Aunque con acuerdo, no habrá paz en Oriente Medio

Las conversaciones entre ambas administraciones intentan hoy poner fin a más de un mes de conflicto que ha reabierto viejas tensiones y ha empoderado a Irán en la región

Un hombre iraní ondea la bandera nacional de Irán frente a una gran valla publicitaria que muestra un retrato del difunto líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, en la plaza Valiasr de Teherán, Irán, el 10 de abril de 2026.
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Pocos detalles se conocen todavía sobre la reunión que se celebra hoy en Islamabad (Pakistán) entre Estados Unidos e Irán. Ambas delegaciones se encuentran en el país desde hace dos días. Por parte de Estados Unidos, el vicepresidente JD Vance; y por parte de Irán, el titular del Parlamento Mohammad Bahger Ghalibaf. Cuarenta días después de que comenzara el mayor conflicto en Oriente Medio desde que en 2011 estalló la guerra civil en Siria, ambas administraciones se reúnen tras haber aceptado un alto el fuego demasiado frágil y ya ampliamente incumplido por ambas partes.

A la mesa llegan profundamente enfrentados y con recetas totalmente antagónicas para solucionar el conflicto. Más allá de la reapertura del estrecho de Ormuz, en pocos puntos comunes coincide Trump con los ayatolás. Posiciones opuestas respecto al uranio, el arsenal nuclear iraní, y el cese de los ataques al Líbano. Ambas partes estarán moderadas por Shebbaz Sharif, el primer ministro de Pakistán.

Personas huyendo de zonas sobre las que el ejército israelí ha advertido en Beirut, Líbano, 9 de abril de 2026.
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Que sí y que no

Las posiciones de ambas administraciones y sus líneas rojas son prácticamente inalcanzables para los contrarios. Mientras Trump exige desmantelar el programa nuclear de Irán, para Jameneí, seguir enriqueciendo uranio es una condición sine qua non. En el resto de puntos, aunque sensibles, es más fácil alcanzar un acuerdo.

Estados Unidos podría acceder, por ejemplo, a retirar sus tropas estadounidenses del territorio o levantar las sanciones a Irán. También los ayatolás se podrían comprometer -aunque sea de puertas para fuera- a moderar su represión contra la oposición o dejar de apoyar, al menos de una forma tan evidente, a grupos terroristas como Hezbollah en el Líbano, Hamás en Gaza o los hutíes en Yemen.

También es posible llegar a un acuerdo respecto al Líbano. Pero no habrá, previsiblemente, ni negros ni blancos. El gris que se perfila ahora mismo como opción más viable es que Netanyahu, que ya ha comenzado a acatar las órdenes de Trump, comience a moderar sus ataques tras una semana en la que se le ha dado manga ancha para golpear con fuerza a Beirut. Estos ataques siguen muy presentes para los ayatolás, que llegan a la reunión con su plan de 10 puntos intacto que tendrá que fusionarse con el de 15 presentado por Washington.

Partidarios de Hezbolá gritan consignas contra el presidente libanés Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam durante una protesta frente al Palacio de Gobierno en el centro de Beirut, Líbano, el 9 de abril de 2026.
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¿Hay interés en terminar la guerra?

Independientemente de las líneas rojas de cada una de las partes, si algo puede determinar el futuro del conflicto son las ganas que tengan ambas administraciones de poner fin a la guerra. Es decir, si creen que les compensa más una tregua o un conflicto sostenido en el tiempo. Aunque Estados Unidos es infinitamente superior a nivel militar que los ayatolás, éstos ya han demostrado que su capacidad para hacer daño económico es bestial. El cierre del estrecho de Ormuz durante poco más de un mes ha hecho enloquecer a las bolsas, que han afrontado pérdidas millonarias por una decisión tomada desde Teherán.

La capacidad iraní de responder sin utilizar el estrecho de Ormuz como arma es bastante más limitada. De hecho, si nos fijamos en los ataques lanzados por Irán desde que comenzó el conflicto hasta ahora, la línea es claramente descendente. También los golpes que han recibido los iraníes han sido más dolorosos de los que han asestado. Sin embargo, ni una cosa ni la otra quiere decir que Trump no quiera poner fin a la guerra.

Con las elecciones de medio término a la vuelta de la esquina (se celebran en noviembre), a Trump le ha salido caro comenzar este conflicto. Ni siquiera sus aliados más fieles apoyan las decisiones del republicano. Esa fe ciega y casi reverencial que exige el mandatario ya le ha pasado factura política y económica. Tal y como explicaba la experta en Relaciones Internacionales, Lena Georgeault, a este periódico hace apenas una semana, “es probable que Trump intente declarar ‘misión cumplida’ antes de que la guerra le pase factura”. Ya entonces, sin negociaciones ni altos el fuego de por medio, la experta consideraba que Trump presentará cualquier avance por pequeño que sea como “un éxito suficiente para poder retirarse”.

En el tintero Trump tiene otros muchos temas que ha descuidado durante este mes de ofensiva. Venezuela es uno y Cuba otro. De ambos países habla continuamente, pero desde hace más de un mes no hay ningún movimiento relevante de la administración estadounidense en ninguno de los dos países. Ni toma amistosa de La Habana ni fin del chavismo en Venezuela. Se agranda la brecha en su movimiento MAGA y continúan las críticas por los excesos de la policía migratoria en su país o el escándalo en torno al depredador sexual Jeffrey Epstein. Ante este panorama y con tantos deberes sin hacer, un alto el fuego prolongado -aunque sin acuerdo de paz firmado- podría ser una buena noticia para la región.

La defensa civil libanesa busca supervivientes entre los escombros de un edificio residencial destruido al día siguiente de un ataque aéreo israelí en el barrio de Ain Mreisseh, en Beirut, Líbano, el 9 de abril de 2026.
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Ni vencedores ni vencidos

Más allá de las conclusiones de la reunión, a Trump se le ha alargado el conflicto más de lo esperado. Desde que comenzó la guerra, el magnate ha vendido la ofensiva como una intervención rápida de no más “de 4 o 5 semanas”. “Esto no es Irak”, repetía una y otra vez ante los periodistas su Secretario de Guerra, Pette Hegseth, para intentar vender una victoria rápida y fácil. Ninguno de los dos grandes golpes de Estados Unidos a Irán ha conseguido hacer tumbar al régimen. Ni la muerte de Alí Jameneí ni tampoco la de altos cargos de la República Islámica o el bombardeo a la estratégica isla de Jark. Los iraníes han nombrado a su hijo, Motjaba Jameneí, como nuevo líder supremo y el cierre del estrecho de Ormuz ha sido suficiente para provocar un shock petrolero nunca visto desde la década de los 70.

Tal vez Trump nunca se imaginó que Irán sería capaz de bloquear el estrecho. Hacerlo viola todas las leyes de derecho internacional al impedir el libre tránsito, pero eso les importa poco a los ayatolás, que ya en los 80 bloquearon Ormuz en plena guerra de Irak. 

Tal vez Irán sea infinitamente inferior que su enemigo, pero ha demostrado tener la capacidad como para sostener unos golpes que no se cerrarán en una reunión un fin de semana. Irán, que no controlaba ni una tercera parte del estrecho de Ormuz antes de la guerra, ahora se siente con la potestad de dominarlo bajo su soberanía e incluso se habla de que pueda cobrar tasas millonarias a los buques que quieran cruzarlo.

Por eso, muchos expertos apuntan a que la paz aun queda lejos en Oriente Medio. Los ricos países del Golfo, cuya estrategia les ha costado tiempo y mucho dinero, han visto como en apenas 4 días Irán ha hecho tambalear su imperio de oro.

Tampoco los jóvenes han protagonizado revueltas o disturbios capaces de desafiar a la Guardia Revolucionaria. Esa era la idea de Trump: desestabilizar al enemigo con un golpe importante para más tarde provocar su colapso desde dentro. Ha pasado todo lo contrario. Si ha habido movilizaciones masivas ha sido esta semana, cuando por petición expresa del régimen, millones de personas se han atrincherado alrededor de plantas energéticas.

Si Irán ya era un enemigo difícil de abatir, hoy por hoy los ayatolás se sienten con impunidad total para aplastar cualquier disidencia interna y externa. Oriente Medio es hoy un hervidero de viejas tensiones que han resucitado cuando el 28 de febrero comenzó este conflicto.