Madrid-Sevilla

La alta velocidad vuelve a cruzar Adamuz: “Hasta que no pasas, no respiras”

Así transcurrió la reanudación del AVE entre Andalucía y Madrid: nervios contenidos, retrasos, algún incidente y homenaje a las víctimas al pasar por el lugar del accidente

Trenes de alta velocidad de Iryo, Renfe y Ouigo
ADIF

Antes de arrancar, Diana se santiguó. Merche se encomendó a la Virgen del Rocío. Lucía apretó los dientes y cerró los ojos. Son tres de los 320 pasajeros que ayer hicieron el primer trayecto Madrid-Sevilla en AVE desde el accidente en Adamuz. Estudian en Madrid y esperaban con ganas el momento de reencontrarse con sus respectivas familias. Subieron al tren con incertidumbre, igual que la mayoría. A su alrededor observaron cierta angustia y silencio, como si sus cabezas hubiesen entrado en modo de alerta. “Duró solo unos segundos y nadie perdió el control”, dicen.

Hoy se cumple un mes de la tragedia de Adamuz en la que murieron 46 personas. Para la red ferroviaria, la reanudación era una cuestión técnica; para los usuarios una prueba colectiva de confianza.

Trabajos en el lugar del accidente ferroviario entre dos trenes en Adamuz (Córdoba)
EFE/ Cedida

La jornada comenzó con problemas burocráticos que ya anticipaban retrasos. Aunque Adif había comunicado a primera hora que la línea estaba lista tras superar las pruebas técnicas y de señalización, la confirmación oficial para la salida de trenes no llegó hasta las 7,04 h. Fue entonces cuando Renfe dio orden de partida.

Limitación de velocidad y paciencia

El primer Madrid-Sevilla programado a las 7,00 h. salió condicionado por limitaciones de velocidad en trece tramos, vigilancia reforzada y un operativo pendiente de cualquier anomalía. El retraso inicial marcó el tono del día. Es decir, la vuelta a la normalidad exigía, como ya es habitual, grandes dosis de paciencia.

En Atocha, se respiraba alivio y a la vez nerviosismo. Colas ordenadas, empleados en los accesos y viajeros revisando compulsivamente la app de la operadora. “Ahora es cuando menos problemas va a haber”, escribió confiado algún usuario en su cuenta de X.

No solo Renfe volvió a la vía. Iryo retomó la actividad con catorce circulaciones diarias entre Madrid y Sevilla (siete por sentido) y cuatro servicios transversales Barcelona-Sevilla. Su primer tren salió a las 7,45  h. de Atocha y llegó con doce minutos de retraso que se justificaron con las limitaciones de velocidad.

Ouigo inició la jornada con un servicio a las 6,55  h. y una operativa limitada al 75% de su oferta previa al accidente, alegando necesidades de mantenimiento y previsión de menor demanda. El resto del corredor andaluz funcionó a distintas velocidades. La relación con Cádiz acumuló demoras significativas.

El Alvia 02075 llegó a Madrid con cerca de noventa minutos de retraso y en Huelva se recurrió a un trayecto combinado tren-autobús. Málaga seguirá bajo plan alternativo hasta marzo por las obras pendientes tras el deslizamiento de un muro en Álora. Como se ve, la alta velocidad arrancó con un amplio margen de error.

Viajeros esperan en el vestíbulo de alta velocidad de la estación de Atocha
EFE

Contención en Adamuz

El momento más tenso del trayecto llegó al aproximarse a Adamuz. En la llamada “zona cero” del accidente, los trenes circularon a menor velocidad y los maquinistas hicieron sonar la bocina en señal de respeto. Cuando el sonido atravesó el vagón, el silencio fue inmediato. “Se me ha encogido el estómago”, admitía después Merche con la voz quebrada por la impresión. Diana, estudiante de Psicología, habla de “memoria somática”: “Sabes que la vía está revisada, pero el cuerpo reacciona igual”. Lucía, más seca, lo resumía así: “Hasta que no pasas, no respiras tranquila”. El paso por Adamuz duró unos instantes. Psicológicamente, bastante más.

La jornada no estuvo exenta de sobresaltos. Un AVE de Renfe se detuvo durante unos doce minutos tras la advertencia del maquinista sobre una pieza suelta en la catenaria. Tras contactar con el centro de control, los técnicos comprobaron que se trataba de un elemento perteneciente a un desvío ya inexistente y que no afectaba a la circulación. El episodio, sin consecuencias operativas graves, generó demoras encadenadas en otros servicios y el comentario de Óscar Puente, que siguió el retorno de la alta velocidad desde sus redes con el tono acostumbrado:
https://x.com/oscar_puente_/status/2023748199693848954

Varios trenes acumularon retrasos de hasta una hora y media a lo largo de la mañana. Otros, en cambio, llegaron con demoras moderadas de entre siete y quince minutos. El sistema funcionaba, pero lejos aún de su plena capacidad.
https://x.com/jaimealvarezgal/status/2023740988687057052

Las compañías mantuvieron la política de flexibilidad en cambios y reembolsos para viajeros afectados por cancelaciones o alteraciones en esta fase de transición. En la estación de Santa Justa, la imagen era la del ajetreo que despierta tras un mes de letargo: maletas rodando, andenes llenos y cafeterías recuperando clientela. “Parecía que no iba a volver nunca”, comentaba una mujer que aguardaba la llegada de su hija desde Madrid.

Las tres universitarias descendieron del tren con un intercambio de miradas que mezclaba alivio e ironía. “Al final, como siempre”, dijo Lucía. No era exactamente como siempre. La línea opera con limitaciones de velocidad, planes alternativos en algunos corredores y vigilancia reforzada. Las cifras de oferta aún no alcanzan el 100% previo al 18 de enero. Y, sobre todo, el recuerdo del accidente sigue presente en cada bocina que suena al cruzar Adamuz.

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