Guerra en Irán

Ormuz reabre sobre el papel, pero la guerra lo vuelve a cerrar en la práctica

La tregua entre Estados Unidos e Irán no logra estabilizar el paso marítimo, condicionado por ataques en la región, control iraní y la incertidumbre

El mapa de tránsido de Ormuz este miércoles.
KiloyCuarto

El estrecho de Ormuz, arteria clave del comercio mundial de petróleo, vive una reapertura frágil. Tras el anuncio de una tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán, la narrativa oficial apuntaba a una normalización progresiva del tránsito marítimo. Sin embargo, Israel ha lanzado sobre Líbano (que ha quedado fuera del alto el fuego) un ataque sin precedentes que ha dejado centenares de muertos y millares de heridos.

Washington sostiene que el paso marítimo está operativo e incluso asegura haber detectado un aumento del tráfico. Pero al mismo tiempo, informaciones procedentes de Irán -en concreto de la agencia Fars- indican que el tránsito ha vuelto a interrumpirse, en respuesta a los bombardeos israelíes. Una vez más, los dos países no se ponen de acuerdo para compartir la información.

Los equipos de rescate buscan a personas desaparecidas entre los escombros de un edificio residencial parcialmente destruido tras un ataque aéreo israelí, en el barrio de Tallet al-Khayat de Beirut.
EFE

En la práctica, el estrecho no funciona con normalidad. Aunque técnicamente no está cerrado de forma absoluta, el tránsito continúa siendo mínimo. En las horas posteriores al acuerdo, apenas una decena de embarcaciones logró cruzar, mientras miles de buques permanecen detenidos en el golfo Pérsico o en sus accesos. La mayoría de los armadores ha optado por esperar ante la falta de garantías claras de seguridad.

Uno de los factores que explica este bloqueo es el sistema de control instaurado por Irán. Lejos de permitir un paso libre, Teherán ha organizado una especie de “aduana marítima” en el propio estrecho. Los barcos que desean atravesarlo deben seguir rutas específicas y, según diversas fuentes, abonar un pago elevado —en algunos casos cercano a los dos millones de dólares— mediante canales alternativos como yuanes o criptomonedas. A cambio, reciben una autorización que les permite continuar su travesía bajo supervisión de la Guardia Revolucionaria.

Este mecanismo, además de generar dudas jurídicas —ya que el derecho internacional prohíbe imponer tasas por el simple tránsito—, introduce un elemento de riesgo operativo. Militares iraníes verifican las cargas y, en caso de incumplimiento o falta de autorización, los buques pueden ser obligados a retroceder o incluso enfrentarse a amenazas directas, incluidos drones.

¿Cuándo volverá a la normalidad?

El clima de inseguridad no se limita al estrecho. En paralelo al alto el fuego, Irán ha continuado atacando objetivos en la región, incluidos infraestructuras energéticas en países del Golfo como Kuwait, Bahréin o Emiratos Árabes Unidos. También se han registrado ataques contra oleoductos estratégicos, como el que conecta el este de Arabia Saudí con el mar Rojo, una infraestructura clave para evitar precisamente el paso por Ormuz.

La situación se complica aún más con la extensión indirecta de la guerra al Líbano. Los bombardeos israelíes sobre territorio libanés, que han dejado numerosas víctimas, han servido de argumento a Teherán para endurecer su postura en el estrecho. Aunque Washington considera estos ataques un frente separado, para Irán forman parte del mismo tablero regional, lo que afecta directamente a la estabilidad del acuerdo.

Los equipos de rescate buscan a personas desaparecidas entre los escombros de un edificio residencial parcialmente destruido tras un ataque aéreo israelí, en el barrio de Tallet al-Khayat de Beirut.
EFE

En este contexto, la reapertura de Ormuz depende de condiciones que aún no están plenamente definidas. Algunas fuentes apuntan a que Teherán podría flexibilizar el tránsito a partir de las próximas negociaciones previstas en Islamabad, pero hasta entonces el paso seguirá condicionado. La incertidumbre también afecta al papel de otros actores, como Omán, que comparte control geográfico del estrecho y podría verse implicado en el sistema de gestión o incluso en el cobro de tasas.

A todo ello se suma la cautela de las aseguradoras, un elemento clave para el comercio marítimo. Sin cobertura frente a riesgos de guerra, los petroleros no pueden operar. Y aunque exista una tregua, las compañías necesitan tiempo para reevaluar la situación, ajustar primas y confirmar que no existen amenazas activas como minas o ataques. Por eso la apertura política no se traduce en una reactivación inmediata del tráfico.

Mientras esas alternativas se desarrollan, Ormuz sigue siendo un punto crítico. Y actualmente, pese a los contradictorios anuncios oficiales, su funcionamiento está lejos de la normalidad.

La evolución de los próximos días será clave. Si las negociaciones avanzan y se estabiliza la seguridad, el tráfico podría reanudarse gradualmente. Pero si las tensiones en Líbano y el golfo Pérsico continúan escalando, el estrecho seguirá siendo uno de los principales problemas de Trump, y del resto de las economías mundiales.