Opinión

La cara oculta de la Luna

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Recuerdo sentarme en el suelo, delante del mueble donde mi padre guardaba los vinilos y pasar tiempo sacándolos con mucho cuidado, mirar las portadas a la vez que los escuchaba, y así ir descubriendo los distintos grupos que entonces escuchaba mi padre. En su colección había un vinilo que me parecía precioso. La portada del disco era de color negro y tan sólo tenía la figura de un triángulo (en realidad era un prisma) y un haz de luz blanca que incidía en el triángulo por la izquierda, lo atravesaba y se descomponía en los distintos colores que contiene la luz, en una réplica del experimento que hace más de trescientos años hiciera Isaac Newton.

El vinilo en cuestión tenía un nombre que también me parecía precioso, The dark side of the Moon, y era de un grupo que yo aún no había escuchado que se llamaba Pink Floyd. Yo debía tener entonces unos doce o trece años y con este disco descubrí a este grupo. El tiempo ha pasado, mi padre ya no está, y hoy este vinilo forma parte de mi colección.

Viene a mi mente este recuerdo ahora que los astronautas que van en la nave Orion, dentro del programa Artemis de la NASA, han hecho historia al viajar a ese lado de la Luna, al lado oscuro, a más de 400 000 kilómetros de la Tierra, habiendo marcado un hito histórico para la humanidad, ya que es la distancia más lejana a la que ido una misión tripulada.

El nombre del programa de la NASA que lleva a estos tres hombres y a la primera mujer que viaja a la Luna hacia este nuestro satélite es Artemis II. Artemis, sin apellido, es un nombre de diosa griega, para más detalle, hija de Zeus y Loto y hermana gemela de Apolo, y es la diosa de la Luna. Artemis, con apellidos (I o II) son las misiones de la NASA que tienen como objetivo acercarse a la Luna. En 2022 se lanzó Artemis I, una misión no tripulada, y en apenas unas horas terminará esta segunda misión homónima y tripulada. El nombre de este programa no es casual, todo lo contrario, se eligió precisamente por ser Artemis la diosa de la Luna y hermana de Apolo, nombre de la misión que llevó a Armstrong, Aldrin y Collins a la Luna.

El próximo sábado es el día que los astronautas regresan a la Tierra después de cumplir con la misión de ir al lado oscuro de la Luna. Observo una foto de la tripulación del Artemis y pienso qué extraordinario es ser astronauta, qué maravilla poder salir de nuestro planeta y observarlo desde fuera, como si fuéramos dioses. Qué maravilla ser astronauta, y qué duro a la vez, con todas esas pruebas físicas y mentales a las que tienen que someterse para poder ir en una misión y por las propias condiciones que experimentan en las misiones.

No me resulta difícil imaginar qué puede sentir un astronauta cuando se encuentra a esos miles de kilómetros de la Tierra, observando nuestro planeta en su totalidad y en su pequeñez en este espacio de dimensiones imposibles de procesar por nuestras mentes. No me resulta difícil, y supongo que más de uno habrá pensado lo que ya en la antigüedad pensaron tantos otros que miraban al espacio desde la Tierra, y se preguntaban quiénes somos nosotros, los humanos, qué hacemos en este lugar mínimo de este espacio abismal, en este nuestro planeta que parece una mota de polvo en el espacio que nos rodea, qué sentido tiene todo, y mil preguntas más.

En la canción Space Oddity, David Bowie nos contaba la historia del Mayor Tom, que se quedaba flotando en el espacio y perdía el contacto con la sala de control. No me resulta tampoco difícil imaginar que quizá algún astronauta, aunque haya sido tan sólo por un instante, ha pensado que quizá no estaría mal poder quedarse flotando en ese espacio.

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