Opinión

Consecuencias

María Dabán
Actualizado: h
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Visto lo ocurrido, Pedro Sánchez hubiera hecho bien en seguir el consejo de Abraham Lincoln que decía que “medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión, sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ella”.

El presidente del Gobierno se mostró desde el primer momento contrario a la violación del derecho internacional que supuso el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán, y de la respuesta posterior dada por el régimen de los ayatolás, pero dio un paso más al impedir usar las bases de Rota y Morón a las aeronaves norteamericanas. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, presumía el martes de que este hecho no había tenido “ninguna consecuencia” y, poco después, Donald Trump se encargó de dejar claro que sí las iba a tener y que iban a afectar sobre todo a nuestro comercio.

Lejos de intentar reconducir la situación, Sánchez ha ahondado en ese desencuentro recordando que no piensa hacer un “seguidismo servil” de la Casa Blanca como el que hizo España durante la guerra de Irak, y resucitando el famoso “no a la guerra” que tan buenos réditos le dio a la izquierda por aquella época. Y aquí está el quid de la cuestión: que amortizado Franco, el presidente del Gobierno ha creído encontrar en la oposición a Trump, un nuevo filón para movilizar ese voto de la izquierda que tan esquivo le está siendo en los últimos tiempos y eso, en plena campaña de las elecciones de Castilla y León, no es una cosa menor. Y si no, ya veremos lo que tarda Sánchez en sacar pecho de su postura en sus mítines en esa comunidad… Digo en sus mítines porque adonde no tiene previsto ir, al menos de momento, es al parlamento, ese lugar tan molesto para él, a pesar de que la mayoría de los grupos suscriben su postura cuando hay algún debate de este tipo (aunque luego no aprueben sus leyes).

Sánchez es consciente de que las amenazas de Trump son difíciles de materializar porque nuestra economía y nuestro comercio están protegidos por el paraguas de la Unión Europea, pero no minusvaloremos la capacidad del Gobierno de Estados Unidos de buscar alguna materia que nos pueda perjudicar especialmente.

El jefe del Ejecutivo tiene que ser visto como un socio leal, máxime cuando uno de nuestros aliados, Chipre, ha sido atacado, y cuando Turquía (que forma parte de la OTAN) ha tenido que neutralizar un misil iraní que sobrevolaba su territorio. Nuestro presidente podría haber sido como Macron, que se opone a los ataques, pero colabora enviando al Mediterráneo un portaaviones, una fragata y diverso material bélico, pero Sánchez ha preferido hacer de Sánchez e ir a lo suyo. China le apoya, claro, utilizando además el argumento de que el comercio nunca debería ser utilizado como arma ni como instrumento. Y lo dice un país que dopa a sus empresas con millones de yuanes para que compitan a nivel mundial a precio de ganga.

Sánchez no está preocupado, pero las empresas españolas sí, porque, además de las consecuencias derivadas de estos ataques, tendrán que sufrir las posibles represalias de Estados Unidos. Pero, ¿quién quiere hablar de consecuencias cuando se puede hablar de oportunidades?

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