Protestas en Irán

Tres generaciones de mujeres iraníes en España: “Están siendo días de tensión y dolor”

Fariba Ehsan, Hedyeh Nakhai Nour y Elnaz Gholami, tres iraníes residentes en España, cuentan a Artículo14 su visión sobre la situación actual de Irán tras las protestas. "Tengo mucho miedo de que pueda pasar algo a mis padres"

Tres iraníes en España
Hedyeh Nakhai Nour, Fariba Ehsan y Elnaz Gholami, durante su encuentro con Artículo14

Preocupación y tristeza por el presente y cautela sobre el futuro. Es el sentir de Fariba Ehsan, Hedyeh Nakhai Nour y Elnaz Gholami, tres iraníes residentes en España, tres generaciones y mundos pero sentir compartido con miles de compatriotas que observan desde nuestro país -y en muchos otros lugares del mundo- la situación que desde hace casi tres semanas se está viviendo en Irán. Lo que el pasado 28 de diciembre comenzó como una protesta de comerciantes del Gran Bazar de Teherán por la asfixiante situación de sus negocios derivó con rapidez en una impugnación general de un régimen nacido en la revolución de 1979 y que batalla con todos los medios represivos a su alcance por supervivencia.

“Lo que está padeciendo el pueblo iraní es un crimen contra la humanidad cometido por la República Islámica de Irán. Nuestra preocupación es máxima”, reconoce a Artículo14 Fariba Ehsan, presidenta de la Asociación Iraní para la Defensa de los Derechos Humanos en España y residente desde 1995 en Madrid. Como los varios millones de iraníes en la diáspora -las cifras oficiales estiman que más de cuatro millones viven fuera de las fronteras de la República Islámica, pero las reales pueden ser sensiblemente superiores-, estas tres mujeres perdieron hace más de una semana contacto con sus familias en Irán después de que el gobierno decretara el apagón total para tratar de atajar la revuelta.

Fariba Ehsan, presidenta de la Asociación Iraní para la Defensa de los Derechos Humanos en España
Javier Cuadrado

Una comunidad en vilo

“La situación la estoy viviendo con mucha desesperación, como todos los iraníes que vivimos fuera del país y que, desde el corte de Internet del pasado 8 de enero, no podemos comunicarnos con quienes están dentro de Irán. No solo nos preocupa la situación de nuestras familias, sino también la de todos nuestros compatriotas”, asegura la traductora y profesora de persa y español Elnaz Gholami. “Hablé con mis padres por última vez la mañana del jueves 8 de enero. Fue una conversación ‘normal’, y con normal me refiero a las quejas habituales: la contaminación, la subida constante de los precios y el hecho de que pasan mucho tiempo en casa porque salir por ejemplo a cenar o ir al cine resulta demasiado caro. Tienen que controlar mucho sus gastos y limitarse a lo esencial. Le pedí a mi padre que no fuera al Gran Bazar de Teherán, donde suele ir a hacer la compra, porque ya habían comenzado las huelgas y las protestas”, relata a Artículo14 la joven residente desde hace seis años en Valencia, donde llegó para estudiar un máster universitario en lingüística y trabaja desde entonces.

“Mis padres son mayores y yo soy hija única, así que tengo mucho miedo de que les pueda pasar algo”. Además, prosigue la profesora, “ya antes de las revueltas estaba muy preocupada por mis padres, que están jubilados”. “Siempre me dicen que están bien, pero yo no sé si realmente lo están. Ellos también se preocupan por mí y quieren enviarme dinero para ayudarme, pero el cambio del rial al euro es casi una broma: después del cambio, lo que recibes es una miseria”, confiesa a este medio desde la capital levantina.

Elnaz, joven iraní residente en Valencia / KIKE TABERNER

“La última persona con la que hablé antes del apagón fue mi prima y me recordaba a lo mucho que le impactaron las revueltas del 2022, tanto a nivel psíquico como físico y que le dejaron muchas secuelas y ahora otra vez todo se estaba repitiendo. Le angustiaba solo pensar en todo el sufrimiento que va a producirse de nuevo,  y me decía: ‘por favor, orad por el pueblo de Irán, orad por tantos jóvenes, orad para que la cordura y el amor reine en el país’”, evoca, por su parte, desde Sevilla Hedyeh Nakhai Nour.

La más veterana de las tres en nuestro país, esta economista natural de Teherán y residente en España desde 1976 recuerda cómo sus padres marcharon de Irán antes de la revolución islámica: “Mi hermano y yo éramos unos niños, así que este año cumplimos 50 años en este maravilloso país”. “No he vivido en Irán con el régimen actual, pero desde los comienzos ya nos llegaban las noticias de la violación de los derechos humanos con la comunidad bahá’í -una minoría perseguida a la que pertenece la economista residente en la capital andaluza- en Irán, que es la minoría mayoritaria del país, únicamente por sus creencias. Y pronto supe que mucha más gente por diferentes motivos estaba siendo injustamente tratada”, explica.

Muchos miembros de mi familia cercana han sufrido saqueos, robos, despidos generalizados, prisión y muertes injustificadas durante muchos años. Pero, lejos de anidar odio en sus corazones contra sus verdugos, han seguido trabajando con la población más necesitada y ayudando a la educación de los más desfavorecidos. Las únicas herramientas utilizadas han sido la oración y el servicio a sus congéneres, para atenuar su sufrimiento, convirtiéndose en las fuentes de esperanza para todos”, confiesa a Artículo14 desde la capital andaluza, donde reside con su hermano y madre.

Hedyeh Nakhai Nour, economista natural de Teherán y residente en España desde 1976

El resultados de años de malestar

Desde mediados del verano pasado, los expertos en sociología política advertían que una nueva ola de levantamientos populares estaba en camino. Sus razones eran claras: ninguno de los problemas de la población había sido resuelto. Todas aquellas causas que llevaron a la gente a salir a las calles en diciembre de 2017 y en noviembre de 2019 seguían existiendo. Era natural que las protestas masivas y a nivel nacional se reanudaran”, reflexiona la activista Fariba Ehsan.

Coincide con ella Elnaz Gholami, quien recuerda que “tarde o temprano iba a llegar el momento en que la gente ya no podría aguantar más. La situación económica es terrible: los precios suben constantemente y el rial iraní pierde cada vez más valor. Además, muchos jóvenes no tienen trabajo porque apenas existen oportunidades laborales en un país tan aislado y cerrado en el que se ha convertido Irán tras las sanciones internacionales y la mala gestión del país”. “Nuestro año nuevo comienza en marzo y mucha gente no podrán permitirse comprar lo básico para las celebraciones, que son muy importantes culturalmente en Irán. Por eso sabía que, si esta situación no cambiaba, la gente saldría a la calle o haría algo para protestar antes de marzo”, asevera la joven nacida en la ciudad iraní de Takab.

“El régimen ha perdido su legitimidad”

A pesar de que las autoridades iraníes parecía contra las cuerdas hace apenas tres días y de la amenaza reiterada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de intervenir, el régimen comienza a dar muestras de estar en control de la situación, aunque la erosión sufrida augura que ya nada será como antes. “Es difícil saber si es el principio del final de la República Islámica. Sin embargo, es un hecho que, tras 46 años de gobierno y debido a su falta de rendición de cuentas frente a los problemas del pueblo, el régimen ha perdido su legitimidad, de tal manera que podemos afirmar con certeza que la inmensa mayoría de la población no quiere a este régimen”, asegura Fariba. “Pero esa no es toda la historia: el aparato represivo del régimen sigue funcionando. Aunque ha perdido mucho tiempo para reconstruirse y quizá ya sea demasiado tarde para que pueda prolongar su existencia mediante reformas”, precisa.

Irán
Fariba Ehsan, durante su entrevista en Madrid con Artículo14
Javier Cuadrado

Por su parte, Elnaz, quien aprovecha su conocimiento de las redes sociales para contar a través de ellas la actual situación de Irán y la lucha de la juventud para mejorar el futuro del país, está convencida de que “sin apoyo o intervención externa, es imposible un cambio de régimen en Irán, si eso es lo que la gente desea. El régimen reprime las protestas como puede y, mientras tanto, la situación sigue empeorando”.

Para Hedyeh Nakhai “lo importante es que quien esté en el poder lo considere una oportunidad para servir a su pueblo; una oportunidad para ser recordado en la historia por haber ayudado a sus congéneres y al progreso de su país”. “Al fin y al cabo, el poder está en el servicio a los demás y en no imponer sus deseos egoístas y arbitrarios. De la comunidad internacional espero apoyo, protección y ayuda al pueblo de Irán como muestra de generosidad y humanidad”, expresa esta empleada en la contabilidad de una empresa organizadora de bodas.

El incierto futuro de una transición

Si poco nítido es el futuro inmediato de Irán, menos clara se antoja en estos momentos la ruta hacia eventual transición democrática. “Tengo esperanza en ver una democracia en Irán, sí, pero no puedo ser al cien por cien optimista. En Irán no existen partidos políticos ni una oposición fuerte organizada. Ahora mismo solo hay una alternativa, el hijo del sha de Irán, que intenta guiar estas revueltas y, en el futuro, una posible transición hacia la democracia. Hay personas que están a favor de la vuelta de la monarquía Pahlavi y otras que no. Sin duda, necesitaremos mucho tiempo para una transición de este tipo”, asegura Elnaz.

Reconoce Fariba que cuando a finales de 2022 surgió el movimiento Mujer, Vida, Libertad -como reacción a la muerte en custodia policial de la estudiante kurda Mahsa Amini, quien había sido detenida por no llevar bien colocado el velo- “era mucho más optimista que ahora”. “Las mujeres en Irán escribieron una página dorada en la historia de las luchas de las mujeres por alcanzar la igualdad de derechos con los hombres y, al mismo tiempo, por la construcción de una sociedad civil. En esta ocasión, lamentablemente, no soy muy optimista. Mi país aún tiene un largo camino por recorrer para llegar a una sociedad próspera y libre”, afirma la activista residente en Madrid.

Irán
Hedyeh Nakhai Nour, durante su entrevista con Artículo14 en Sevilla

Más optimista sobre el porvenir de Irán es Hedyeh Nakhai. “Estoy convencida del futuro glorioso de Irán. No sabría decir cuándo ni con qué régimen o gobierno, pero el pueblo persa tiene fuerza y orgullo suficiente para rehacer su país”, asegura. Además, la teheraní sevillana de adopción destaca el papel que están llamados a jugar los representantes de la comunidad bahá’í en Irán en el futuro: “Están preparados y capacitados para ayudar en la reconstrucción de su país independientemente del régimen que gobierne”.

“Estamos cansados y preocupados, y a veces, debido a la presión, nos cuesta hasta respirar. Pero es en esos momentos que la esperanza encuentra significado. Esperanza no significa ignorar el dolor, sino creer que este dolor no es el final. Nuestros corazones se rompen, derramamos lágrimas, y permanecemos en silencio, pero en lo profundo de ese silencio, lentamente se está formando una luz. Estamos vivos porque todavía pensamos en el mañana. Ninguna noche es eterna, aunque sea larga, el Sol de la Verdad despuntará”, confiesa con una mezcla de tristeza y esperanza la economista residente en la capital hispalense.

El desconocimiento de los españoles

España e Irán, Persia e Hispania, dos pueblos afines pero lejanos. “Hay mucha gente en España que no sabe siquiera dónde está Irán”, admite Elnaz. “A veces me hacen preguntas muy extrañas: si somos árabes, si montamos camellos o si vivimos en carpas. Mucha gente en España piensa que los iraníes somos terroristas porque desconocen la enorme diferencia que existe entre el pueblo iraní y el régimen. Además, a menudo solo se conoce de Irán la imagen que se transmite en los medios de comunicación, que muchas veces no refleja la realidad del pueblo iraní”, reflexiona la traductora y docente de persa.

Elnaz, joven iraní residente en Valencia/ KIKE TABERNER

Coincide en ello Fariba Ehsan, quien ha dedicado los últimos años a “sensibilizar a la opinión pública española sobre lo que ocurre en Irán y solicitar su ayuda y solidaridad con el movimiento democrático de mi país”. “El conocimiento sobre Irán en España es muy limitado. Es difícil encontrar a alguien en este país que sea capaz de mencionar siquiera el nombre de tres poetas o escritores iraníes”, lamenta. La concentración de esta tarde en el centro de Madrid “en apoyo a la Revolución Nacional de Irán”  y “dirigida a los amantes de la libertad en toda España” aspira también a corregir un ese secular déficit de desconocimiento.

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