Cada jornada del calendario litúrgico está marcada por la memoria de uno o varios santos cuya vida dejó huella en la tradición cristiana. Este miércoles 18 de febrero, la Iglesia católica conmemora principalmente a San Simeón de Jerusalén, una figura de los primeros tiempos del cristianismo cuya historia está ligada a los orígenes de la comunidad cristiana en Tierra Santa.
San Simeón de Jerusalén, testigo de los primeros cristianos
San Simeón fue, según la tradición, pariente de Jesús —algunas fuentes lo señalan como primo— y uno de los primeros líderes de la Iglesia de Jerusalén tras la muerte de Santiago el Menor. Vivió en una época convulsa, marcada por las persecuciones contra los cristianos y las tensiones políticas en el Imperio romano.
Se le atribuye haber guiado a la comunidad cristiana durante décadas, consolidando la fe en un contexto hostil. De acuerdo con relatos antiguos recogidos por historiadores eclesiásticos, fue arrestado durante el reinado del emperador Trajano y condenado a muerte por su condición de cristiano y descendiente de la casa de David. Habría sido crucificado con más de cien años de edad, lo que lo convirtió en un símbolo de resistencia y fidelidad.
Su figura representa la continuidad entre los apóstoles y las generaciones posteriores de creyentes, y su martirio es recordado como ejemplo de perseverancia.
Otros santos y beatos del 18 de febrero
El santoral de hoy también recuerda a otros nombres menos conocidos pero igualmente significativos dentro de la tradición cristiana. Entre ellos figura San Eladio de Toledo, arzobispo de Toledo en el siglo VII, reconocido por su labor pastoral y por su defensa de la disciplina eclesiástica en tiempos del reino visigodo.
Asimismo, se conmemora a Beato Juan de Fiésole, más conocido como Fray Angélico. Aunque su festividad principal suele celebrarse en otra fecha, en algunos calendarios locales también se le recuerda en esta jornada. Fue un fraile dominico y pintor del Renacimiento italiano cuya obra está profundamente vinculada a la espiritualidad y al arte sacro.
Estos nombres, junto a otros beatos y mártires, completan el santoral del día, una tradición que asigna a cada fecha un conjunto de figuras cuya vida es propuesta como modelo de fe.
El origen del santoral
La costumbre de asociar cada día del año con uno o varios santos se remonta a los primeros siglos del cristianismo. Inicialmente, se conmemoraba el aniversario de la muerte de los mártires, considerado el día de su nacimiento a la vida eterna. Con el tiempo, la Iglesia fue incorporando también a confesores, religiosos y laicos destacados por su testimonio de vida.
El santoral no solo tiene un significado religioso, sino también cultural. Durante siglos, fue habitual poner a los recién nacidos el nombre del santo correspondiente al día de su nacimiento. De ahí la expresión popular “celebrar el santo”, que en muchos lugares sigue siendo motivo de felicitaciones y reuniones familiares.
Tradición viva
Aunque en la actualidad el seguimiento del santoral no es tan extendido como en épocas pasadas, todavía hay quienes consultan cada mañana qué santo se celebra. Para muchos, se trata de una forma de mantener viva una tradición que conecta historia, fe y cultura popular.
En el caso de este 18 de febrero, la figura de San Simeón de Jerusalén invita a mirar hacia los orígenes del cristianismo y a recordar el valor de quienes sostuvieron la fe en tiempos de dificultad. Más allá de la devoción religiosa, su historia forma parte del legado histórico que ha configurado el calendario y las costumbres de generaciones.
