El aumento histórico de mujeres en el Parlamento de Japón ha puesto sobre la mesa un problema tan cotidiano como revelador: la falta de baños femeninos en la Dieta Nacional. La primera ministra, Sanae Takaichi, se ha sumado a una petición respaldada por unas 60 legisladoras que reclaman más aseos para mujeres en el edificio parlamentario, una infraestructura diseñada en otra época que no ha sido adaptada a los nuevos tiempos. Tanto han cambiado las cosas, que cuando se construyó en 1936, las mujeres ni siquiera tenían derecho al voto, algo que lograron en 1945. Pasados más de 80 años, la realidad es muy distinta.
Las elecciones de octubre de 2024 marcaron un récord histórico en representación femenina en la Dieta Nacional. Un total de 73 mujeres obtuvieron escaño en la Cámara Baja, que cuenta con 465 asientos. La cifra supone un incremento de 6 puntos con respecto a la legislatura anterior (ellas suman un 15,7 por ciento de la Cámara) y supera el anterior máximo de 54 diputadas alcanzado en 2009.
El Senado también registró la representación femenina más alta de la historia tras las elecciones de julio de 2025, con 42 legisladoras elegidas (más de un tercio de los 125 escaños). Tanto en la fila del baño como en representación parlamentaria, el avance es lento pero constante en un país donde las mujeres han sido históricamente limitadas a la hora de ocupar puestos de responsabilidad.

Cerca del hemiciclo sólo existe un aseo femenino con dos cabinas, una situación que provoca largas colas antes del inicio de las sesiones plenarias. “Hay momentos en los que simplemente renunciamos a ir al baño”, relató la diputada opositora Yasko Komiyama, del Partido Democrático Constitucional. Ella ha sido la voz cantante de esta iniciativa presentada por 12 legisladoras a mediados de diciembre ante el presidente de la Cámara Baja, Koichi Hamada. “Discutiremos positivamente, señaló durante la reunión.
En esos dos aseos se produce un cuello de botella que indica la desproporción real. Básicamente, hay 73 diputadas para dos retretes (36,5 por cada habitáculo), sin contar con personal y visitantes, una circunstancia que agrava el problema de acceso, ya que cada vez hay un número mayor de periodistas mujeres.
En todo el edificio del Parlamento hay un total de nueve baños y 22 cabinas para mujeres, mientras que los hombres disponen de 12 baños con 67 urinarios y retretes repartidos por el complejo, según medios locales.

Komiyama ha enmarcado la petición en un debate más amplio sobre igualdad. Afirma que ha querido “alzar la voz” pensando en el día en que “las mujeres ocupen más del 30 por ciento de los escaños”. Japón se fijó ese objetivo para 2020, pero el plazo fue pospuesto discretamente diez años al no cumplirse.
El debate coincide con las promesas de Takaichi, primera mujer en liderar el país, de acercar la representación femenina a los niveles de los países nórdicos, aunque su gabinete de 19 miembros sólo incluya a dos mujeres. “Si la Administración se toma en serio la promoción del empoderamiento de las mujeres, creo que podemos contar con su comprensión y cooperación”, afirmó Komiyama. La primera ministra se ha acabado uniendo a la propuesta.
El problema trasciende al Parlamento. Las colas frente a los baños de mujeres son habituales en estaciones de trenes y autobuses, en centros comerciales y espacios públicos de todo Japón. El propio ex primer ministro, Shigeru Ishiba, reconoció la necesidad de mejorar estas instalaciones para construir una sociedad donde “las mujeres puedan vivir con tranquilidad”. Un detalle aparentemente menor pero que no lo es, ya que refleja hasta qué punto la igualdad también se mide en la facilidad o dificultad para cumplir una necesidad tan básica como acceder a los aseos.


