El nombramiento provisional de Gemma Barroso llega en un momento especialmente delicado para la cúpula policial. La Dirección Adjunta Operativa (DAO) es, en la práctica, el engranaje que coordina el músculo operativo de la Policía Nacional: planificación, despliegues, prioridades y conexión diaria entre las unidades y la dirección política. Por eso, cuando el puesto queda vacante —aunque sea de forma transitoria— no solo se cubre un cargo, se trata de evitar que la institución se quede sin timón en plena marejada.
Esa marejada tiene nombre propio. La salida del anterior DAO, el comisario principal José Ángel González Jiménez, se produce tras la admisión a trámite de una querella por presunta agresión sexual y otros presuntos delitos, según informaciones publicadas en los últimos días, con una citación judicial fijada para el 17 de marzo. En ese contexto, Gemma Barroso aparece como la figura llamada a sostener el puente de mando mientras se decide el encaje definitivo de la plaza.
Un relevo temporal con mucho peso
Que Gemma Barroso sea señalada como sustituta temporal no es un detalle menor. En estructuras jerárquicas como la policial, los relevos provisionales no suelen improvisarse: responden a un esquema de sustituciones y a una lógica interna de continuidad. Y esa continuidad, en este caso, es clave, porque el DAO no es un cargo ornamental.
El puesto funciona como bisagra entre el trabajo operativo y la cadena institucional. Lo que se busca, por tanto, no es solo cubrir una ausencia, sino sostener la normalidad en el día a día. En una crisis, el perfil elegido también envía un mensaje.

Situar a Gemma Barroso al frente de manera interina proyecta una idea concreta: control del procedimiento, mantenimiento del pulso operativo y una voluntad de que la transición sea ordenada. Es, además, una decisión que se mira con lupa hacia dentro y hacia fuera, porque cualquier paso en falso alimentaría la sensación de vacío en la cúspide.
No es casual que, en paralelo, Interior haya tenido que salir a dar explicaciones sobre cómo se ha gestionado el caso y qué información se conocía y cuándo, con intervenciones públicas del ministro Fernando Grande-Marlaska. La sustitución temporal, en ese marco, también cumple una función de cortafuegos: garantizar que el foco no se desplace del trabajo policial al ruido interno.
De la experiencia operativa al mando de Recursos Humanos
La trayectoria de Gemma Barroso ayuda a entender por qué su nombre encaja en un escenario de transición. Nacida en 1967, ingresó en la Policía Nacional en 1991 y es licenciada en Derecho. Su carrera no se ha construido en un único carril, y ahí está una de sus principales bazas: ha pasado por ámbitos vinculados tanto a la vertiente operativa como a las áreas de gestión.
Dentro de su currículum figuran etapas ligadas a Policía Científica y a Información, dos terrenos distintos pero con un denominador común: la disciplina del método. En Científica, el trabajo se apoya en procedimientos, trazabilidad y rigor técnico; en Información, en la lectura estratégica, la prevención y la coordinación. En una sustitución temporal del DAO, esa combinación resulta valiosa, porque permite moverse con soltura en el equilibrio entre decisión y prudencia.
Antes de su cargo actual, Gemma Barroso fue jefa de Operaciones de la Comisaría General de Información, una posición que implica gestión de prioridades y coordinación interna. Además, se ha citado que dirigió la comisaría de San Cristóbal de La Laguna y que también trabajó previamente en el área de Recursos Humanos y Formación, un recorrido que conecta con su destino más reciente.
Su llegada a Recursos Humanos y Formación de la Dirección General de la Policía
Ese destino llegó en 2024, cuando Gemma Barroso fue nombrada subdirectora general de Recursos Humanos y Formación de la Dirección General de la Policía. Dicho de otra manera: desde entonces ha estado en el centro de la maquinaria que ordena carreras, formación, perfiles y necesidades de plantilla. En tiempos normales, es un puesto de enorme influencia. En tiempos de crisis, es también un observatorio privilegiado de tensiones internas y un punto de apoyo para sostener la organización.

Su progresión en la escala de mando refleja un ascenso sostenido: inspectora jefa en 2006, comisaria en 2012 y comisaria principal en 2020. Esos hitos son importantes porque dibujan un perfil de mando consolidado, con experiencia suficiente para asumir un puesto de máxima exigencia, aunque sea de manera provisional, sin que la institución se resienta en su funcionamiento cotidiano.
Aun así, conviene subrayar lo esencial: Gemma Barroso no llega a un despacho cualquiera, sino a un lugar donde cada decisión se interpreta. Su papel como sustituta temporal del DAO no se medirá solo por lo que haga, sino por lo que consiga evitar: parálisis, ruido interno, mensajes contradictorios o una sensación de deriva. En un momento en el que la credibilidad de la cúpula está en disputa, la normalidad operativa se convierte en el objetivo más político de todos.
Y, precisamente por eso, Gemma Barroso se ha convertido en un nombre central. No por un relevo definitivo, sino por lo que simboliza un interinaje en la cúspide: el intento de sostener el pulso de la Policía Nacional mientras el caso que ha precipitado la dimisión del anterior DAO sigue su curso en los tribunales de Madrid.
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