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El Rayo Vallecano muere lentamente: “Martín Presa desprecia al femenino”

La sección del club madrileño llegó a disputar Champions, ganar Ligas y Copas de la Reina. Ante su declive, sus históricas reaccionan para El Córner de Artículo14

Quizá si pensamos en un equipo jugando la Champions, levantando ligas o acumulando Copas en las vitrinas de su club nos cueste pensar en el Rayo, pero hubo un momento en el que su sección femenina vivía exactamente eso. “Esta muriendo lentamente” nos comentan amargamente quien pudieron vivir aquellos tiempos dorados.

Porque en estos días el Rayo Vallecano está en boca de todos por la deficiente gestión deportiva en cuanto a sus instalaciones que no le han permitido jugar sus dos últimos partidos de liga. El césped y las instalaciones como punta del iceberg de una situación que empieza a ser alarmante.

El deterioro de la entidad no se queda únicamente en el primer equipo.

De la Champions a Tercera

El Rayo femenino actualmente milita en la tercera categoría del fútbol femenino, a pesar de que hace sólo cinco años que eran equipo de Primera División. Con 14 puntos y sólo tres partidos ganados el equipo madrileño se despedía en mayo de 2022 de la categoría tras 19 años en la élite y desde entonces, no ha levantado cabeza.

Aquel año, las jugadoras ya alertaron sobre su situación en un comunicado. Denunciaban la precaria situación en la que se encontraba el equipo. A pesar de que este medio se ha puesto en contacto con ellas, ellas no se sienten libres para poder opinar, parece que el miedo les hace callar.

Las que sí alzan la voz son sus jugadoras históricas. A través de los recuerdos de Priscila Borja, de Cristina Auñón y de Vanessa Gisbert reconstruimos el recuerdo nostálgico de un Rayo que en estos momentos no existe.

Aquellos maravillosos años

El Rayo vivió su etapa más laureada desde 2008 a 2011, tan sólo ocho años después de su creación. Tres ligas y una Copa de la Reina lo avalan.

Esa etapa la vivió y disfrutó Vanesa Gimbert “era uno de los equipos más punteros del panorama”. Aquel vestuario estaba formado por nombres tan ilustres como el de la actual seleccionadora, Sonia Bermúdez, Willy, Sandra Vilanova, Queca, Alicia Gómez, quien posee el récord de mayor número de partidos jugados con 387 o Natalia Pablos, una de las jugadoras más importantes de la historia de la entidad.

Un grupo que llegó  a conquistar tres ligas de forma consecutiva. De la cosechada en Málaga recuerda como “nos esperaban en Atocha un montón de personas para felicitarnos, nos escoltaban hasta el estadio, era increíble”. Y ahí no puede dejar de acordarse de Lola Barraza, una aficionada que se dejaba la vida por ellas. “Nos trataba a todas como hijas”, recuerda con nostalgia.

El Rayo ya no sólo era un equipo de barrio jugando en Europa, era un pionero en el fútbol femenino español.

En 2013 llegó procedente del Atlético de Madrid Priscila Borja. Llegué a un club humilde, pero que tenía un gran equipo. En aquel momento el objetivo era quedar entre las seis primeras de la Liga y hacer un buen papel en Copa de la Reina”.

Un equipo que a pesar de no estar profesionalizado pagaba “entre 400 y 900 euros al mes, que en aquellos momentos sin haber convenio era una buena cantidad”, se acuerda la goleadora. A quien no recuerda es a Raúl Martín Presa, quien había llegado a la presidencia en 2011, “yo nunca le vi por ningún partido nuestro”, asegura.

Drásticos recortes

De quien sí recuerda un gran respeto es de Paco Jémez, quien en aquellos años entrenaba al masculino y públicamente ofreció su apoyo cuando comenzaron los recortes de presupuesto que afectaban directamente a las jugadoras.

No puedes tener a gente sin pagarle el piso, con cortes de luz, o con una mala alimentación que afecte a su salud, es denigrante“, afirma la ex delantera a quien la situación actual le llena de tristeza.”Me da muchísima pena. Si no quieres tener una sección, si no te interesa, no la tengas, pero no la dejes morir. Martín Presa desprecia al femenino“, reflexiona Priscila.

En la misma línea Vanesa cree que “si tienes sección femenina tienes que apostar de verdad y tienes que cuidarla”. “Yo por ejemplo venía del Sevilla y no tenía nada que ver, allí entrenabas en la Ciudad Deportiva”, relata.

Sin duda, los mejores recuerdos ambas los encuentran en el buen ambiente que había en el vestuario, “sigo en contacto con prácticamente todas”, asegura Vanesa. Y esa unión del vestuario es lo que casi lo que más resalta Cristina Auñón. Más de una década en el club y capitaneando al equipo franjinegro en los años previos al descenso.

Llegó en 2011 a un equipo que sabía lo que era ganarlo todo y que ella había vivido en una etapa anterior con el filial. “Es que habían recibido a equipos como el Arsenal en su casa“, comenta. “Cuando llegué estábamos cerca del Barça del Atlético de Madrid, pero poco a poco te ves sexto, luego no te meter en Copa y luego ya empiezas a mirar hacia abajo”, resume de una situación deportiva cada vez más preocupante.

Llegaron los recortes, y el fútbol base y la sección femenina fueron los más damnificados.

“Martín Presa había heredado un club con muchas deudas, aunque es verdad que con los Ruiz Mateos se habían producido impagos. Yo tengo compañeras que justo en los años que yo no estaba cuando consiguieron títulos tuvieron que pelear en los tribunales por cobrar tanto su sueldo como las primas que les habían prometido” asegura.

El declive de una etapa previa al descenso que el COVID terminó por apuntillar. Auñón fue de esas jugadoras que entró en ERTE con el Rayo. “Lo que vino después en cuanto a  protocolos fue un poco difícil de gestionar. No teníamos gimnasio, nuestro preparador físico se bueno se rompía la cabeza con cuatro pesas para que pudiéramos hacer algo en el propio campo. Los videos de análisis los veíamos a la intemperie… era muy complicado”, comenta Cristina de una situación en la que el club vallecano no les hacía sentir profesionales. “Veíamos el declive temporada tras temporada“, añade.

Hoy, son ellos quienes levantan la voz clamando por una situación que sus homólogas lleva viviendo años. Quizá su altavoz hace que el final de unos y otros no sea el mismo.

 

 

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