El precio del petróleo ha reaccionado con una caída fulminante al anuncio del alto el fuego temporal entre Estados Unidos e Irán. Después de semanas de máxima tensión en Oriente Medio y de una escalada que había disparado el coste de la energía a escala global, los mercados han respondido con alivio a la tregua de dos semanas anunciada de madrugada, justo antes de que expirara el ultimátum lanzado por Donald Trump a Teherán.
Ese giro diplomático ha bastado para provocar uno de los mayores desplomes diarios del crudo en los últimos años. Reuters situó la caída inicial del Brent en torno al 13,3%, hasta los 94,76 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) retrocedía un 15,2%, hasta 95,79 dólares. AP también recogió un movimiento similar, con el Brent en 94,76 dólares y el crudo estadounidense en 96,11 dólares.
El movimiento tiene un valor simbólico y otro muy práctico. El simbólico es evidente: el mercado deja de descontar, al menos por ahora, un escenario inmediato de bloqueo severo en el Golfo Pérsico. El práctico también lo es: cuando cae con esta fuerza el precio del petróleo, se reduce la presión sobre la inflación, sobre los costes del transporte y sobre las expectativas energéticas de las próximas semanas. El desplome llegó tras el anuncio de una tregua de dos semanas condicionada a la reapertura segura del estrecho de Ormuz, el gran cuello de botella del comercio mundial de crudo.
El alto el fuego cambia el ánimo del mercado
La clave principal de esta corrección está en la percepción del riesgo. Hasta ahora, el precio del petróleo venía impulsado por el temor a una interrupción prolongada del suministro. Especialmente por la situación en el estrecho de Ormuz, una vía por la que pasa una parte esencial del crudo y del gas que consume el planeta. El conflicto había llegado a tensar tanto el mercado que en marzo el petróleo registró su mayor subida mensual de la historia, con un salto superior al 50%.

El anuncio del alto el fuego entre Washington y Teherán ha cambiado de golpe ese marco mental. Trump aseguró que aceptaba “suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante un periodo de dos semanas”, mientras que Irán confirmó que permitiría el paso “seguro” por Ormuz, aunque bajo coordinación con sus Fuerzas Armadas. Esa doble señal ha sido interpretada por los inversores como una desactivación parcial del peor escenario posible: una guerra abierta acompañada de un estrangulamiento del tráfico marítimo en la zona.
Ormuz sigue siendo el verdadero termómetro
Aunque el hundimiento del precio del petróleo refleja alivio, no significa que la crisis esté resuelta. El foco sigue estando en Ormuz. La reapertura temporal del estrecho podría liberar alrededor de 130 millones de barriles de crudo bloqueados, además de importantes volúmenes de combustibles refinados y gas natural licuado. Pero al mismo tiempo advierte de que la normalización no será automática, porque navieras, aseguradoras y operadores energéticos siguen viendo la zona como extremadamente volátil.

Ese es el gran matiz que introduce prudencia. El precio del petróleo cae porque disminuye el miedo inmediato, pero sigue en niveles altos si se compara con los precios previos al estallido de la guerra. Antes de la escalada militar el Brent rondaba los 73 dólares por barril, muy lejos todavía de los niveles actuales. Es decir, el mercado ha corregido una parte de la prima geopolítica, pero no la ha borrado.
Brent y WTI bajan con fuerza, pero desde cotas todavía elevadas
La fotografía de este miércoles deja una señal muy clara: el precio del petróleo se ha desplomado con una intensidad poco habitual, pero lo ha hecho desde niveles extraordinariamente altos. El Brent cayó por debajo de los 100 dólares por primera vez en semanas, mientras el WTI mantuvo incluso una rara prima sobre el crudo europeo debido a diferencias técnicas entre contratos y entregas.
Esa distinción entre caída porcentual y nivel absoluto importa mucho. Un descenso del 13% o del 15% parece espectacular, y lo es, pero el mercado sigue lejos de una situación normal. El mercado físico del crudo continúa muy tensionado y Arabia Saudí ha elevado a máximos históricos sus precios oficiales de venta para mayo. Una señal de que la escasez de barriles disponibles sigue presionando la cadena energética internacional.
