La muerte de Diana Bahador, una joven influencer iraní conocida en redes sociales como “Baby Rider”, se ha convertido en un nuevo foco de controversia en medio de la crisis política y social que atraviesa Irán. Con apenas 19 años y una fuerte presencia en Instagram, su figura trascendió el ámbito digital tras conocerse versiones opuestas sobre las circunstancias de su fallecimiento en un contexto marcado por protestas masivas y una dura represión estatal.
De acuerdo con organizaciones de Derechos Humanos, Bahador murió la noche del 8 de enero en la ciudad de Gorgan, capital de la provincia de Molestan, en el norte del país. Estas entidades sostienen que la joven recibió dos disparos por parte de las fuerzas de seguridad durante una protesta contra el líder supremo, Alí Jameneí. En particular, Hyrcani Human Rights afirmó que el ataque habría sido perpetrado por el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, una rama clave de las Fuerzas Armadas iraníes, en el marco de los operativos para sofocar las manifestaciones.
La versión difundida por estas organizaciones contrasta con el relato del régimen iraní. Según la prensa oficial, la influencer no se llamaba Diana Bahador, sino Shahrzad Mokhami, y habría muerto varios días después, el 22 de enero, como consecuencia de un accidente de tránsito. En esa narrativa, la joven habría perdido el control de su motocicleta y chocado contra una barrera de seguridad en una autopista de la provincia de Golestán.
La disputa por la verdad no se limita únicamente a la causa de la muerte. Hyrcani Human Rights denunció que el cuerpo de Bahador fue entregado a su familia dos días después de su fallecimiento bajo fuertes presiones de las autoridades. Según esta organización, los familiares habrían sido coaccionados para aceptar una “versión oficial falsa” de los hechos a cambio de poder recuperar el cadáver y realizar el funeral. Una fuente cercana a la familia declaró a The Telegraph que las autoridades solo accederían a entregar el cuerpo si se llevaba a cabo un entierro en secreto y si la familia negaba públicamente que la joven hubiera sido asesinada por las fuerzas gubernamentales.
En ese mismo contexto, Daily Mail informó que desde el perfil de Instagram de Bahador se difundió un comunicado (que ahora parece estar borrado) en el que se afirmaba que su muerte había sido producto de un accidente y se pedía a los seguidores que no difundieran rumores. Grupos de derechos humanos sostienen que ese mensaje habría sido publicado bajo presión de los servicios de inteligencia.
Protestas en Irán
La figura de “Baby Rider” se hizo popular mucho antes de su muerte. Con más de 200.000 seguidores en Instagram, la joven se hizo conocida por compartir videos y fotografías conduciendo motocicletas de gran cilindrada, sin llevar el velo obligatorio y con el rostro descubierto. Este tipo de contenido supone un desafío abierto a las normas impuestas a las mujeres en Irán, donde incluso conducir una motocicleta siendo mujer está prohibido.
Su popularidad creció a la vez que el estallido social que comenzó en su país a finales de diciembre de 2025. Las protestas surgieron inicialmente como respuesta a la fuerte devaluación del rial iraní frente al dólar y a una inflación creciente que golpeó duramente la economía. Con el paso de los días, las manifestaciones evolucionaron hacia un movimiento abiertamente anti-régimen. En este clima se vio reforzado por declaraciones de apoyo desde el exterior, entre ellas las del presidente Donald Trump y del príncipe heredero Reza Pahlavi, exiliado desde antes de la revolución de 1979.
En medio de ese escenario, la represión estatal dejó un saldo de víctimas cuya magnitud es objetivo de profundas discrepancias. Datos internos del Ministerio de Sanidad del propio régimen de los ayatolás indicarían que más de 30.000 manifestantes han muerto durante la ola de protestas, mientras que informes previos hablaban de al menos 16.500 fallecidos y alrededor de 330.000 heridos. Estas cifras contrastan con el balance oficial, que reconoce 3.117 muertos. La diferencia entre los números ha puesto en evidencia las tensiones internas y el control de la narrativa por parte del poder.
La muerte de Diana Bahador es otro caso que se suma a un patrón de represión contra jóvenes y mujeres que desafían las restricciones del régimen. Su imagen, difundida masivamente en redes sociales junto a la de cientos de otros iraníes intensifica las críticas hacia el Gobierno iraní por el uso de la fuerza letal contra manifestantes y por la falta de investigaciones independientes sobre estas muertes.
