Irán

“Están negociando con un régimen que ejecuta a nuestros hijos en contenedores”

La activista iraní Mediss Tavakkoli denuncia el “engaño moral” de Occidente por su respuesta ante la represión del régimen de los ayatolás. Washington y Teherán negocian en Omán en medio de la tensión por una posible intervención militar estadounidense

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Una protesta visual con alguno de los muertos en las protestas de Irán
Efe

Mientras Estados Unidos e Irán han retomado contactos indirectos en Omán para explorar una posible desescalada, la represión en Irán continúa, aunque más alejada del foco mediático.  Ejecuciones sumarias, desapariciones forzadas y un clima de terror han logrado sofocar las protestas, en que miles de iraníes han sido asesinados y detenidos por las fuerzas de seguridad del régimen.

Tras terminar las negociaciones en Omán, donde se intentó sin éxito retomar el pacto nuclear con Teherán, Estados Unidos anunció sanciones a 15 entidades y 14 buques de la flota iraní vinculados al tráfico ilícito de petróleo, productos derivados del petróleo y productos petroquímicos iraníes.

Mujeres iraníes con velo caminan junto a un mural antiestadounidense en Teherán
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Para la activista iraní Mediss Tavakkoli, psicoterapeuta especializada en trauma y exiliada en Madrid, las medidas anunciadas por la Casa Blanca son insuficientes. Tavakkoli describe a Artículo14 una sociedad exhausta, carcomida por el miedo, el duelo y una ola de suicidios que apenas trasciende fuera de Irán. Desde el exilio, la activista observa con incredulidad cómo Occidente vuelve a negociar con la República Islámica mientras asegura que “la gente es ejecutada en centros de detención improvisados y enterrada sin nombre”.

-Desde fuera da la sensación de que las protestas en Irán han desaparecido. ¿Qué está pasando realmente sobre el terreno?

-Lo que está pasando es mucho peor de lo que la gente imagina. No es que la represión haya terminado, ha cambiado de forma. Hoy vivimos una violencia silenciosa, sistemática y constante. El nivel de sufrimiento psicológico es indescriptible. Solo yo recibo cada día entre siete y ocho peticiones urgentes de ayuda por riesgo de suicidio. Personas que han perdido a alguien, que han estado detenidas, que han visto cómo arrestaban a sus hijos o hermanos. Esto no lo había visto nunca en mi vida.

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Una manifestante con los colores de Irán durante una protesta en Frankfurt
Efe

-Habla de ejecuciones y desapariciones forzadas. ¿Qué información tiene?

-Hay ejecuciones que ni siquiera pasan por procesos “oficiales”. Están matando gente en centros de detención improvisados, incluso en contenedores. Familias enteras van a comisarías buscando a sus hijos desaparecidos y la respuesta es: “vayan al cementerio a buscar entre los cuerpos”. No les dicen que estén muertos, simplemente les dicen que busquen. Algunos cuerpos llegan aun sangrando cuando los van a lavar antes del entierro. Los entierran sin nombre, sin identificación, mientras sus familias siguen buscándolos.

-Mientras esto ocurre, Estados Unidos e Irán negociaron este viernes en Omán sobre el pacto nuclear. ¿Cómo se vive eso desde dentro del exilio iraní?

-Con una mezcla de rabia, incredulidad y desesperación. ¿Sobre qué están negociando? ¿Con quién? Llevan casi dos décadas negociando y el régimen solo ha mentido, ha ganado tiempo y ha avanzado en su programa nuclear y en su red terrorista. ¿De verdad creen que esta vez será distinto? Negociar con la República Islámica es como darle la mano a un monstruo esperando que se vuelva humano.

-Hay quien defiende que la negociación evita una guerra.

-Esa es una ilusión peligrosa. El régimen no necesita una guerra para matar: ya está matando a su propio pueblo. Y no se va a detener ahí. La República Islámica no es solo un problema interno de Irán, es una amenaza global. Ha atentado en otros continentes, ha financiado milicias, ha atacado ciudades. Pensar que va a comportarse como un actor racional es no entender su naturaleza.

La gente participa en una manifestación en apoyo al pueblo iraní, organizada por la diáspora iraní
EFE/EPA/TINO ROMANO

-Desde Europa se insiste a menudo en que el cambio debe venir desde dentro, desde la calle.

-Llevamos 48 años saliendo a la calle. ¿Cuántos muertos hacen falta? En 2022 casi todo el país se levantó durante semanas (protestas “Mujer, Vida y Libertad”). Mataron miles de personas día y noche. Decir que “no fue suficiente” es una crueldad. Díganme un número: ¿un millón de muertos bastaría para que el mundo reaccionara? Al menos así sabríamos a qué atenernos.

-¿Cree que el régimen está realmente debilitado?

-Sí, está cayendo, pero aún puede morder. Está económicamente quebrado, ha vendido sus recursos por adelantado durante décadas, no tiene legitimidad social. Precisamente por eso es tan peligroso darle oxígeno ahora. Cada negociación le da tiempo, dinero y capacidad para reprimir más y preparar el siguiente golpe.

Muertes
A cuentagotas se van conociendo los rostros de la represión en Irán

-En España y otros países europeos hay movilizaciones de la diáspora iraní. ¿Cómo se organizan?

-Seguimos movilizándonos, aunque estamos agotados. El 14 de febrero hay una jornada internacional de acción en muchas ciudades del mundo. Pero ahora mismo estamos paralizados por una pregunta: ¿por qué Occidente insiste en hablar con este régimen?

-En manifestaciones recientes en España se han vivido momentos de tensión. ¿Se sienten solos?

Muchísimo. Y no solo yo: los iraníes en general. Sentimos que gritamos solos en las plazas. Mucha gente en España cree que esta lucha no va con ellos, que es “lejana”. Pero un día entenderán que también luchábamos por ellos. Y cuando la amenaza llegue a sus casas, estarán igual de solos.

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Una manifestante participa en una protesta en apoyo a los iraníes
EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

-¿Qué le pediría a la sociedad española?

-Coherencia moral. No se puede hablar de derechos humanos y mirar hacia otro lado cuando un régimen ejecuta, tortura y hace desaparecer personas a diario. No se puede ser selectivo con la empatía. El silencio también es una forma de complicidad.

-¿Aún tienes esperanza?

-Sí, porque no tenemos otra opción. La historia juzgará a todos. Y estoy segura de que los iraníes no seremos quienes tengamos que agachar la cabeza. Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos. Ojalá el mundo no tenga que pagar un precio tan alto para entenderlo.

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