¿Es realmente seguro el AVE?

El accidente de Adamuz obliga a revisar la seguridad ferroviaria en un momento de red saturada, incidencias recurrentes y máxima presión

aptura de vídeo del lugar del accidente de trenes cerca de Adamuz (Córdoba) este lunes.
Captura de vídeo del lugar del accidente de trenes cerca de Adamuz (Córdoba) este lunes.
EFE/ Guardia Civil

El accidente ferroviario de Adamuz, con más de 40 fallecidos, ha abierto una grieta profunda en la confianza ciudadana en el tren de alta velocidad. Durante décadas, el AVE fue sinónimo de fiabilidad y modernidad. Pero la tragedia ha suscitado una pregunta incómoda: ¿es realmente segura la alta velocidad en España?

La respuesta, coinciden expertos y responsables públicos, no es simple. La seguridad ferroviaria española es muy elevada en términos técnicos. Pero atraviesa un momento de tensión por el desgaste del sistema y la acumulación de incidencias.

A la espera de que concluyan las investigaciones oficiales sobre lo ocurrido en Córdoba, el debate sobre la seguridad ferroviaria ha vuelto al centro de la conversación pública.

Adamuz, un punto de inflexión para la seguridad ferroviaria

El descarrilamiento en Adamuz está llamado a marcar un antes y un después. Se trata del primer accidente mortal en los 33 años de historia de la alta velocidad española. Un hecho que por sí solo obliga a revisar protocolos, sistemas y decisiones políticas. El tramo estaba recién renovado y el tren de Iryo implicado era prácticamente nuevo. Un elemento que ha llevado al propio ministro de Transportes, Óscar Puente, a calificar el suceso como “muy extraño”.

Nada de eso, sin embargo, neutraliza la preocupación creciente por la seguridad ferroviaria en un contexto de red cada vez más exigida.

La seguridad ferroviaria

Los problemas comenzaron a intensificarse a partir de 2022, coincidiendo con la liberalización ferroviaria. A la operativa tradicional de Renfe se sumaron nuevos operadores, lo que multiplicó el número de circulaciones diarias. El ejemplo más claro es la línea Madrid-Sevilla, inaugurada en 1992 para apenas seis trenes diarios y que hoy soporta cerca de 70.

Sindicatos y personal técnico llevan años alertando del estrés al que se somete la infraestructura, reclamando más inversión directa en seguridad ferroviaria y mantenimiento, no solo en ampliación de la red.

Inversiones millonarias… pero con matices

El Gobierno tiene previstos más de 12.000 millones de euros en inversiones para Adif Alta Velocidad entre 2022 y 2026, incluyendo 700 millones para renovar la línea Madrid-Sevilla. El gasto en mantenimiento superó los 1.000 millones en 2024, más del doble que seis años antes.

El problema es que la red también ha crecido de forma exponencial, con nuevas líneas hacia Galicia, Asturias o Murcia. Eso ha disparado las necesidades económicas para sostener la seguridad ferroviaria, sin que siempre haya ido acompasado el ritmo de inversión.

La seguridad ferroviaria

Aunque menos graves que Adamuz, los incidentes se han repetido en los últimos años: inundaciones en túneles, fallos de catenaria, robos de cable o trenes averiados. Episodios que han dejado a miles de pasajeros varados durante horas y han erosionado la percepción pública de la seguridad ferroviaria.

El verano de 2024 fue especialmente crítico y llevó a Óscar Puente a comparecer en el Congreso. Poco después se produjeron relevos en la cúpula de Adif y Renfe, sin que eso lograra frenar del todo las incidencias.

Sistemas avanzados y un nivel de seguridad muy alto

Desde el punto de vista técnico, los especialistas coinciden: la seguridad ferroviaria española está entre las más avanzadas del mundo. Sistemas como el ERTMS, el LZB o el ASFA supervisan de forma continua la velocidad y la circulación de los trenes. El exceso de velocidad en Adamuz está prácticamente descartado y los convoyes circulaban muy por debajo del límite permitido.

“El sistema cubre el 99,999% de los escenarios posibles”, explican ingenieros consultados por El Confidencial. Aunque admiten que el riesgo cero no existe.

La seguridad ferroviaria

La investigación está en manos de la CIAF, un órgano independiente cuyo objetivo no es buscar culpables, sino aprender y corregir. El plazo legal para un informe completo es de hasta un año. Y los expertos advierten de que el análisis será extremadamente complejo.

La conclusión provisional es incómoda, pero realista. La seguridad ferroviaria del AVE sigue siendo muy alta, pero el sistema atraviesa una fase delicada. Adamuz obliga a revisar no solo qué falló, sino cómo evitar que una combinación tan improbable vuelva a repetirse.

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