Cuando Erena pensaba en Japón antes de mudarse, lo hacía desde una imagen muy concreta. “Japón lo solemos idealizar un poco también por el tema de los animes, de los dramas”, explica. Como muchas personas, tenía una visión del país influida por la cultura popular. Sin embargo, su experiencia real ha sido distinta, más compleja y también más cotidiana.
Su llegada a Japón fue más bien inesperada. Tras vivir cinco años en España, la pandemia cambió su situación laboral. “Nos quedamos sin trabajo”, recuerda. Fue entonces cuando decidió, junto a su marido japonés, que Japón podía ser una oportunidad. “Decidimos que Japón sería una buena oportunidad para los dos, porque hay más oportunidades de trabajo”.
Se trasladaron en 2023. Su marido, bilingüe en japonés y español, consiguió trabajo como traductor en un equipo de fútbol. Durante dos años vivieron en Tokushima y, más tarde, se mudaron a Nagoya tras una nueva oportunidad profesional como entrenador. Desde entonces, Japón se ha convertido en su día a día.
Uno de los primeros aprendizajes de Erena fue desmontar sus propias expectativas. “Lo idealicé demasiado”, reconoce. Con el tiempo, su visión se ha equilibrado: “Al final es un país como cualquier otro”. Aun así, su valoración general es positiva: “Me gusta mucho para vivir, la verdad”.

“Sin el japonés es bastante complicado”
La adaptación, sin embargo, no fue inmediata. El idioma y la distancia cultural marcaron los primeros meses. “Al principio es difícil adaptarse”, explica, especialmente porque “te sientes un poco solo” y “tiendes a aislarte un poquito”. Con el tiempo, esa sensación cambia: “Conforme vas conociendo el país y la cultura, te vas haciendo poco a poco”.
El idioma es, precisamente, una de las mayores barreras para quienes quieren instalarse en Japón. “Sin el japonés es bastante complicado”, afirma. Aunque el inglés puede ayudar, no es suficiente: “El japonés es bastante importante aquí”. En su caso, está aprendiendo poco a poco: “Voy a clases de japonés, pero es complicado, sobre todo la escritura”.
En el ámbito laboral, esta barrera lingüística condiciona las oportunidades. Por eso, Erena ha optado por alternativas online. “Eso ha hecho que busque alternativas”, explica, en línea con una realidad cada vez más común entre expatriados.
En cuanto al coste de vida, su percepción es matizada. Por un lado, reconoce que muchas cosas le parecen más baratas que en España, aunque advierte de un error habitual: “No se debe comparar con euros, porque aquí ganas en yenes”. Aun así, hay productos que le han sorprendido por su precio, especialmente la fruta. “Un melón te puede costar perfectamente unos 30 euros”, señala.
Encontrar vivienda tampoco es sencillo, especialmente siendo extranjero. “Muchos no aceptan extranjeros”, explica, o piden garantías adicionales. Aun así, insiste en que “con paciencia y ayuda se puede conseguir”.

¿Cómo es tener un marido japonés?
Más allá de lo práctico, una de las mayores diferencias que ha experimentado es la forma de comunicarse. “Nosotros somos mucho más directos”, dice, en contraste con la cultura japonesa, donde todo es más indirecto. Este cambio se percibe especialmente en las relaciones personales. “Ellos son más reservados, expresan las emociones de otra manera o tienden a guardárselo”.
Pone un ejemplo claro de esta diferencia con su propia relación de pareja. Mientras en España es habitual expresar los sentimientos con palabras, en Japón se hace más a través de gestos. “Él no me dice ‘pienso en ti’, pero luego pone mi fecha de cumpleaños en la matrícula del coche”, cuenta. Es una forma distinta de comunicar, que requiere tiempo para entender.
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También destaca que en Japón “no dicen no”, sino que recurren a fórmulas más ambiguas. “Suelen decir quizá”, explica, lo que puede generar confusión para quienes vienen de culturas más directas.
En el plano social, hacer amigos tampoco es tan inmediato como en España. “No es tan fácil, pero tampoco imposible”, matiza. Al principio, es más común relacionarse con otros extranjeros, y poco a poco, a medida que mejora el idioma, se abren más puertas. “Son un poquito más cerrados en ese aspecto”, reconoce.
Sin embargo, su experiencia personal con los japoneses ha sido positiva. “Siempre me ayudan”, afirma. También destaca la educación y los valores sociales: “Es un país de mucho respeto, mucha educación hacia los demás”. Para ella, este es uno de los aspectos más admirables de la cultura japonesa.
“Es una experiencia que merece mucho la pena”
En cuanto a su experiencia como mujer, señala diferencias culturales, aunque matiza su impacto. “Creo que hay diferencias en el papel de la mujer, sobre todo en el trabajo o con los niños”, explica, en referencia a modelos más tradicionales. Aun así, subraya que no lo ha vivido en primera persona: “Desde mi experiencia, yo no lo he vivido”.
Sobre los posibles prejuicios hacia extranjeros, su experiencia es claramente positiva. “No he tenido ninguna mala experiencia”, afirma. Al contrario, destaca la curiosidad y la cercanía de la gente. “Me dicen ‘qué bonito es tu pelo’ o me preguntan de dónde soy”.
Entre los choques culturales más significativos, vuelve a mencionar la comunicación y la expresión emocional. “Son muy reservados”, explica, y eso puede dificultar conversaciones más profundas. “No hablan mucho de su vida personal”, añade.
A pesar de todo, para ella vivir en Japón ha sido una experiencia enriquecedora. Aunque reconoce que le gustaría volver a España por motivos personales —“echo mucho de menos a mi familia”—, no duda del valor de lo vivido. “Es una experiencia que merece mucho la pena”.
De Japón, se lleva costumbres que ya forman parte de su vida, como “dejar los zapatos en la puerta” o “comer con palillos”. Pequeños gestos que reflejan el cambio de vivir dentro de una cultura tan distinta.
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