El impactante relato de los Chunguitos sobre cómo vivían antes de ser famosos: “Vivíamos en una chabola de madera”

Con décadas de carrera a sus espaldas, Los Chunguitos vuelven a subirse al escenario con la misma energía que cuando empezaron

Los Chunguitos en El Hormiguero.

El regreso de Los Chunguitos a los escenarios en 2026 no solo ha traído consigo una nueva gira, sino también un emotivo repaso a sus orígenes más duros. Durante su reciente visita a El Hormiguero, los hermanos Salazar compartieron uno de los episodios más impactantes de su infancia: los años en los que vivían en una chabola de madera, sin agua corriente ni comodidades básicas.

El trío —formado por Juan, José y Jero Salazar en esta nueva etapa— inicia ahora la gira El reencuentro: 50+1, que arranca el 19 de febrero en Madrid, cinco años después de que el dúo original anunciara su separación profesional en 2021 tras más de cuatro décadas sobre los escenarios. Pero antes del éxito, hubo hambre, precariedad y noches sin cama.

“Pasamos mucha hambre”

José fue quien relató con mayor crudeza aquellos primeros años. “Vivíamos en una chabola de madera. No teníamos agua ni nada. Pasamos mucha hambre”, recordó ante las cámaras. La música, que acabaría convirtiéndose en su medio de vida, era entonces una herramienta de supervivencia.

De niños acompañaban a su padre por las calles, cantando y tocando un pequeño platillo para reunir algunas monedas. “Íbamos por los bares, por las mesas, por un puñado de pesetas”, explicaron. La escena dista mucho de los teatros y plazas de toros que hoy llenan con su rumba flamenca.

Su hogar carecía de lo más elemental. No había muebles, ni electrodomésticos, ni siquiera camas convencionales. Dormían sobre jergones improvisados, sacos rellenos de paja que extendían en el suelo cada noche.

El día que cambió todo

En medio de esa precariedad, ocurrió un episodio que marcó un antes y un después. Según relató José, un hombre al que conocían como “Juan de Málaga” se cruzó en su camino. Todo empezó con un gesto aparentemente simple: le pidió que le limpiara los zapatos. A cambio, le entregó 5.000 pesetas, una cantidad considerable para la época.

Pero la sorpresa no terminó ahí. El hombre quiso conocer el lugar donde vivían. Al ver la chabola y las condiciones en las que residía la familia, sacó un talonario y extendió un cheque de 300.000 pesetas. Una cifra que, en aquel momento, resultaba inimaginable para ellos.

Con ese dinero pudieron levantar una casa digna y comprar lo que hasta entonces parecía un lujo inalcanzable: camas, muebles, una televisión. “Lo cambiamos todo”, recordaron emocionados. Aquel gesto solidario transformó radicalmente su realidad.

De la calle a los escenarios

Los orígenes humildes de Los Chunguitos forman parte inseparable de su identidad artística. Sus letras, impregnadas de vivencias reales, hablan de superación, amor y dificultades. Temas como Carmen o Dame veneno nacieron de una trayectoria marcada por el esfuerzo constante.

Aunque en 2021 Juan y José decidieron poner fin a su etapa como dúo tras 45 años ininterrumpidos de carrera, alegando desgaste personal, el tiempo ha propiciado el reencuentro. En 2026 regresan como trío junto a Jero Salazar, recuperando una formación que muchos seguidores consideran histórica.

Memoria y orgullo

Lejos de ocultar su pasado, los artistas lo reivindican como parte esencial de su historia. “Todo lo que somos viene de ahí”, han señalado en distintas entrevistas. La escasez económica y las dificultades no frenaron su vocación, sino que reforzaron su determinación.

El relato compartido en televisión ha conmovido a muchos espectadores, no solo por la dureza de las circunstancias, sino por el contraste con el éxito alcanzado después. De dormir sobre sacos de paja a recorrer escenarios internacionales; de cantar en las calles por unas monedas a iniciar una gira multitudinaria.

Hoy, con décadas de carrera a sus espaldas, Los Chunguitos vuelven a subirse al escenario con la misma energía que cuando empezaron. Su historia recuerda que detrás de cada éxito suele haber capítulos invisibles de esfuerzo y sacrificio. Y que, en ocasiones, un gesto inesperado puede cambiar el rumbo de toda una vida.

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