Las sandalias que vuelven a conquistar las bodas de esta primavera son, curiosamente, las mismas que tu madre guardaba como oro en paño en los años noventa. Aquellas que combinaba con vestidos lenceros, trajes minimalistas o conjuntos impecables para acudir como invitada perfecta regresan ahora con fuerza, demostrando que el tiempo, en moda, es siempre circular.
La herencia estilística de los 90
Nuestras madres no solo nos enseñaron trucos de belleza frente al espejo; también nos dejaron lecciones silenciosas sobre estilo. Nos mostraron que la elegancia no necesita excesos, que un buen zapato puede elevar cualquier conjunto y que las tendencias nunca desaparecen del todo: simplemente esperan su momento para volver.
En plena fiebre nostálgica por los 90 y los 2000, diseñadores y prescriptoras han vuelto la mirada a esa década. Y si hace poco hablábamos del resurgir del zapato bicolor, ahora el foco se posa sobre otro clásico infalible: los mules de tacón.
Ese modelo destalonado, de líneas limpias y aire sofisticado, que dominó bodas y celebraciones a finales del siglo pasado, regresa dispuesto a convertirse en el calzado estrella de la primavera 2026.
El zapato perfecto para invitadas
Editoras de moda, estilistas y habituales del street style ya los han recuperado. Frente a las tradicionales sandalias de tiras metalizadas o los stilettos vertiginosos, los mules ofrecen una alternativa cómoda, pulida y versátil.
Su principal virtud reside en el equilibrio. Tienen la altura justa para estilizar sin sacrificar estabilidad y un diseño lo bastante sobrio como para adaptarse a casi cualquier estilismo. Funcionan con vestidos vaporosos, trajes sastre en tonos pastel o conjuntos más atrevidos.
Y hay un detalle clave: no se quedan relegados al fondo del armario tras el evento. Son fáciles de reutilizar con vaqueros rectos, faldas midi o incluso con looks de oficina. En tiempos de consumo más consciente, esa versatilidad se convierte en un valor añadido.

Así se llevan en 2026
Esta temporada regresan reinterpretados, pero sin perder su esencia noventera. Los veremos con tacones sensatos, ni demasiado finos ni excesivamente altos, pensados para aguantar horas de celebración.
También destacan los acabados satinados que aportan un brillo delicado, los detalles joya discretos o aplicaciones florales. En cuanto a colores, dominan los tonos tendencia: rosa empolvado, beige, marrón chocolate y, por supuesto, el eterno negro. Incluso los estampados clásicos como los lunares encuentran su espacio en esta silueta.
El atractivo del mule reside en su capacidad para sumar sofisticación sin esfuerzo. No compite con el vestido, lo acompaña. No busca protagonismo estridente, sino coherencia. Y esa filosofía encaja con la nueva forma de entender la moda de invitada: piezas pensadas para durar más allá de una sola ocasión.
Nostalgia que funciona
Quizá lo más interesante de este regreso es que no resulta impostado. Al contrario, parece natural. Basta con revisar álbumes familiares para comprobarlo: en muchas fotos de bodas noventeras, ahí están. Discretos, elegantes, perfectamente integrados en estilismos que hoy volverían a ser tendencia.
En un contexto donde lo minimalista vuelve a imponerse frente a lo recargado, recuperar este zapato tiene todo el sentido. Es una silueta atemporal, con historia, que ya demostró su eficacia hace tres décadas.
