Francia

Macron abre la disuasión francesa a los aliados europeos en plena escalada con Irán

El presidente de Francia inicia el mayor cambio nuclear europeo desde la Guerra Fría: "Para ser libre, hay que ser temido. Para ser temido, hay que ser poderoso"

El presidente francés, Emmanuel Macron, pronuncia un discurso en la base naval de submarinos nucleares de Ile Longue en Crozon, cerca de Brest, Francia. EFE/EPA/YOAN VALAT / POOL
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Europa ha entrado en un territorio estratégico que durante décadas ha evitado. En un escenario cargado de simbolismo -un submarino nuclear como telón de fondo en la base de Île LongueEmmanuel Macron anunció un giro histórico en la doctrina nuclear francesa: el paso de una disuasión estrictamente nacional a una “disuasión avanzada” con dimensión europea. El presidente de Francia lo ha puesto sobre la mesa en plena escalada en Oriente Medio tras la ofensiva iraní y en un contexto de incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad del continente europeo.

Francia y Reino Unido son hoy los únicos países europeos con armamento nuclear. Desde tiempos de Charles de Gaulle, París ha defendido que su fuerza de disuasión es un seguro existencial. Macron va más allá: ofrece desplegar elementos del arsenal nuclear francés en territorio aliado, compartir ejercicios y abrir un diálogo estructurado con hasta ocho países europeos -entre ellos Alemania y Polonia– sin ceder ni un milímetro de soberanía en la toma de decisiones.

Macron en la base de submarinos nucleares en Ile Longue en Crozon, cerca de Brest
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Así, Macron invita a sus aliados europeos a que asuman que la dimensión nuclear vuelve a ser central en la arquitectura de seguridad del continente. Y a sus adversarios que amplía lo que considera sus “intereses vitales”, ahora explícitamente europeos. “Es indispensable aumentar nuestro arsenal”, ha advertido el mandatario galo.

Desde el Elíseo, insisten en que la propuesta francesa no sustituye la disuasión extendida de Estados Unidos ni el marco de la OTAN. De hecho, París asegura haber coordinado cada paso con Washington y con la Alianza Atlántica. Berlín, históricamente recelosa de cualquier iniciativa que pueda interpretarse como una alternativa europea al paraguas estadounidense, ha dado su visto bueno. Alemania participará este mismo año en ejercicios nucleares franceses y visitará instalaciones estratégicas. Un gesto impensable hace apenas un lustro.

“Para ser libre, hay que ser temido. Para ser temido, hay que ser poderoso”, ha asegurado Macron.

La invasión rusa de Ucrania rompió el último tabú sobre la guerra convencional en Europa. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reavivado dudas profundas sobre la fiabilidad de la disuasión estadounidense. Y, en paralelo, Oriente Medio ha entrado en una fase de confrontación abierta tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la respuesta de Teherán, que ya ha alcanzado suelo europeo con un ataque con drones contra una base británica en Chipre.

MAcron
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, durante su discurso frente al submarino “El Temerario”
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La UE observa este nuevo conflicto con una mezcla de prudencia, división y mucho nerviosismo. Salvo España, cuyo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha condenado abiertamente los ataques estadounidenses e israelíes, la mayoría de los líderes europeos han evitado cuestionar la operación inicial, centrándose en condenar la venganza de los ayatolás y en subrayar que Irán no debe obtener nunca un arma nuclear. Algunos, como en los países bálticos, han ido más lejos, celebrando la muerte del líder supremo iraní, Ali Jamenei, como una oportunidad histórica. Otros, como Irlanda, advierten del riesgo de una espiral sin salida y reclaman volver a la mesa de negociación. Mientras que Alemania advirtió que los ataques de Washington y Tel Aviv contra Irán corren el riesgo de provocar otro atolladero similar al de Irak, pero afirmó que no era el momento de dar lecciones a Estados Unidos.

Por su parte, Macron ha condenado la respuesta “desproporcionada” de Irán, ofrece protección a sus socios en Oriente Medio y, al mismo tiempo, ha recalcado que París no participó en los ataques iniciales. Una ambigüedad diplomática en tiempos en los que el orden internacional se está reconfigurando a golpe de misiles, drones y amenazas nucleares.