Opinión

Como las maracas de Machín

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La intimidación es un método de negociación chungo, más si no se consuma. El matonismo es la manera más zafia de exigir respeto. Lo que nos revela la manera de obrar de Trump en Irán es que todo es un error desde el principio, y que su manera de sacar la pata es metiéndola hasta el fondo. Es un cable pelado que no sabe recoger cable, un narcisista que está intentando tapar su fallo de cálculo a bravuconada limpia. Todos los días no pueden ser ‘los días más importantes de la Historia’. Decir vía redes sociales que un pueblo entero morirá para luego salir por peteneras y alargar tu ultimátum roza lo ridículo y lo soez, y pasa de paso por lo cómico. Sería de risa si el chiste que está contando no fuera el mundo que conocemos. Sería desternillante si no estuviera desatornillando el orden mundial a golpe de ocurrencia.

El magnate es un lunático dispuesto a filmar la cara oculta de la Tierra que no crece, que juega al póker como si las fichas no fueran personas, como si sus faroles no alumbrasen su debilidad. Una debilidad que señala sus incongruencias y la impopularidad galopante que no solo se empieza a notar en Estados Unidos, sino en el propio movimiento MAGA. Dijo que jamás se metería en guerras, que acabaría con las que había empezado la administración Biden. Prometió que su aspiración, la de hacer a América grande otra vez, pasaría por recuperar la economía. Pues bien, tiene a su país con varios frentes abiertos y con una crisis de enormes dimensiones.

Y por lo pronto, su única propuesta para deshacer el entuerto es gritar que está muuuu loco, hacer la de los borrachos cobardes en las puertas de las discotecas: «porque me están agarrando, ¿eh?, que si no te ibas a enterar». Ayer lo pensaba, si este mismo escenario, idéntico, se hubiese producido con otro presidente yanki, con otras formas, con otro talante, es probable que el mundo estuviera digiriendo esto de otra manera, quizás podría haber debate. Pero no es el caso, la pose fanfarrona y tabernera del Presidente de los States ha cambiado el paradigma y ha hecho que, hasta sus más fieles vasallos, viendo de una vez por todas que han puesto en el precipicio del botoncito postrero a un chalado, estén bajándose del barco o practicando uno de esos estruendosos silencios que propaga el altavoz de la vergüenza ajena.

Trump vio que le salió medio qué la cacicada venezolana y pensó que podría replicarla cuando le diese la gana. Cuanto más se desvive en intentar comunicar de manera agresiva que es el que tiene la sartén por el mango, más hace pensar que va a remolque de Israel. Hay un paralelismo patrio con la manera de obrar del americano. Vox está usando esa misma metodología chulesca y matonil a la hora de negociar los pactos de los Gobiernos autonómicos. Se presentó a las elecciones prometiendo que terminarían con el sanchismo, que esa era su primera y última premisa, y se están dedicando a postergarlo, jugando con el fantasma de las repeticiones electorales que podrían beneficiar a la izquierda. También los de Bambú tienen un terremoto interno dentro de la formación, numerosas figuras que fueron importantes reniegan de la dirección del partido, que dicen que se ha convertido en un negocio de cuatro contados. El carisma de Abascal, ungido a la manieri trumpiana en mesías salvador, se ha visto resentido por los escándalos que salpican a su figura.

De la misma forma que en el Partido Republicano ya no queda nadie más que Trump, en Vox no queda nadie más que Abascal. Y, por si fuera poco, han empezado a caer en las encuestas justo cuando mejor estaban. Les pasa lo mismo que a Trump, han empezado a errar, se les han visto las costuras y lo que antes podía pasar por aura, ahora se recibe por el electorado por la soberbia típica de los que no saben ni pueden sacar la pata de los embrollos. Uno está jugando al Risk con el globo terráqueo, el otro está jugando al impostor con la alternativa a Sánchez. Ninguno acepta contrapesos, ni gente alrededor que les diga que se están equivocando. Los dos son patriotas de sus ombligos, y están presos de los laberintos de sus soberbias y sus egos. La cosa es si con ellos, también nos condenarán a nosotros.