Artemis II ameriza con éxito tras su histórico viaje a la Luna

El regreso de la misión ha marcado un hito en la exploración espacial contemporánea. Mientras la cápsula caía sobre el Pacífico, envuelta en vapor sostenida por paracaídas, el mundo contenía el aliento

A las 20.07, hora del este de Estados Unidos (pasadas las 2:07 de la madrugada, hora peninsular), la nave Orion amerizó en el Pacífico, frente a la costa del sur de California, poniendo fin a un viaje de diez días que ha llevado a los seres humanos lo más lejos que nunca de la Tierra.

La escena final fue precisa. Tras una reentrada que los propios ingenieros califican como una de las fases más delicadas de toda la misión, la cápsula descendió con estabilidad hasta impactar contra el agua en posición vertical.

Dentro, los cuatro astronautas; Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, confirmaban por radio que se encontraban en buen estado. “Estamos estables. Cuatro tripulantes en verde”, comunicó el comandante, en una frase breve que condensaba el éxito de años de preparación.

El amerizaje o splashdown (la terminología anglosajona) es una frase heredada de las misiones Apolo. Es una solución técnica que responde a una realidad física. La nave que regresa del espacio lo hace a enorme velocidad, cargada de energía cinética que debe disiparse antes de tocar la superficie. Durante la reentrada, la fricción con la atmósfera convierte esa energía en calor, generando temperaturas que pueden superar los 1.500 grados Celsius. El escudo térmico de la cápsula Orion, sometido a especial escrutinio por problemas de diseño detectados previamente, debía resistir ese infierno durante los minutos más críticos.

Una trayectoria modificada

Para reducir riesgos, la NASA optó en esta ocasión por una trayectoria modificada. Se trataba de un descenso más rápido con un ángulo más pronunciado, que acortaba el tiempo de exposición al calor extremo. La maniobra implicaba sus propios desafíos, pero finalmente resultó eficaz. Desde el control de misión, el comentarista Rob Navias describía el descenso como “perfecto”, mientras la cápsula atravesaba las capas finales de la atmósfera.

Wiseman desde la capsula Orión.
EFE/ @astro_reid

Una vez que la velocidad se reducía, entraron en juego los paracaídas. Primero se despliegan los llamados paracaídas de frenado, que estabilizan la nave, y después los principales, de gran tamaño, que ralentizan el descenso hasta unos 24 metros por segundo. Aun así, el impacto contra una superficie sólida sería devastador. Por eso, desde los primeros vuelos tripulados en la década de 1960, los ingenieros comprendieron que el agua ofrecía la mejor solución.

El océano actúa como un amortiguador natural. Su menor densidad respecto a la tierra y su capacidad para deformarse bajo presión permiten absorber el golpe sin comprometer la estructura de la nave ni la seguridad de sus ocupantes. Además, el hecho de que el 70% de la superficie terrestre esté cubierta por agua aumenta considerablemente las probabilidades de un aterrizaje controlado. Así nació el concepto de amerizaje, que sigue siendo hoy la estrategia más utilizada para el retorno de cápsulas espaciales.

Abrir la escotilla

Tras el contacto con el agua, comienza otra operación de recuperación. En el caso de Artemis II, equipos de la Marina estadounidense se desplegaron rápidamente hacia el punto de amerizaje. Una vez asegurada la zona y verificada la estabilidad de la cápsula, los técnicos procedieron a abrir la escotilla y extraer a los astronautas uno a uno. Posteriormente, fueron trasladados en helicóptero a un buque cercano, donde iniciaron las primeras evaluaciones médicas tras su estancia en el espacio.

El éxito de esta fase final no puede entenderse sin el contexto completo de la misión. Artemis II ha sido la primera vez en más de medio siglo que seres humanos viajan en dirección a la Luna. Durante los diez días de vuelo, la tripulación completó una órbita alrededor de nuestro satélite y estableció un nuevo récord de distancia respecto a la Tierra, superando la marca que había fijado la misión Apolo 13 en 1970.

Fotografía facilitada por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) con la Tierra a punto de pasar por detrás de la Luna en esta imagen capturada por la tripulación de Artemis II durante su sobrevuelo luna.
EFE

Además, ha sido el debut tripulado del cohete Space Launch System y de la propia cápsula Orion, dos elementos clave del programa Artemis. Este programa tiene como objetivo final establecer una presencia humana sostenible en la Luna y preparar el camino para futuras misiones a Marte. En ese sentido, Artemis II era un viaje de ida y vuelta, pero también una prueba general de sistemas, procedimientos y capacidades.

¿Qué ocurre ahora con la tripulación?

Tras el amerizaje, los astronautas pasan por un periodo de recuperación física y evaluación médica. Aunque diez días en el espacio no producen los efectos más severos de las misiones de larga duración, el cuerpo humano experimenta cambios significativos con pérdida de masa muscular, alteraciones en el equilibrio y adaptación al entorno sin gravedad. Los equipos médicos analizan estos efectos para mejorar los protocolos en futuras misiones.

Astronautas de la misión Artemis II - Internacional
Los astronautas de la misión Artemis II en la nave Orión.
NASA

Paralelamente, comienza el análisis técnico de todos los datos recogidos durante el vuelo. Cada fase, desde el lanzamiento hasta la reentrada, es examinada con detalle para identificar posibles mejoras. Este proceso será fundamental para Artemis III, la misión que pretende llevar de nuevo a los astronautas a la superficie lunar.

El amerizaje de Orion, aparentemente tranquilo, es en realidad el resultado de décadas de aprendizaje acumulado. Desde las primeras cápsulas del programa Mercury hasta las actuales naves de nueva generación, la ingeniería espacial ha evolucionado bajo la premisa de garantizar que los astronautas vuelvan con vida de su viaje.

La imagen final de Artemis II, una cápsula flotando en el Pacífico al atardecer, es el cierre de una misión exitosa. El primer paso de una exploración espacial todavía en pañales si queremos finalmente llegar a Marte. El éxito de Artemis II es el preludio de asentarnos en la Luna para siempre.

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