Publica el fabuloso Raúl Cancio (Madrid, 31 de mayo de 1943) una biopsia magnífica de sus sesenta años en el oficio del fotoperiodismo. En su último libro, Irrepetibles (Compromiso, 2026), el hijo de Ceferino –que es como se llamaba, en realidad, el gran actor de los cuarenta y cincuenta Raúl Cancio Amunarriz– y de María –quien le solía decir que era “demasiado guapo para ser hombre”– pone a desfilar, por ejemplo, a Salvador Dalí con un primer plano que plasma una supernova en la mirada del pintor; a Julio Iglesias y a su padre, el doctor Iglesias Puga, después de que el GEO le liberara de un secuestro made in la banda terrorista ETA; a Dolores Ibárruri, Pasionaria, con el rostro grave y ajado de la vieja comunista que le rezaba el “Padrenuestro” a Jesús Quintero; a Doris Lessing emanando esencia literaria; a un efébico Raphael jugando al tenis en Benidorm; a una espontánea que apunta con el estoque a un torero en Las Ventas, o al rey Hasán II de Marruecos, que luce una mano llena de manchas, un anillo en el meñique y unas ojeras que descienden hasta Ciudad del Cabo.
Cancio, receptor de, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Nacional de Fotografía Deportiva o el Premio Nacional de las Artes y las Ciencias, me contó la historia de aquel retrato el Jueves Santo de 2024, en el Café Varela, el parnaso galaico-madrileño de san Melquiades Álvarez. Venía el gran maestro de la fotografía informativa patria de remontarle, con paciencia, sacrificio y ganas de vivir, a la manera de nuestro Real Madrid, un partido que se puso bastante feo contra el cáncer de piel. Desvelo este dato porque lo hace el editor, Miguel Ángel García Jurado, en un emocionante texto incluido al final del libro: “Cancio ha superado un cáncer de piel mientras elegía las fotos para este libro. Día sí y día también, por muy mal que se encontrara, me llamaba para decirme que tenía en el buzón de entrada de mi correo electrónico uno de sus ‘frescos’ para este Irrepetibles. La noticia de que tenía la enfermedad me la dio en julio de 2023, hace más de dos años (…). En ese momento, comenzó a buscar en su archivo personal, en las imágenes que tenía del diario Pueblo, a llamar a su periódico, El País, donde sus compañeros y amigos han puesto todo su empeño por encontrar las instantáneas que no se habían ido de la mente de Cancio pero sí de su disco duro”.
La foto de Hasán, decía. La hizo en 1989, meses antes de que el monarca marroquí visitara oficialmente España por vez primera. Cancio y el director de El País, Joaquín Estefanía, marcharon a Marrakech para entrevistarle, pero, según el fotógrafo, les tuvo “una semana dando vueltas”: “Nos puso al ministro de Asuntos Exteriores al lado nuestro y un coche y un helicóptero para pasear por Marruecos. Era como Bienvenido, Mr. Marshall: en cada pueblo al que íbamos, nos recibía el moro Juan del alcalde, nos aplaudía y nos daba una chilaba. Yo junté tres chilabas, un gorrito…”.
El Rey les recibió en palacio días después, por la noche. A Cancio le ponían mala cara cada vez que disparaba su cámara de fotos. “Lo siento”, le decía a un ministro, “pero llevamos una semana de Bienvenido, Mr. Marshall. No hay más hostias que joderse”. Estefanía le dijo a Hasán que la entrevista debía salir en el dominical, y el rey, para que se publicara a tiempo, les puso su avión particular. Llegaron a Madrid a las seis de la mañana y entraron en Barajas por la zona diplomática. “Me cago en la puta”, le lloraba Cancio a Estefanía, “nos podríamos haber traído tres o cuatro maletas de hachís”.
Más mandanga, en Irrepetibles, un libro estupendo de uno de los mejores Homo sapiens que creó Dios en estos últimos 200 o 250.000 años. Ahí es nada.
