de Giza (Egipto).

Según Donini, medir la diferencia de erosión entre las superficies recién expuestas y las antiguas permite establecer una proporción temporal. “El volumen del material desintegrado debería ser proporcional al tiempo de exposición”, explica el autor, que utiliza esa relación para estimar la antigüedad de la Gran Pirámide.

Fechas que desafían la cronología oficial

Los resultados obtenidos son tan llamativos como polémicos. En algunos puntos, la erosión sugiere exposiciones de poco más de 5.000 años. En otros casos, las cifras se disparan hasta 17.000, 22.000, 30.000 e incluso 54.000 años. Donini insiste en que no se trata de fechas exactas, sino de órdenes de magnitud.

Al calcular la media de los doce puntos analizados, el estudio sitúa la Gran Pirámide en torno al 22.941 a. C. Además, mediante una distribución estadística, establece un intervalo con alta probabilidad entre el 8.954 a. C. y el 36.878 a. C., una horquilla que rompe por completo con la datación tradicional.

Límites, incertidumbres y factores externos

El propio autor reconoce las limitaciones del método aplicado a la Gran Pirámide. Las tasas de erosión pueden verse alteradas por numerosos factores, como un clima más húmedo en el pasado, la acción humana o periodos prolongados en los que algunas zonas estuvieron cubiertas por arena, como ocurrió con la Esfinge.

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La Gran Esfinge de Giza en Egipto.
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También influyen variables como la orientación de las superficies, la composición exacta de la piedra o la actividad de microorganismos. Donini subraya que el REM no busca una fecha definitiva, sino ofrecer un intervalo temporal plausible sujeto a márgenes de error.

¿Y si Keops no fue el constructor?

Una de las conclusiones más disruptivas del estudio es la posibilidad de que Keops no construyera la Gran Pirámide, sino que la heredara, restaurara o reutilizara. Esta idea, habitual en teorías alternativas, adquiere aquí un respaldo técnico que obliga a la egiptología a tomarla en consideración, al menos como hipótesis de trabajo.

El estudio no pretende sustituir a los métodos tradicionales basados en textos, inscripciones o dataciones orgánicas, sino complementarlos. Aun siendo preliminar y no revisado por pares, su impacto es evidente: incluso el monumento más estudiado del mundo puede seguir guardando secretos sobre su verdadero origen.

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