El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, tiene una marcada agenda exterior en apoyo a la mujer. En Enero de este año, ha lanzado la primera Estrategia de Cooperación Feminista, y también promueve plataformas destacadas como “HearUs” para mujeres afganas, o iniciativas nacionales como el Plan Nacional sobre Mujeres, Paz y Seguridad.
No obstante, hay algunos vacíos en su ministerio dentro de su carta de presentación feminista. Así lo lamentan, en conversaciones con este medio, algunas cónyuges de diplomáticos que prefieren permanecer en el anonimato, para que sus familias no sean señaladas. Aseguran que, a diferencia de otros países, la falta de ayudas y regulaciones en el sistema español provoca que, dentro del cuerpo diplomático, cada vez existan más divorcios o parejas que no quieran acompañar a sus mujeres o maridos diplomáticos al exterior. También aseguran que las propias diplomáticas ven en la escasez de ayudas un lastre en sus carreras.

Un reglamento de la época franquista
Antiguamente, la carrera de diplomática estaba reservada a un sector reducido de la población, habitualmente de origen aristocrático. La estudiaba un hombre, y su cónyuge se formaba para ser la mujer del futuro embajador, una papel en aras de ser la anfitriona perfecta.
Las cosas son muy distintas ahora. La mujer de diplomático, o el marido de diplomática, ha estudiado, tiene una carrera y quiere trabajar, cotizar y tener su independencia económica de cara a un posible divorcio. Esta situación ha hecho que otros países europeos, el más cercano, el portugués, hayan actualizado sus regularizaciones al respecto.
Por el contrario, en España, aseguran no contar con dicha actualización y, además, denuncian que nuestro país mantenga un Reglamento del año 1955, que incluye referencias franquistas o ralentiza la promoción de la carrera de la mujer, ya que la antigüedad es el peso prioritario para ser embajador o embajadora. Pese a que en las últimas promociones las número 1 han sido mujeres, la incorporación de la mujer al cuerpo diplomático es aún reciente, por lo que la anterior ministra en el cargo, Arancha Laya, elaboró un borrador para priorizar la meritocracia. Un borrador que, a día de hoy, reposa en el cajón.

La escasez de ayudas en los trabajos
Sol (nombre ficticio) es abogado y en 2019 salió de España por primera vez con su marido y su hijo, al que destinaron a un país que no quiere revelar por seguridad. En el despacho de abogados en que se encontraba no le dejaban teletrabajar, por lo que se cambió a uno que sí se lo permitió con la fórmula de hacerse autónoma y establecer una relación mercantil.
“Un cónyuge de un diplomático puede estar tres años trabajando en Argentina, tres en Hungría, tres en Vietnam. Y ¿cuál es luego tu régimen de cotizaciones?” Sol afirma, además, que la regulación es obsoleta. “Hay poca y no recoge muchos supuestos. Entonces, básicamente, lo que ellos se inventaron es que el Estado promoviera la celebración de acuerdos bilaterales con los terceros países de destino, que permitieran encontrar al cónyuge del diplomático un trabajo en el extranjero”.
La ralentización de la carrera
Sol afirma que son conscientes de que, cuando salen fuera, renuncian a su carrera, ya que en cada país deben encontrar un trabajo que se adapte a las condiciones del país local. “Trabajas de administrativo en una empresa, y luego te vas a otro país y das clases en un colegio, y después te vas a otro sitio y a lo mejor escribes un libro y trabajas con una editorial” .

La solución de otros países: trabajos en embajadas o un pago extra al diplomático
En otros países, afirma, el Estado “es más protector”. Porque para Sol y otras mujeres de diplomáticos, la solución pasaría por regularizar el teletrabajo. “El régimen de teletrabajo y todo eso es libre. Yo he podido teletrabajar, pero he estado en un limbo jurídico“, afirma. Las empresas, además, temen ser considerados un establecimiento permanente y les obliguen a tributar allí, por lo que asegura conocer casos de personas que tributan en negro.
Las otras fórmulas son que el Estado garantiza un trabajo en una embajada o representación diplomática de ese país. “En España es prácticamente imposible”, afirma. “Y cuando se ha hecho, pues siempre hay una sombra de sospecha de chanchullos y te señalan por enchufe. Incluso se han escrito artículos”, explica. “Eso no pasa en otros países, aquí a la mínima te ponen verde, principalmente lo promueven los sindicatos de los funcionarios”.
El problema de la cotización
Según estipula la ley, los diplomáticos y cónyuges de diplomáticos son residentes fiscales en España. “¿Pero qué pasa si tengo residencia habitual en el extranjero, si me doy de alta en el registro consular del país donde vivo, por ejemplo?”, se pregunta. “No está claro y eso desde la Asociación de Familias lo hemos hablado con abogados y no lo tienen claro, pues hay que diferenciar el régimen si eres un empleado de una empresa, no tienes una relación laboral, cómo cotiza esa empresa por ti, las prestaciones sanitarias, las cotizaciones, todo es… no está claro. Y si tú eres un autónomo, lo mismo, pues tampoco”.
El seguro médico y la escolarización
Laura, cónyuge de diplomático, corrobora que la solución es que los cónyuges no no solo sean residentes fiscales, sino residentes habituales, y no sólo por las cotizaciones, si no también por el seguro médico. “La póliza sólo se amplía al cónyuge si es dependiente. En caso contrario, no eres beneficiario”, asegura. Motivo por el cual, ella dejó de trabajar después de hacer números con su marido. Tanto ella como Sol calculan que un 70% de los cónyuges no trabajan, “Y toda esa gente va a tener una pensión no contributiva como la de cualquier inmigrante que llegue a España”.
Las ayudas a los colegios, desactualizadas desde el año 2000
Uno de los talones de Aquiles de las mujeres diplomáticas a la hora de elegir la carrera es el tema de la escolarización. “El Estado te da una ayuda, pero no se actualizan desde el año 2000, y el importe no cubre ni el gasto medio que se hace en España por un alumno en la escolarización pública”, critican. Un asunto que, desde la Asociación de Diplomáticos se ha llevado al Defensor del Pueblo.

Crece la separación en las familias
“Cualquier mujer o marido de diplomático o diplomática te va a decir que con el Estado no puedes contar para nada”, aseguran. “Lo que estamos viendo es que la gente cada vez está menos dispuesta a salir”, informan. “Porque si tu marido o tu mujer te dice, nos vamos a Roma y no vas a poder trabajar esos tres años. Y luego nos vamos a ir a Nairobi y tampoco vas a poder, lo que vemos es que cada vez hay menos familias dispuestas a salir, viajan diplomáticos sin familias, y cada vez hay más separaciones”.
Diferencias con otros países
El Gobierno de Portugal, por citar un ejemplo, entiende que si el cónyuge ha tenido que interrumpir su actividad laboral por el trabajo de su pareja diplomática, el Ministerio de Negocios Extranjeros (MNE) portugués debe asumir los costes de su inscripción en el Seguro Social Voluntario, para garantizar la continuidad contributiva. Asimismo, se asumen los costes de los descuentos de seguridad social de los cónyuges/parejas de hecho, se firman convenios bilaterales para sellar acuerdos de reciprocidad con otros países para permitir que los cónyuges de sus diplomáticos realicen actividades remuneradas en el país receptor, y se establecen medidas para que los cónyuges tengan prioridad para trabajar en las mismas delegaciones diplomáticas y consulados, en puestos de carácter técnico y especializado. Estas medidas se han aprobado para que resulte atractivo a las familias con un miembro en el cuerpo diplomático establecerse en un país extranjero.
