Un mes

“La libertad tiene un precio. Volveré a salir a la calle”, confiesa una iraní desde Teherán

Un mes del inicio de la revuelta en Irán, en Artículo14 contactamos con una madre iraní en Teherán: “Hay una atmósfera general de luto”, describe quien ha visto "vehículos de gran tamaño, camiones, que imaginamos que transportaban cadáveres recorriendo las avenidas de la ciudad"

Una estación de autobuses incendiada y dañada durante las recientes protestas antigubernamentales, en Teherán, Irán, el 21 de enero de 2026.
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Teherán está diferente. Hay un ambiente raro, una atmósfera de niebla, depresión y luto que cubre toda la ciudad”. Nos lo confiesa burlando los apagones y gracias a sus contactos en la diáspora en España una joven de la capital iraní que ha pedido a Artículo14 permanecer en el anonimato. Nos sugiere que en todo caso empleemos el pseudónimo ‘dokhtar e Iran’, lo que se traduce al español como ‘hija de Irán’. Porque su nombre oculto por el miedo es el de todas las iraníes, el de toda una nación que acaba de vivir el mayor horror colectivo de su historia contemporánea.

A pesar del bloqueo de internet y de las conexiones telefónicas -que va a cumplir tres semanas-, las distintas ONG y organismos internacionales se aventuran estos días a poner cifras a la brutal operación de las Fuerzas de Seguridad de la República Islámica contra los manifestantes de una revuelta que comenzara hoy hace un mes entre las tiendas de teléfonos móviles del Gran Bazar de Teherán.

Las cifras de los muertos en Irán

Si las estimaciones conservadoras hablan de 4.000 muertos, medios de comunicación como el digital opositor Iran International estimaba este lunes que al menos 36.500 personas perecieron sobre todo entre los días 8 y 9 de enero. Lo hacía días después de que los británicos The Guardian o The Sunday Times ofrecieran cifras similares. Nuestra joven anónima, una más en las multitudinarias protestas de Teherán -la primera vez que participa en una movilización en la calle, reconoce-, se admite incapaz de arrojar una estimación sobre el número real de víctimas mortales. “Hemos visto estos días vehículos de gran tamaño, camiones, que imaginamos que transportaban cadáveres recorriendo las avenidas de la ciudad, pero no lo sé”, admite.

Manifestantes se manifiestan en apoyo del pueblo iraní
EFE/EPA/ANGELO CARCONI

“No tenemos ánimo. He estado en el Gran Bazar de Teherán -la zona cero de la protesta- o a supermercados en mi barrio y está todo cerrado, la gente no tiene ganas de ir a comprar”, admite la joven iraní a este medio desde la capital de un país en shock. La realidad es siempre más compleja de lo que las piezas periodísticas y los análisis de urgencia de los especialistas hayan podido anticipar o describir. La experiencia de lo ocurrido con otros regímenes autoritarios que cayeron -algunos inesperadamente- en los últimos años en el entorno regional hizo pensar a los observadores más conspicuos que un tsunami juvenil de las dimensiones del que tomó simultáneamente las calles de decenas de localidades de Irán sería imparable y acabaría haciendo caer a un régimen herido.

Un mes después el sistema político nacido de la revolución de 1979 ha prevalecido empleando la misma exitosa receta que otras veces en las últimas décadas: detenciones masivas y fuego directo contra la población civil y dejar pasar los días hasta que el terror colectivo haga su efecto. Muchos de los especialistas creen, con todo, que ya nada será igual para un régimen que está ya herido de muerte. No son buenas, desde luego, las noticias que está recibiendo la República Islámica. El rial -la depreciación de la divisa fue un factor clave en el inicio de la protesta entre los comerciantes capitalinos- volvía este martes a marcar un mínimo histórico respecto al dólar. Los Estados de la Unión Europea podrían incluir a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria en su lista de entidades terroristas en las próximas jornadas. El libreto habitual del régimen obliga a sus líderes a alternar el tono amenazante y el prudente. Este martes el presidente iraní, Masud Pezeshkián, le aseveraba al príncipe heredero saudí MBS que su país “siempre saluda cualquier proceso que, en el marco del derecho internacional, evite la guerra”. La experiencia de los sucesivos golpes israelíes en suelo iraní de 2024 y 2025 confirmaron la fragilidad de un régimen que no está dispuesto a librar la “guerra existencial y total” sabedor de su inferioridad respecto a Tel Aviv y Washington.

Irán
Una manifestante participa en una protesta en apoyo a los iraníes
EFE/EPA/MOHAMMED BADRA

Pero un mes después del 28 de diciembre, día de los miles de inocentes iraníes caídos, el actual impasse inquieta, duele, tortura a millones de iraníes dentro y fuera de las fronteras persas: ¿Qué más se puede hacer? ¿Tiene que intervenir Estados Unidos? ¿Ha de organizarse una alianza mundial más amplia? ¿Debemos ser nosotros los que acabemos desde dentro con la teocracia para así honrar a los miles de caídos? ¿Es mejor quizá esperar a la implosión interna de un régimen tocado de muerte y de esta forma evitar la escalada? ¿Es necesario el surgimiento de una figura reformista del interior del régimen que impulse cambios profundos en el sistema? ¿Nos toca seguir esperando?

“La libertad tiene un precio. Volveré a salir a la calle”

La vida sigue y una nueva suerte de normalidad se impone mientras tanto en las invernales calles y avenidas de Teherán y el resto del país. Cuando se le piden mas detalles sobre cómo es ir y volver del trabajo a casa estos días por la capital iraní, la joven recuerda cómo una suerte de vigilantes o espías del régimen -los conocidos como lebas shakhsi– vestidos de paisano observan los movimientos cotidianos de los ciudadanos considerados sospechosos. “Ni el teléfono móvil ni internet funcionan bien, solo podemos comunicarnos con normalidad con los fijos”, relata a Artículo14.

Teherán
Una gran valla publicitaria contra EE UU en la plaza Enqelab de Teherán
Efe

“Hay un enfado reprimido por todo lo ocurrido”, nos relata la joven en condición de anonimato, “un abatimiento en cada uno de nosotros”. Con todo, la joven de Teherán nos admite que, lejos de haber quedado paralizada por el miedo, se echará nuevamente a la calle a protestar contra las autoridades de su país en la próxima ocasión: “Saldré otra vez. La próxima vez tengo claro que ‘o ellos mueren o muero yo’. Soy mamá de un niño de cuatro años, pero ahora tengo claro que la libertad tiene un precio”.

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