El colapso vivido en los últimos días en la red de alta velocidad ha vuelto a sacudir el equilibrio del transporte entre las dos mayores ciudades del país. Retrasos de hasta cinco horas, trenes detenidos y miles de pasajeros afectados han reabierto un debate que parecía cerrado: el del puente aéreo Madrid-Barcelona como alternativa real y fiable frente al tren.
Durante la última década, el puente aéreo Madrid-Barcelona había ido perdiendo peso de forma constante en favor del AVE, impulsado por precios más competitivos y una experiencia de viaje percibida como más cómoda. Sin embargo, el actual caos ferroviario ha devuelto la mirada al avión, especialmente entre viajeros de negocios y usuarios con agendas ajustadas.
Vuelos más llenos, pero sin cambios inmediatos
Fuentes del sector confirman que los vuelos del puente aéreo Madrid-Barcelona, que ya operan habitualmente con altos niveles de ocupación, están registrando en estos días una demanda ligeramente superior a la habitual. Aun así, las aerolíneas advierten de que todavía es pronto para hablar de un cambio estructural en las tendencias de movilidad.
Iberia sigue siendo el principal operador del puente aéreo Madrid-Barcelona, con 14 vuelos diarios por sentido y cerca de 1,25 millones de pasajeros transportados el año pasado. Desde la compañía explican que, por el momento, no se contempla un aumento de frecuencias. Air Europa también mantiene la ruta, aunque con una oferta mucho más reducida, centrada en alimentar los vuelos de largo radio desde Madrid.
Por qué no es tan fácil aumentar frecuencias
La reactivación del puente aéreo Madrid-Barcelona no depende solo de la demanda puntual. Incrementar vuelos de un día para otro resulta extremadamente complejo. Las aerolíneas operan con flotas y tripulaciones muy ajustadas, y cualquier modificación implica recortar capacidad en otras rutas.

En la práctica, reforzar el puente aéreo Madrid-Barcelona supondría “desvestir un santo para vestir a otro”, como reconocen fuentes del sector. La planificación de aviones, slots y personal se realiza con meses de antelación, lo que limita la capacidad de reacción ante crisis imprevistas como la actual del ferrocarril.
El avión vuelve a ganar valor estratégico
Más allá de los datos inmediatos, la situación está provocando un efecto relevante en la industria: se está “poniendo en valor” el transporte aéreo doméstico. El colapso del AVE ha recordado la importancia de contar con una red de movilidad diversificada, donde el puente aéreo Madrid-Barcelona actúe como respaldo cuando el sistema ferroviario falla.
Este cambio de percepción llega después de años en los que el avión ha estado bajo presión. La liberalización de la alta velocidad, junto a una fuerte carga medioambiental y política, había arrinconado progresivamente al puente aéreo Madrid-Barcelona y a otras rutas nacionales.
El debate político y las restricciones al vuelo
El retroceso del puente aéreo Madrid-Barcelona no solo responde a razones económicas. La negociación para investir presidente del Gobierno a Pedro Sánchez incluyó un compromiso para reducir los vuelos domésticos en aquellas rutas con alternativa ferroviaria inferior a dos horas y media.

Aunque la medida no llegó a desarrollarse, el mensaje fue claro. Además del puente aéreo Madrid-Barcelona, otras conexiones como Madrid-Valencia, Madrid-Sevilla o Madrid-Málaga quedaron en el punto de mira, salvo en los casos de vuelos de conexión con grandes hubs internacionales.
Un mercado que ya había girado hacia el tren
Como consecuencia de esta tendencia, el avión llegó a quedarse con apenas el 20 % de cuota en el corredor Barcelona-Madrid. Aerolíneas como Vueling cancelaron la ruta tras más de dos décadas de operación, mientras Iberia reformuló su oferta del puente aéreo Madrid-Barcelona con nuevas tarifas más flexibles y competitivas.
Ahora, el desenlace de la crisis ferroviaria será clave. Si los problemas persisten, el puente aéreo Madrid-Barcelonapodría recuperar parte del terreno perdido. Si se trata solo de un episodio puntual, el avión volverá a ocupar un papel secundario. Por el momento, todas las miradas están puestas en cómo evolucionará la fiabilidad del tren… y en la capacidad del avión para responder cuando el sistema falla.
