Delcy Rodríguez ha cumplido 100 días como presidenta encargada de Venezuela. Aunque es relativamente “nueva” en el cargo, no lo es en el gabinete. En realidad Rodríguez lleva desde 2006 ocupando puestos importantes dentro del régimen venezolano. Primero con Chávez, después con Maduro. Durante estos 20 años y antes de ser nombrada por Washington la presidenta encargada, ha ostentado varias carteras: la de presidencia, la de comunicación, la de relaciones exteriores y -justo antes del secuestro de Maduro- la de economía e hidrocarburos.
Pero desde hace poco más de tres meses, Rodríguez se sienta en la misma silla que durante 13 años ha estado ocupando su predecesor, ahora detenido en Estados Unidos y acusado de narcoterrorismo y corrupción. Maduro, que consolidó y reforzó la maquinaria del chavismo en Venezuela, llegó al Palacio de Miraflores en 2013. Desde entonces, Delcy Rodríguez ha sido su mano derecha. Formada y conocedora de todos los entresijos del régimen, Rodríguez fue catapultada como presidenta por ausencia forzosa y orden de directa de Washington, no por unas elecciones.
Presidenta a la fuerza
La detención y el secuestro de Nicolás Maduro el pasado mes de enero dejó a Venezuela en un limbo. Tardaron poco en comenzar las primeras quinielas sobre quién podría ser el sustituto, nombrado a dedo desde Washington. Trump finalmente se decantó por Delcy Rodríguez. Su decisión sorprendió a expertos y venezolanos. ¿Por qué ella y no María Corina Machado? La primera había contribuido a sembrar el terror entre opositores y disidentes mientras que la segunda ganó las elecciones presidenciales en 2024.

La respuesta no es demasiado compleja. Según el embajador de George W. Bush en Caracas entre 2002 y 2004, Trump “priorizó al estabilidad a la democracia”. Washington buscaba a alguien que sirviera a los intereses de Estados Unidos y no a una candidata que, aun trayendo la democracia a Venezuela, pudiera distanciarse de la administración estadounidense.
Tampoco a Delcy Rodríguez le quedaban muchas opciones. O hacía caso a las órdenes de Donald Trump o el futuro que le podía esperar no sería muy diferente al de su maestro. Quizá por eso desde el secuestro de Maduro, Rodríguez ha seguido al pie de la letra las órdenes dictadas por el mandatario estadounidense.
El aperturismo económico venezolano
Durante estos meses, Rodríguez ha implementado reformas exprés para intentar salvar una economía ya demasiado deteriorada. A su nueva ley de hidrocarburos o de minas, que han significado una ruptura radical con los 50 años de modelo anterior, se suma ahora dos licencias que levantan las sanciones a Venezuela y destensan esa cuerda que asfixiaba Caracas. La medida, implementada por Trump y firmada por el director de la Oficina de Control de Activos financieros (OFAC), tiene como objetivo intentar reactivar la economía venezolana tras décadas de autarquía y precariedad.
Sin embargo, más allá de movimientos puramente económicos como la liberación del petróleo (que da alas a las mismas empresas que en su día fueron expulsadas y nacionalizadas por Maduro), ha habido pocas medidas de calado para intentar reestablecer una democracia de facto.

El respaldo de Trump en su nuevo modelo de gobierno es tal, que un informe registrado este miércoles ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos revela que Delcy Rodríguez ya estaría preparando -bajo los brazos de Washington- su candidatura de cara a las próximas presidenciales. Jihad M. Smaili, un abogado californiano, será su asesor para preparar la carrera electoral y algunas informaciones apuntan a que ese oxígeno que ha dado Trump a Rodríguez levantando sanciones justo ahora no es casualidad.
El chavismo aguanta en Venezuela
En el tintero continúan otros muchos temas igualmente importantes. Dos meses después de haberse aprobado la Ley de Amnistía, que establece la excarcelación de aquellos que participaron en protestas como las vinculadas al intento de golpe de Estado de 2002, varias organizaciones denuncian un estancamiento. Foro Penal, por ejemplo, que monitorea los casos y sigue de cerca el proceso de excarcelaciones, advierte de que Rodríguez mantiene a 485 presos retenidos en cárceles venezolanas. Esa apertura económica no ha venido acompañada de una apertura en las celdas.

Delcy Rodríguez ha cedido todo su poder económico para seguir manteniendo todo el control político. Ella fue la que remodeló todo el Gobierno a su gusto siguiendo una premisa: tocar lo justo para que nada se mueva. Delcy Rodríguez reorganizó su gabinete, pero mantuvo en él los mismos nombres -a menudo masculinos, leales y capaces de soportar la misma estructura chavista-.
Así, mientras para Washington se ha tocado lo esencial, poco ha cambiado en la vida de los venezolanos que continúan en el país. El escenario hoy es algo más destensado que hace un año: ya no se oprimen todas las protestas, pero el chavismo continúa asentado en el poder. Con el conflicto en Oriente Medio, la brecha estadounidense por los excesos de la policía migratoria o los escándalos alrededor de Jeffrey Epstein han apartado el intinerato de Rodríguez de los titulares.
