Guerra

Trump y los ayatolás pisan el acelerador para negociar una desescalada a la que ninguno quiere llamar empate

Pakistán confirma que todavía no hay fecha para una segunda ronda de negociaciones entre Washington y Teherán y el escollo real sigue siendo el programa nuclear iraní

EE UU
El presidente de EE UU, Donald Trump, habla con periodistas en la Casa Blanca en Washington
Efe

Aunque Donald Trump repite la misma frase desde hace más de un mes, todavía no hay una fecha marcada en el calendario. El mandatario se esfuerza en repetir día tras día que la guerra en Irán “está a punto de terminar” mientras el conflicto ha entrado ya en la séptima semana. Tras más de cuarenta días de ofensiva y habiendo terminado la primera ronda de contactos entre Washington y Teherán sin acuerdo, Trump confirma que volverá a reunirse con los ayatolás por segunda vez.

Pakistán se desmarca de la afirmación, que tampoco han confirmado los ayatolás. Aunque parece estar claro que habrá una segunda reunión, lo que todavía no se sabe es cuándo y en qué condiciones. Según el presidente estadounidense “Irán busca desesperadamente un acuerdo”. La frase la pronunció este miércoles en una entrevista en Fox News y lo hizo con la misma convicción con la que que lo ha dicho las doce veces anteriores. Pero Tahit Hussain Andarabi, ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán y hombre fuerte de las negociaciones, se ha desmarcado de estas declaraciones. “No se han decidido fechas para la segunda ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán”.

Aun así, Islamabad tan sólo revelaría un dato: el día. El país no tiene intención de despejar ningún detalle más que pueda comprometer unas conversaciones ya de por sí complicadas. “Esa es la parte de la confianza que las partes han depositado en nosotros”, argumentaba el ministro, que no puede jugarse el papel central de Pakistán como negociador en filtraciones a la prensa.

El vicepresidente de EE UU, JD Vance, y el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, durante una reunión celebrada en Islamabad.
EFE

¿A la segunda va la vencida?

Las conversaciones del sábado en Islamabad estaban a punto de terminar en buen puerto si no hubiera sido porque ambas partes, cuando estaban a punto de formalizar un alto el fuego prolongado, comenzaran a imponer posiciones maximalistas. Ese, al menos, fue el argumento utilizado por el gobierno de los ayatolás y que no fue desmentido por la administración estadounidense.

De la retahíla de puntos que propone Teherán o Estados Unidos, todos son fácilmente alcanzables excepto uno: la congelación del programa nuclear iraní. Los ayatolás proponen frenarlo durante 5 años, pero Washington pide 20. Si estas posiciones no cambian, difícilmente se puede llegar a un acuerdo aunque se celebre una segunda -o una tercera- ronda de contactos.

De todas formas, y aunque ambas partes todavía no hayan acordado un día concreto, Washington y Teherán ya estarían teniendo conversaciones. “Esas conversaciones se están llevando a cabo” y “somos optimistas respecto a las perspectivas de un acuerdo” aseguró este miércoles la portavoz de la administración estadounidense, Karoline Leavitt.

Una mujer iraní se encuentra junto a los edificios residenciales destruidos por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes en el complejo residencial Shahid Broujerdi, en el sur de Teherán, Irán, el 14 de abril de 2026.
EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

La República Islámica también ha confirmado que se mantienen los canales de comunicación abiertos y su predisposición para negociar un final a la guerra es más que positiva. Esta semana, las autoridades en Irán han recibido a una delegación pakistaní que intenta meter prisa a los ayatolás para intentar llegar a un acuerdo cuanto antes.

Se redobla la presión

Sin embargo, a las conversaciones entre Irán y Estados Unidos se suman -de forma paralela y proporcional- las amenazas de ambos países. Estados Unidos mantiene su bloqueo marítimo sobre el estrecho de Ormuz y la Guardia Revolucionaria ha amenazado con bloquear nuevas aguas: el mar rojo y el mar de Omán.

Aunque Irán no tiene acceso territorial ni tampoco soberanía sobre esta zona, los ayatolás ya han advertido a Donald Trump: “Si el Estados Unidos agresor y terrorista pretende continuar con su acción ilegal de bloqueo naval (…) las poderosas Fuerzas Armadas de Irán no permitirán la continuidad de ningún tipo de exportación ni importación en la región del golfo Pérsico, el mar de Omán y el mar Rojo”, aseguró el general Alí Abdolahu, el todopoderoso jefe del ejército iraní. Teherán considera que cualquier intento de Washington que signifique mantener su cerco en el estrecho no es sólo una provocación, sino una violación expresa del alto el fuego pactado el 8 de abril.

Las prisas de Trump

Lo cierto es que Donald Trump, que lleva desde que comenzó el conflicto anunciado su fin, le interesa terminar esta guerra. El mandatario, que preveía una intervención rápida y sencilla similar a la de Venezuela, ha subestimado la capacidad de su enemigo, que 48 días más tarde continúa soportando los golpes.

La opinión pública comienza ya a pesarle a Donald Trump. Una de las últimas, publicadas por el Washington Post, refleja que más de la mitad de los estadounidenses (52%) no encuentran sentido a esta guerra. El porcentaje se eleva hasta el 61% si tenemos en cuenta la encuesta del Pew Research Center.

Donald Trump responde a los medios de comunicación en la Casa Blanca.
EFE/EPA/JIM LO SCALZO

Tanto ha repetido que la guerra ha terminado que el mensaje ya ha comenzado a perder fuelle. También dentro del republicanismo más fiel, que comienza a cuestionar la manera en la que Trump está gestionando este conflicto. Todos estos datos, apuntan los expertos, son los que están motivando a Trump a pisar el acelerador y -quién sabe- si también a flexibilizar su negociación.

Trump no solo quiere poner fin a la guerra, también hacerlo de manera victoriosa. Pero eso es algo que también quieren los ayatolás, que se niegan a una claudicación total. Lo más seguro es que no haya ni vencedores ni vencidos. Ambas partes tienen mucho que perder y, de hecho, ya han perdido. Con el fantasma de otras guerras prolongadas en el tiempo y extremadamente sangrientas -como la de Irak, Afganistán o Vietnam– Trump quiere ahora cerrar de una vez este capítulo.

Su secretario de Guerra, Pete Hegseth, tuitea nada más levantarse y convoca casi a diario ruedas de prensa para sacar pecho por unos avances que todavía no se han materializado. Tampoco dan buenas sensaciones sus discursos plagados de amenazas que revelan más chantaje que acuerdos alcanzados: “Nuestras fuerzas están preparadas para reiniciar labores de combate si las autoridades iraníes eligen mal”.