La investigación apunta a un fallo en la vía como principal hipótesis del descarrilamiento del tren de Iryo, que 20 segundos después fue embestido por el Alvia de Renfe, provocando la tragedia en Adamuz (Córdoba). Mientras se dirimen las causas de lo sucedido, el Gobierno ha optado por la prudencia, ante las denuncias de los maquinistas por baches en tramos de la línea de alta velocidad Madrid-Barcelona. Los conductores de Renfe, que llevan meses alertando de este problema, decidieron el lunes 20 de enero de manera unilateral, en este corredor, rebajar la velocidad a 230 kilómetros por hora en algunos puntos del trayecto.
Aunque los expertos insisten en desligar las vibraciones que producen los baches con la seguridad del tren, Adif ha decidido auscultar los puntos críticos de la línea Madrid-Barcelona. Hasta que concluya esta revisión del trazado, el gestor ferroviario decidió reducir la velocidad máxima de 300 a 160 kilómetros por hora en determinados tramos. De esta forma, el Ejecutivo toma nota y actúa ante las advertencias de los maquinistas y las quejas de los usuarios. En los días previos al accidente, en esa zona del trazado andaluz, los usuarios alertaron de fuertes vaivenes durante el viaje.
Noche de trabajo para el ‘Séneca’

Con este contexto, el Ministerio de Óscar Puente ha decidido auscultar la línea. Esta es la manera más fiable de asegurar la seguridad y el confort. La propia Adif explica que es “una actividad estratégica para el mantenimiento de las líneas en servicio, ya que la evaluación de la calidad de la infraestructura permite hacer un análisis predictivo”. Se realiza a través de la circulación de un tren auscultador, una suerte de laboratorio instrumentalizado rodante, que estudia diferentes parámetros de la vía.
Como explica una experta del sector a Artículo14, se revisa, por ejemplo, la respuesta de la infraestructura en el rodamiento, con el registro de las aceleraciones verticales y transversales en el contacto entre la rueda y el carril, o el contacto con la catenaria. Uno de los más conocidos es el ‘Séneca’. Adif gestiona estos trenes a través de adjudicaciones a filiales, como Redalsa, y a empresas como CAF, a la que adjudicó en 2023 un nuevo tren para la alta velocidad.
Estos trabajos se desarrollaron durante la pasada noche. La previsión de Adif es levantar hoy la restricción de velocidad la línea Madrid-Barcelona si los resultados del análisis son satisfactorios, según confirmó Adif a Europa Press. Las limitaciones temporales de velocidad afectan a un tramo de 148,1 kilómetros entre Mejorada del Campo y Alhama de Aragón (Zaragoza) en vía par y a un túnel a la altura de Ariza (Zaragoza) en el punto kilométrico 187 de la línea de la vía impar. Un día antes y de forma unilateral, a través del sindicato SEMAF, los conductores de Renfe en este trayecto decidieron reducir la velocidad hasta los 230 kilómetros por hora.
“Les ha entrado el miedo”

“Ese tramo en el que han reducido la velocidad lleva más de un año así. Se ha estado denunciando en la Comisión de Seguridad de la Circulación y no hicieron caso. Incluso el sindicato de maquinistas, el SEMAF, lo denunció en la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria, y tampoco le hicieron caso. Es ahora, a raíz del accidente, cuando les ha entrado el miedo, parece ser, y rebajan la velocidad a 160 kilómetros por hora”, explica a Artículo14, Rafael Escudero, portavoz del Sindicato Ferroviario.
Coinciden en esta visión fuentes ferroviarias de UGT: “Teniendo un precedente tan grave, han sido muy cautos”. En este sentido, recuerdan que, en 2013, tras el accidente del Alvia en Angrois también se redujo la velocidad máxima en varios puntos. En la zona del accidente de Adamuz, los usuarios reportaron vibraciones en los días previos. A diferencia de lo ocurrido en Andalucía, ahora Adif sí ha adoptado medidas preventivas, tras denuncias de baches por parte de los maquinistas y vibraciones de los usuarios.
Bajas por lesiones
Según explica Rafael Escudero, las vibraciones han comprometido la seguridad laboral de los trabajadores, con casos de bajas por lesiones. “Sí, ha habido trabajadores afectados por las vibraciones. Personal de tripulación de servicio a bordo o personal de intervención que, en un trabajo que implica transitar por los pasillos, han sufrido caídas y torceduras. Incluso caídas de objetos desde baldas superiores en la cabeza. Ocurrió a una compañera en la cafetería”, detalla.
“Es una cuestión que está relacionada con el confort de los viajeros“, puntualiza. Un vídeo en X de un usuario del AVE entre Madrid y Barcelona el pasado mes de septiembre refleja, a través del movimiento de un vaso de agua, los vaivenes del tren. El vaso, a pesar de estar lleno a menos de la mitad, vierte parte de su contenido. Aunque para los trabajadores pueda suponer un riesgo laboral y para los viajeros mayor un ajetreo durante el trayecto, Escudero insiste en que las vibraciones no comprometen la seguridad del tren.


