La periodista española Antea Moreno logró dormir varias horas consecutivas en la noche del domingo. El día anterior, en que Israel y Estados Unidos lanzaron la operación militar sobre Irán -que resultó en la muerte del líder supremo iraní Ali Jamenei-, esta joven mallorquina, su pareja israelí y su hija pequeña apenas lograron dormir. Como en la “Guerra de los 12 días” de junio de 2025, los fuertes estruendos de los misiles balísticos iraníes y las intercepciones de las defensas antiaéreas israelíes retumbaron por toda el área de Tel Aviv.
“Estamos bien, porque dormimos en casa de unos amigos que ahora están en Japón, y aquí tenemos búnker en el piso”, cuenta por videoconferencia a Artículo14. Es un “lujo” del que no todos disponen en la ciudad: la mayoría de los residentes se ven obligados a correr a refugios públicos o párquines subterráneos cuando suenan las alarmas. En su caso, ya colocó colchones en el ma’amad (cuarto blindado) para pasar las noches en familia.

“He transitado por diferentes estados de reacción ante el conflicto. Cuando empezó el 7 de octubre, yo nunca había vivido una guerra”, reconoce. No había sentido el miedo de recibir lluvias de misiles, alarmas que resuenan en el aire, la incertidumbre de no saber donde será el próximo impacto. Pese a que las baterías antiaéreas israelíes son efectivas -neutralizan cerca del 90% de proyectiles-, algunos logran impactar y hacer daño, como ocurrió el domingo en Bet Shemesh, donde un impacto directo causó nueve muertos y un enorme cráter.
“Después de dos años de estar viviendo en guerra, te vas acostumbrando a lo que supone una amenaza de misil, lo vas normalizando porque estás en un país donde hay mucha seguridad dentro de esta situación tan extrema”, agrega Moreno. Además del cuarto blindado, la comandancia civil de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emite difusiones constantes para mantener alerta a la población. Se insiste en la urgencia de permanecer en espacios blindados, con las puertas debidamente bloqueadas, hasta que se levanten las restricciones. En tiempos de guerra, las diferencias en el estado judío quedan enterradas y toda la población rema al unísono.

Pese a estar familiarizada con el riesgo, a veces la situación la supera. El sábado por la noche, volvía conduciendo a Tel Aviv desde la zona de Jerusalén. El cielo oscuro empezó a iluminarse por el destello de decenas de misiles. Los booom eran ensordecedores. “Todas las sirenas sonando de repente y yo me cagué, me cagué viva. Es tremendo”. Su pareja le ordenó parar. Se echó a llorar. “Puede decir que mi evolución a la reacción ante los misiles ha tenido muchas etapas desde que he llegado”, reconoce.
Preservar la calma junto a su hija
Entre la necesidad maternal de preservar la calma con su hija y lidiar con una guerra cuyo desenlace es imprevisible, Antea Moreno agarra a diario su smartphone y se filma clips para publicar en Instagram. Dice que lo hace “para sacar por lo que llevo dentro, y por la necesidad y la rabia que siento cuando veo informaciones desde España”. La periodista, que aclara que procede de una familia y un entorno de izquierdas, considera que al mudarse a Israel “vi la otra cara de la moneda. Me habían llenado la cabeza de odio infundado, y me di cuenta de que no tenía ni idea de este conflicto”.
“Creo que la cura de la ignorancia y la cura del odio al final es información. Yo comparto mucho todo lo que vivo porque sé que tal vez cuando tú escuchas a un amigo tuyo contarte sus pensamientos, que está teniendo en base a la realidad que está viviendo, tal vez lo escuchas desde un sitio diferente porque conectas más con esa persona”, agrega Moreno. En cambio, cree que al ver a periodistas o opinadores en televisión o redes sociales, es más fácil “rechazarlo o directamente insultarle”.
Seguirá en Tel Aviv
Pese a la vorágine que sufre Oriente Medio desde el 7 de octubre de 2023, la periodista está decidida a seguir en Tel Aviv. “Yo quiero vivir aquí, yo quiero estar aquí con mi familia. Ahora mismo hay mucha incertidumbre sobre todo lo que va a pasar, pero los israelíes viven así desde toda su existencia”, prosigue. En tiempos de conflicto, también emerge la solidaridad: en los lugares donde impactan misiles, muchos corren a socorrer a las víctimas y dar refugio a quienes se quedaron sin hogar.
“Siento que estamos en un momento muy esperanzador, porque desde hace casi 50 años Irán está intentando machacar a Israel y a su gente, y ahora mismo que haya una ventana de oportunidad donde no esté el régimen de los ayatolás pues es ilusionante”, cree. No obstante, los analistas militares israelíes aclaran: sin subversión interna de la población iraní, será imposible tumbar la Revolución Islámica, que tiene una cadena de mando y sucesión muy bien engrasada. “Desde el 7 de octubre, he normalizado vivir con la incertidumbre”, concluye.
