Muchos dan por hecho que Benjamin Netanyahu presionó a Donald Trump para iniciar la guerra contra Irán. Desde hace más de una década, el premier israelí edifica su carrera política sobre la promesa de desmantelar el programa nuclear y balístico del régimen de los ayatolás. Durante la “Guerra de los 12 días” de junio de 2025 lanzó el primer round: los cazas israelíes, con la ayuda posterior de la aviación estadounidense, pulverizaron las principales instalaciones nucleares, defensas antiaéreas y lanzaderas de misiles en Irán.
Trump, obsesionado con el Nobel de la Paz que presumía de terminar conflictos por todo el mundo, arrancó 2026 con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y el inicio de la guerra contra Irán el 28 de febrero, que ha supuesto un incendio sin precedentes en Oriente Medio. Pese a que tras el final de su primer mandato el presidente estadounidense expresó en público rencor hacia el premier israelí, a quien acusó de ególatra y poco confiable, Netanyahu demostró sus dotes para arrastrar a su principal aliado.

En una visita a Mar-a-Lago -la residencia privada de Trump en Miami-, el premier hebreo convenció a su anfitrión de que Irán estaba reconstruyendo sus capacidades nucleares y militares. “Tendremos que golpearles, mandarlos al infierno. Esperemos que no deba ocurrir”, vaticinó el líder republicano en la rueda de prensa posterior. Netanyahu vino a inflar su ego, otorgandole el Premio Israel -que no se suele dar a extranjeros- por su “tremenda contribución al pueblo judío”. Antes, le había recomendado expresamente para recibir el premio Nobel.
Acorde al diario Atlantic, la tesis que el líder israelí vendió a Trump fue que, en caso de derrotar militarmente a Irán, el estado judío podrá rebajar su dependencia en la ayuda militar estadounidense, que se estima en unos 3.800 millones de dólares anuales. La actual Casa Blanca busca reducir el gasto militar en el extranjero. Pero en aquel encuentro cara a cara, Netanyahu aclaró que sus ambiciones para Irán eran mucho mayores que en las anteriores confrontaciones.

Mientras Trump y Netanyahu planeaban el asalto, el régimen de los ayatolás asesinaba sin pudor a su propia población. Durante las protestas por la quiebra económica del país desatadas a finales de diciembre de 2025, las fuerzas represivas mataron y detuvieron a miles de personas, algunas de las cuales están siendo ejecutadas en plena guerra. Los pronósticos del Mosad eran que, frente a un régimen tan impopular entre su propia población, una intensa ofensiva aérea allanaría el terreno para un levantamiento popular.
Según recogió Peter Beamunt en The Guardian, el primer ministro israelí también le vendió el operativo a Trump como una venganza ante los complots iraníes de matar al presidente estadounidense. Los pronósticos iniciales eran que sería una guerra rápida y cómoda. Pero los cálculos fallaron: el régimen iraní demostró resiliencia y gran capacidad de disrupción, mediante el bloqueo del Estrecho de Ormuz y el disparo de misiles y drones contra Israel, países del Golfo Pérsico y bases de EE.UU. en Oriente Medio. Era una estrategia que el propio régimen iraní había hecho pública de antemano.
Netanyahu, que se apresura en declarar victorias en frentes donde los enemigos no se rinden pese a los duros golpes encajados, desestimó la capacidad iraní de sumir bajo fuego permanente al estado judío durante más de un mes. Las defensas antiaéreas hebreas, reconocidas por su fiabilidad, fueron incapaces de parar todos los ataques. A Trump, interesado en un Oriente Medio calmado para poder avanzar los intereses empresariales de su entorno, no le interesa una guerra eterna.

En Líbano, Hizbulá demostró capacidad de disparar misiles y combatir a las fuerzas israelíes sobre el terreno, pese a que Netanyahu dio a la organización chiita por muy debilitada tras la tregua de 2024. En Gaza, Hamás sigue patrullando las calles, pese a que el premier hebreo prometió la “victoria total” en la guerra desatada tras la masacre islamista del 7 de octubre de 2023. En Irán, la estrategia de “decapitación” del liderazgo del país no se tradujo en el colapso del régimen. Son previsibles nuevas guerras en un futuro no muy lejano.
El New York Times publicó que Netanyahu había incluso presentado una lista de futuros líderes para Irán a Trump, incluyendo al hijo del Sha en el exilio, el príncipe heredero Reza Pahlavi. También dio por sentado que el programa de misiles balísticos iraní sería pulverizado, por lo que el régimen sería incapaz de bloquear el Estrecho de Ormuz. También minimizó la capacidad iraní de golpear a países árabes del Golfo Pérsico, en ataques que afectaron a infraestructuras energéticas, civiles y militares.
“Suena muy bien”, habría dicho Trump ante el plan de Bibi. Los análisis de la inteligencia estadounidense coincidían con algunas de las prioridades apuntadas por el premier israelí. No obstante, mostraron reticencias ante el optimismo sobre un cambio de régimen. “Está alejado de la realidad”, dijo un oficial estadounidense.
Ante el anuncio del alto al fuego del miércoles, Netanyahu dijo no estar sorprendido. “Llegó en coordinación con Israel, los americanos no nos sorprendieron a último minuto”, aseveró. Para el premier hebreo, esto no es “el final de la guerra, sino un parón para lograr todos los objetivos”. El premier israelí presionará para intentar neutralizar el uranio enriquecido que mantiene el régimen iraní. Está por ver si podrá convencer de nuevo a Trump para extender la guerra.
