En los primeros compases de 2026, los mercados financieros globales registraron una fuerte corrección en la valoración de las empresas de Software como Servicio. El episodio, bautizado como “SaaS Apocalipsis”, se tradujo en una caída abrupta de la capitalización del sector. Lejos de representar un fallo tecnológico, este evento evidencia una crisis estructural profunda en el modelo de monetización predominante durante la última década.
Para entender este movimiento, es necesario analizar el fundamento económico del modelo SaaS. Históricamente, la rentabilidad de estas empresas se ha sustentado en el cobro por licencia de usuario o per-seat pricing. Bajo este esquema, la facturación de un proveedor de software crece de manera directamente proporcional al número de empleados humanos que utilizan su plataforma.
El giro que activó la desconfianza fue la irrupción de agentes de Inteligencia Artificial autónomos, popularizados en el entorno empresarial con propuestas como Claude Cowork, de Anthropic. Frente al asistente conversacional, estos sistemas buscan ejecutar flujos completos. Acceden a archivos, encadenan acciones y operan con una lógica orientada a objetivos. El resultado es un cambio relevante, menos trabajo repartido entre aplicaciones y más automatización de extremo a extremo.
Desplazamiento del trabajador

En ese contexto, la IA tenderá a absorber tareas técnicas, analíticas y mecánicas. El papel del trabajador se desplaza desde la ejecución hacia la supervisión. Para muchos perfiles, describir en lenguaje natural objetivos, reglas y límites será suficiente para poner en marcha procesos y automatizaciones, siempre que exista capacidad para revisar, auditar y aplicar criterio. La ventaja ya no estará en operar herramientas, sino en dirigir sistemas y validar decisiones.
Este desplazamiento tensiona directamente el modelo per seat. Si parte del trabajo deja de depender de personas usando software y pasa a ejecutarse mediante agentes, cobrar por asiento pierde fuerza como unidad económica. Por eso el sector tendrá que replantear su monetización, con modelos más ligados al uso de infraestructura, al volumen de tareas completadas o a resultados verificables. También cabe un escenario en el que el SaaS se convierta en una capa de ejecución a la que se conecten estos agentes, menos visible para el usuario final, pero imprescindible como motor de fondo.
Corrección del mercado
Desde esa lectura se entiende por qué la corrección no se ha limitado al SaaS en sentido estricto. La reacción del mercado ha sido amplia y, en parte, poco selectiva. El temor a que los agentes reduzcan el valor de las herramientas que las empresas compran a terceros ha terminado afectando a compañías que capturan valor de otra manera.
Las plataformas de pagos digitales son un ejemplo. En las últimas semanas, entidades como PayPal o Klarna han quedado asociadas al miedo a la desintermediación. El argumento más simple es que, si un agente puede ejecutar procesos completos, cualquier empresa podría construir rápido su propio sistema de pagos o su motor de evaluación de riesgo. La intuición es comprensible, pero puede ser incompleta si no se distingue entre automatizar un flujo y sostener una infraestructura de confianza.
En pagos y crédito, el valor no está solo en la aplicación. Importan la gestión del riesgo, el cumplimiento normativo, la resolución de disputas y, sobre todo, años de datos y experiencia operativa. La IA puede hacer estos sistemas más eficientes y mejorar la detección de fraude, pero no sustituye de un día para otro el historial, la escala ni la confianza construida. Bien aplicada, incluso puede reforzar a quienes ya operan con grandes volúmenes al reducir errores y afinar modelos.
Klarna

Klarna, además, conecta con la tesis del per seat por una vía práctica. Su adopción de IA ha permitido automatizar parte de la atención al cliente y tareas internas, y ha ido acompañada de una revisión del software contratado a terceros, incluyendo la salida de acuerdos como Salesforce en favor de desarrollos propios apoyados en IA. Aun así, la experiencia real invita a la prudencia.
Un exceso de automatización puede afectar a la calidad en casos complejos y obliga a mantener supervisión humana. Más que una sustitución total, lo que emerge es un rediseño del trabajo, con menos ejecución rutinaria y más control. Tendencias similares se observan en PayPal, que también integra automatización en sus flujos. Si estas reorganizaciones reducen carga administrativa, es razonable pensar que la demanda de licencias masivas se modere.
En definitiva, el Apocalipsis SaaS no anuncia, por ahora, el fin del software ni el de los intermediarios digitales. Sugiere que el mercado está recalibrando qué se paga y por qué, en un entorno donde el lenguaje natural se convierte en la nueva capa de control de los procesos y donde el valor se desplaza desde la interfaz hacia la ejecución, la fiabilidad y el resultado.
Claudia Casco, Portfolio Manager en Miralta Asset Management.
