Testigo directo

Viajar en AVE con miedo a 80 kilómetros por hora

Una rotura detectada en un tramo de la línea de alta velocidad y la consiguiente limitación de velocidad a 80 km/h prolongan los viajes, en medio de una semana marcada por múltiples fallos en la red ferroviaria española y una crisis de confianza en Adif y Renfe

Pasajeros en el vestíbulo en la estación de Atocha.
EFE/ Kiko Huesca

Una rotura detectada en un tramo de la línea de alta velocidad y la consiguiente limitación de velocidad a 80 km/h prolongan los viajes, en medio de una semana marcada por múltiples fallos en la red ferroviaria española y una crisis de confianza en Adif y Renfe

El tren AVE que debía salir de Madrid Puerta de Atocha a las 12:27 con destino a Barcelona Sants y llegar a las 15:44 se enfrentó a una jornada de incertidumbre y retrasos prolongados que culminaron en una llegada a las 17:28, con casi dos horas de demora respecto al horario previsto.

Adif, el gestor de infraestructuras ferroviarias, detectó una fisura en la vía de alta velocidad en el entorno de L’Espluga de Francolí, en la provincia de Tarragona, lo que llevó a imponer una limitación temporal de velocidad de 80 kilómetros por hora en ese tramo por motivos de seguridad. La medida, que reduce de forma drástica la velocidad habitual de los AVE, afecta a varios trenes y está provocando un incremento generalizado de los tiempos de viaje en la conexión Madrid-Barcelona.

Aspecto de la estación de Sants de Barcelona este lunes.
EFE

Esta periodista viajaba a Barcelona para asistir a la performance de Marina Abramovic en el Gran Teatre del Liceu. Desde los primeros minutos, cuando el tren permanecía detenido en Atocha más allá de la hora de salida prevista, comenzó a percibirse un clima de inquietud. Los avisos se sucedieron de forma escalonada: primero se anunció un retraso de 45 minutos, después de una hora y media, y más tarde se comunicó que el impacto era “indeterminado” debido a la obligación de circular a velocidad reducida por el tramo afectado. La sensación compartida entre muchos pasajeros era la de moverse en un terreno de información imprecisa, cambiante, sin una previsión clara.

El interior del convoy, además, estaba llamativamente medio vacío. Ese detalle, lejos de tranquilizar, acentuaba una percepción de fragilidad del servicio. Se escuchaban murmullos, llamadas telefónicas, cálculos improvisados sobre enlaces perdidos, citas canceladas y recogidas imposibles.

Algunos viajeros repetían preguntas a los revisores sobre el estado de la circulación, la causa exacta del retraso y las consecuencias para los desplazamientos posteriores. “Si no funciona Rodalies, ¿cómo voy a llegar a casa de mi hijo cuando lleguemos a Barcelona?”, preguntaba con ansiedad un hombre mayor sentado junto a otro pasajero. Otro usuario solicitó información sobre la posibilidad de presentar una reclamación. La respuesta fue la habitual: sí, se puede reclamar, aunque el personal a bordo no dispone de margen para ofrecer soluciones más allá de ese trámite.

Los maquinistas de Rodalíes rinden homenaje al compañero fallecido en el accidente de Gelida | EFE.

El episodio se inscribe en un contexto más amplio de turbulencias en la red ferroviaria española, con incidencias recurrentes que han ido erosionando la confianza de los usuarios. A los problemas en alta velocidad se suman las disfunciones persistentes en los servicios de cercanías en Cataluña, marcados por averías, interrupciones y fallos técnicos, así como otros incidentes recientes en distintos puntos del país.

Por el momento, Adif y Renfe no han comunicado una fecha concreta para la completa normalización del tramo afectado por la fisura, y las restricciones de velocidad se mantendrán hasta que concluyan las reparaciones y se realicen nuevas inspecciones de seguridad.

Más allá del origen técnico del problema, la jornada deja una fotografía nítida: una red de alta velocidad vulnerable ante incidencias puntuales y una gestión de la información que, en situaciones de crisis, sigue generando desorientación. Para muchos pasajeros, el retraso no fue solo una cuestión de tiempo perdido, sino la experiencia de viajar sin certezas en un servicio que, por definición, debería ofrecer exactamente lo contrario.