El “no a la guerra” de Pedro Sánchez va bastante más allá de su instinto político y guarda una estrecha relación con los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El brazo demoscópico del Gobierno preguntó tanto en su barómetro de enero como en el de febrero por Donald Trump constatando en ambos casos un claro rechazo de la sociedad española al presidente de Estados Unidos.
En enero, a colación de su intervención militar en Venezuela, el CIS preguntó: “¿Cree Ud. que con esta intervención Donald Trump ha puesto en peligro la paz mundial?” Un 61,5% respondió afirmativamente (mientras que un 32,1% lo negó). Un mes después, el CIS insistió en la misma pregunta, pero en esta ocasión el porcentaje afirmativo se disparó hasta el 79,5% (y, en correspondencia, un 20,5% lo negó).
Con esta información sobre la mesa, el presidente del Gobierno articuló su respuesta a la amenaza de embargo a España formulada por Trump. “La posición de España se resume en cuatro palabras: ‘No a la guerra'”. El lema hizo fortuna en 2003, cuando sirvió para movilizar a la sociedad española en contra de la intervención militar en Irak y, ahora, Sánchez lo ha recuperado sabiendo que así puede rescatar de la abstención a más de 400.000 votantes de izquierdas y recuperar la delantera al PP.
El pulso por el gasto en la OTAN
En realidad, la información que el CIS maneja sobre Trump tiene una mayor profundidad. No solo porque también constató recientemente que la mayoría de españoles (71,8%) consideraba que EE.UU había vulnerado la Carta de Naciones Unidas capturando a Nicolás Maduro, sino porque ya se interesó anteriormente, en julio de 2025, por el pulso que Sánchez le había echado a Trump respecto al gasto militar de España en la OTAN.
En ese momento, un 57,5% respondió “no” a la pregunta: ¿Cree Ud. que el Gobierno español debería acatar la exigencia de Trump, según la cual todos los países de la OTAN -incluida España- deben destinar el 5% de su PIB a gastos de Defensa?
Por tanto, Sánchez era plenamente consciente de que, demoscópicamente hablando, su apuesta de solemnizar su “no a la guerra” era sobre seguro. El Gobierno, de hecho, ya ha acudido al choque en otras ocasiones con Trump.
Lo hizo, por ejemplo, después de que el presidente de EE.UU declarara la guerra comercial con los aranceles en abril de 2025. “Es un tipo de situación que favorece su retórica del miedo a la ultraderecha. Y particularmente en España, donde Trump no gusta en líneas generales”, comentó el analista Andrés Medina a Artículo14.
Aquella guerra comercial concedió una cierta iniciativa al presidente del Gobierno, ya que pudo reunir en el Palacio de la Moncloa a organizaciones empresariales y sindicatos para determinar el plan de choque. Ahora, la iniciativa vuelve a favorecerle, no solo por el cruce de declaraciones que libra con la Casa Blanca, sino porque en Moncloa existe el convencimiento de que los acontecimientos empujarán a otros países a marcar posiciones como las suyas: en contra de la agresión militar, sin dejar de condenar el régimen de Irán.
