Se cumple un mes del accidente ferroviario de Adamuz. Carlos Castillo, uno de los interventores que viajaba en el tren Iryo y que se hizo viral por un vídeo en el que informaba a los pasajeros y pedía calma relata a Artículo14 cómo vivió aquellos minutos y las semanas posteriores al trágico siniestro.
Llegó a España en 2019, un 21 de mayo que aún recuerda con precisión. Vino “cargado de muchas ilusiones y miedos”, como tantos que dejan su casa atrás, y tuvo la suerte -dice- de aterrizar primero en Aranjuez, donde encontró una acogida que le marcó: gente “bonita” y amable que le abrió sus casas, sus familias y sus tradiciones, y lo empapó de cultura y de comidas. Antes de los trenes, su plan era la aviación: en Venezuela se sacó la licencia de azafato, pero la situación del país lo empujó a emigrar y, ya en España, la homologación no fue sencilla. Cuando por fin iba a organizarse para completar el proceso, llegó la pandemia y le truncó los planes, con el golpe añadido de haber aterrizado en su nueva vida justo cuando el mundo se cerraba. Ahora lo cuenta con una sonrisa a medias: fue “muy traumático”. Aun así, el sueño de volar vuelve a asomar: una escuela aeronáutica conoció su historia tras el accidente y le ha concedido una beca del 100% para sacar la licencia.
-¿Habías notado algo raro en otras ocasiones por ese trayecto?
-Sí. A ver, de notar algo, se nota en toda la red de alta velocidad de España, o por lo menos en las que yo he circulado, como pasajero o como empleado ferroviario. Decir lo contrario sería mentirle al pueblo de España, y sería una burla para las víctimas y los supervivientes de este accidente.

Había movimientos que siempre se notaban. Un golpe contra la pared o un movimiento fuerte por aquí… Pero producto del desconocimiento y ante lo evidente, dábamos nosotros mismos unas respuestas extremadamente irreales.
-¿A quién le respondíais eso? ¿A los otros pasajeros, os lo decíais entre vosotros?
-Sí, normalmente entre nosotros. Aunque había pasajeros que sí decían: “Oye, que se está moviendo mucho”. Allí sí que éramos un poco más reservados para dar la respuesta, porque está feo mentir a un cliente. La gente no es tonta; la gente pregunta: “Oye, pero es que antes no pasaba tanto y ahora sí mucho”.
-¿Nunca os llegasteis a plantear que podría ocurrir un accidente?
-Jamás, jamás, jamás. Siempre confiamos en la premisa de que la alta velocidad es el medio de transporte más seguro que hay en el mundo, seguido de la aviación; y, teniendo España la reputación que tiene y ser pionero en muchas cosas que tiene el sistema español de alta velocidad, o tenía… era algo impensable para nosotros.
-¿Cómo recuerdas esos primeros minutos tras el impacto? ¿Te diste cuenta de inmediato de lo que estaba ocurriendo?
-Los primeros días esta era una pregunta muy dolorosa; muy dolorosa, porque a mí se venían recuerdos no de los primeros segundos, sino ya al final de la evacuación del tren, que ya era cuando yo estaba consciente de lo que había sucedido. Pero ahora, con la mente fría, ya puedo hablar del tema; y, de hecho, me ayuda a sobrellevarlo mejor.

Sobre los primeros segundos… De nuevo vuelvo con la misma frase: la ignorancia es extremadamente atrevida, y últimamente lo veo mucho en el país. Escuché un ruido normal, un tumbo de los que se escuchaban, e intento hacer una broma porque veo la cara de impresión de unos pasajeros a mi alrededor, pero no pude ni terminar la frase cuando el tren ya había iniciado un fuerte frenado de emergencia. Allí lo primero que hace la jefa del tren es distribuir las acciones a ejecutar. Yo me quedo asegurando unas cosas en el coche uno y ella se va inmediatamente. Yo, en lo que termino de recoger, escucho por megafonía —que aún funcionaba bien en los primeros coches—: “Por favor, necesitamos un médico a bordo o personal sanitario”. Aparecieron un par de ellos y les digo: “Síganme, por favor”. Me voy caminando: coche uno normal —bueno, normal en cuanto a daño físico me refiero—, coche dos igual, coche tres igual. Iba diciendo a los pasajeros : “Tranquilos, no se preocupen, no pasa nada. El tren está detenido. Tranquilos. Sigan en su actividad”.
Yo no sabía lo que está pasando. Solo sigo avanzando el tren y entiendo que hay una emergencia médica a bordo, y mi misión es llegar lo más rápido que pueda a lo que sea que esté pasando.

En el coche cinco ya veo las luces de emergencia encendidas, y ahí empiezo a preocuparme. Pero en mi mente pasaba de todo menos eso. Cuando ya estoy terminando de pasar al coche seis es que ya veo el panorama: el tren no estaba en una posición normal. Y ya entendí que era un descarrilamiento. Los médicos empezaron a atender a los heridos que estaban allí golpeados. Veo ventanas, veo desastre… veo lo que toda España vio en las imágenes de estos días del accidente. Era un panorama bastante crudo, fuerte de digerir. Vi personas con miedo, heridas, temerosas; las que te miran pensando “¿qué hacemos?”, “ayúdame”. Comenzamos los protocolos de emergencias, y a preparar una posible evacuación, que sabía que posiblemente iba a tardar. Llegamos, nos ponemos los chalecos. Los compañeros se van inmediatamente a la parte trasera del tren a terminar de atender la emergencia, y yo los alcanzo minutos después.

Allí es cuando yo voy calmando coche por coche, porque ya la gente estaba asustada. Voy coche por coche dando la información que está por ahí en todos los vídeos. Les digo lo que está pasando; evito dar mucha información para no alarmar más a las personas. Fui muy cuidadoso con lo que dije, para que la gente se sintiese informada, dar una voz de calma y pedir confianza en lo que estamos haciendo para que la gente no se desespere y saliera del tren.
-¿Recuerdas el momento en el que te comunicaron realmente la gravedad de la situación? ¿Cómo reaccionaste?
-La vi yo directamente. Se me prendió el instinto de proteger y salir todos en una. Ya yo sabía lo que había sucedido. De lo que no estaba seguro era de los números. Tenía miedo y un también sentía mucha empatía, instinto de supervivencia y proteger a los pasajeros, que era lo que a mí más me preocupaba: que la situación que ya tuviéramos se agravara, producto del miedo de la gente. Con miedo no reaccionamos bien en ninguna situación.
-Has sido muy aclamado por tu manejo de la situación. ¿Cómo calificas la actuación de los demás equipos de ayuda?
-Bueno… según a quién le preguntes, te dirá una cosa u otra. He recibido varios ataques por mi forma de hablar —por parte venezolana y española—, incluso ataques por mi origen. Me ha impactado mucho que en esta situación la gente no se corte un poquito en decir ciertas cosas. Aunque yo a ese tipo de palabras no les presto atención.
En mi opinión, por lo menos los que estuvimos en el sitio del accidente, desde el primer segundo se hizo un trabajo admirable. Y meto las manos al fuego por los guardias civiles, por Protección Civil, por los equipos sanitarios… todos los que se personaron en los primeros minutos y en la primera hora de ese accidente, fue admirable. Era una situación en la que todos estábamos a una.
-¿Cómo viviste el llegar a casa? ¿Cómo fue ver las noticias?
-Al llegar al hotel intenté descansar. Bueno, “descansar”: lo que hice fue ducharme, quitarme el uniforme, tratar de asimilar lo que había sucedido. Intento dormir un poco; aunque las pesadillas no me dejan. De repente me llama mi jefe y me dice: “Oye, que te has vuelto famoso”. Digo: “¿Por qué?”. “Estás en todos lados”. Y yo: “¿En dónde?”. No entendía bien lo que estaba sucediendo.
Días después me entero que me habían grabado mientras estaba dando informaciones. Las noticias no las vi por mucho tiempo. A mi casa llegué al día siguiente, y lo primero que hice fue ir a ver a mi sobrina, a mi hermana, a mi cuñado y a mi otro sobrino.

La llegada fue súper dramática. Fue un momento, yo diría que hasta bonito, porque fue un abrazo de estos en los que te fundes con otra persona. Fue muy bonito.
-¿Cómo vivió tu familia esas horas en las que tú estabas en ese tren?
-En un momento, en lo que se desocupó la situación de evacuar a los pasajeros intento llamar a mi familia, la única que me contesta es mi sobrina de 13 años. Y le digo, literal: “Hola, gordita, mi amor, soy tu tío. Estoy bien, no ha pasado nada. Estoy bien, estoy vivo… tuvimos un accidente. Por favor, si te llama tu mamá o le puedes avisar, dile. Yo ahora mismo no puedo hablar porque estoy muy ocupado”. Ella se encargó de avisar.
Yo no le pude avisar a mi madre porque, primero, la llamada no funcionó. La situación en Venezuela, en esos días, estaba muy complicada, pero personal de la empresa contactó a mi madre para darle la seguridad de que yo estaba bien.
-¿Cómo valoras la gestión ante el accidente? ¿Crees que las explicaciones han sido suficientes?
-Siento que atentaron contra mi vida. Quien fuera el responsable del mantenimiento de las vías. Me siento personalmente atacado, vulnerable… atentaron contra mi vida. Tengo el miedo constante de esa negligencia, y eso es lo que más me está dificultando volver al trabajo. ¿Qué hubiese pasado si yo hubiese estado en el coche ocho? ¿Qué hubiese pasado si yo hubiese resultado herido o peor? Esos son mis pensamientos ahora, y me hacen replantearme muchas cosas.

Me siento herido, me siento extremadamente dolido por esta situación, no solo por mí, sino por los heridos, por las personas que hoy no pueden contar su historia; por esas familias rotas, por esas historias desgarradoras que ese domingo 18 generó; por esas noches que tengo yo sin volver a dormir como dormía antes; por esas ganas incluso de querer comer; por ese despertar en la noche sudando, llorando; por esa sensación de vulnerabilidad que aún tengo. Voy trabajando para mejorarla, pero no puedo volver a la normalidad.
No es justo. Después de tantos años luchando por formarme en esta carrera, en esta profesión tan poco apreciada por el público en general y, sobre todo, por la ley ferroviaria que nos atropella de tal manera la seguridad de los pasajeros y los tripulantes de a bordo… me parece tan injusto que yo tenga que llegar a esta situación. Y me parece aún más injusto que hay personas que hoy no puedan contar su historia, o personas que su vida les ha cambiado por completo.
-¿Confías en que cuando tú te vuelvas a subir al tren las cosas hayan mejorado?
-Para que yo pueda iniciar o pensar en confiar en algo tendría que ver primero acciones; tendría que ver inspecciones, saber quién está haciendo esas inspecciones, saber bajo qué condiciones o criterios están inspeccionando a esa persona, si esa persona no tiene conflictos de intereses con la investigación que está haciendo…

Y que el resultado de esas investigaciones se materialice en cambios profundos del país entero. Se sabe que se necesita. Esto no lo digo yo, esto lo sabe todo el mundo. Necesitan hacer ajustes en infraestructura importantes. Así ya podría considerar, en condiciones normales, subirme a un tren. Porque si para algo ha servido esto, es para darme cuenta que aún tengo muchas cosas, muchos sueños y muchas metas que cumplir. No quiero dejarle mi vida en manos de personas que no tienen ningún tipo de respeto por la dignidad humana. Ese es mi mayor miedo ahora. ¿Cómo vuelvo yo a retomar la confianza en mi trabajo? El trabajo que adoro… ¿cómo hago? Estoy en un problema mentalmente muy serio.
