Opinión

No hay país sin riqueza

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El gobierno de España lo ha vuelto ha hacer, “el Gobierno ha vuelto a mentir a los autónomos”, esas han sido las palabras del presidente de ATA Lorenzo Amor.

Por la puerta de atrás, sin anuncios ni avisos previos, los autónomos societarios españoles y sus colaboradores hoy se han levantado con la noticia de la subida de más del 42% de la base mínima de cotización. Atrás quedaron esas palabras del Ejecutivo sobre que no les subirían la cuota a los autónomos.

¿Sorpresa? La realidad es que el cambio de opinión constante del Gobierno no es una novedad, tampoco lo es el machaque constante al colectivo capaz de crear empleo y riqueza; la verdadera novedad sería que cumpliesen con la palabra dada algún día.

Cuando uno escucha la palabra ‘autónomo societario’ puede pensar que se está hablando de grandes empresas, de grandes fortunas, pero la realidad es que justamente esta subida afecta a esos autónomos que poseen pequeñas empresas en su mayoría. Empresas que están muy lejos de esos “malos malísimos” que nombra el gobierno continuamente para criminalizar al que se esfuerza, mientras por detrás alienta al parásito.

A esta gran fiesta de un país sin presupuestos, en la que se gasta a destajo y se anuncian medidas populistas pero insostenibles financieramente, definitivamente no están invitados los que la sostienen.

Amor calificaba esta subida de “salvajada”, además de denunciar la desigualdad de trato que a partir de ahora existe entre autónomos. Esta subida según expone el representante de ATA afecta sobre todo a mujeres mayores de 50 años de zonas rurales.

El gobierno de las mujeres de boca hacia fuera, de cartel y de pancarta, que cuando legisla las deja fuera. No se trata de una siempre subida, se trata de todo un sector situado en zonas sensibles y de un colectivo poblacional al que la asfixia continua le puede provocar el desistir de la actividad.

En ocasiones se manifiesta la necesidad expresa de que nuestros políticos sepan lo que es trabajar por cuenta propia, crear un proyecto, sudarlo y hacerlo crecer; también que sepan lo que es el fracaso y la pérdida. Quizás esta sea la única manera en la que comenzarán a poner atención a lo que regulan, a lo que proponen y a lo que venden.

Una persona a la que aprecio mucho me planteó un día una reflexión bastante racional, que en primer lugar me retrotrajo por oposición a una sesión de control del 2019 en la que la exvicepresidenta del Gobierno, la señora Carmen Calvo dijo que “el dinero público no era de nadie”.

La reflexión que me plantea esta persona es la de que “el dinero público no existe”. De primera puede sonar utópico, pero la realidad no está lejos de esa afirmación, al fin y al cabo, el dinero público no es más que el dinero privado “cedido” para una gestión pública. El problema llega cuando la gestión no es óptima, sino que se dilapida el dinero del contribuyente.

No hay país sin riqueza. Una sociedad sin riqueza no puede eliminar las desigualdades, no puede apostar por un estado del bienestar, no puede ayudar al que se levanta ni tampoco acompañar al que tiene éxito. Un país sin autónomos y empresas no crece, no posee crédito ni impuestos que aguanten el día a día, desperdicia el talento y se apaga en un universo de mediocridad.

Cada uno elige que país quiere dejar a las generaciones futuras. El de este gobierno parece que continuará siendo el del castigo al que se levanta.

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