La publicista de moda Eleanor Lambert fundó la Met Gala en 1948 con la intención de recaudar fondos para el recientemente creado Instituto del Traje del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Uno de sus objetivos era defender la moda como forma de arte.
En 1974 empezaron las galas temáticas bajo la influencia de Diana Vreeland, destacada columnista y editora en el campo de la moda. Gracias a ella se estableció un intenso vínculo conceptual entre la Met Gala y una exposición/desfile de moda, siendo Balenciaga la primera marca de referencia para un evento pionero.
Anna Wintour fue nombrada presidenta de la Gala en el año 1995 y esto fue un punto de inflexión en la celebración de la misma. Estableció un cambio en la lista de invitados, asegurándose que a la Gala solo podrían acceder figuras influyentes de la moda, el cine, la música y el deporte. Su enorme personalidad y capacidad de trabajo hizo que en la actualidad sea un acontecimiento mediático a nivel internacional donde todos los detalles están perfectamente organizados y planificados.
Cuando hablamos de moda es imprescindible hacer referencia a las cuatro grandes semanas de desfiles y eventos que tienen lugar en Nueva York, Londres, Milán y París. Es durante estas semanas y en sus desfiles donde se conjugan todos los factores para las creaciones futuras dentro de la industria de la moda mundial. Pero en nuestros días no solo hablamos de moda en aquellos eventos basados en la misma. Cualquier acontecimiento es la base para que se hable más del vestuario de los asistentes que del acto en si mismo.
Un ejemplo de ello lo tenemos en la entrega de los Premios Oscar. Quienes eran los nominados o quien ha ganado o perdido la estatuilla son temas que pasan a un segundo término en cuanto se analiza el recorrido de los asistentes por la alfombra roja. Es cuestión de minutos poder obtener cientos de listas en las que se analizan y valoran a los mejores y peores vestidos.
Decir, que la atención mediática a la vestimenta en los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (los Oscar), empezó en el año 1953, cuando la ceremonia se transmitió por primera vez en televisión. La alfombra roja se convirtió en un “fenómeno global” cuando su retransmisión llegó a más de 200 de países en el año 1969.
Justo un año antes, en 1968, la Academia invitó a la diseñadora Edith Head como consultora oficial de moda. Fue ella quien “instó” a las actrices a usar vestidos de noche formales, largos o hasta el suelo, con lo que pretendía generar un ambiente de glamour que hoy sigue estando vigente en la entrega de los premios Oscar.
Edith Head ha sido la diseñadora más premiada en la historia de los Oscar en la categoría de Mejor diseño de vestuario (35 nominaciones y 8 estatuillas) y vistió a iconos de cine como a Bette Davis, Grace Kelly, Julie Andrews, entre otras.
En la pasada entrega de los Premios Oscar tuvo lugar un sketch en el que el presentador del evento criticaba la vestimenta de Adam Sandler, el cual vestía un short deportivo y una sudadera. Lo que podría parecer algo gracioso y anecdótico es justo lo que está pasando en la actualidad.
Es una lástima que hablando en nombre de la “rebeldía” o de la “modernidad” estemos perdiendo de manera rápida y estrepitosa el “saber estar” en determinados actos.
El pasado sábado se llevó a cabo la ceremonia de entrega de los Premios Feroz, la cual está considerada la antesala de los premios Goya. Como no podía ser de otra manera, el foco de atención estuvo en el desfile de invitados (que no todos eran actores o actrices) con sus correspondientes estilismos. Quedó demostrado que ya no existen reglas ni códigos de vestimenta.
Me alegra ver que la indumentaria masculina empieza a romper el típico molde de esmoquin y americana pero de la misma manera me entristece ver como dos presentadoras de un evento cinematográfico se visten de monjas para entregar un premio.
Es una lástima que se confunda la evolución y la modernización en todas las facetas del arte con las faltas de respeto. No todo vale.
