Regreso a Tierra

Qué nos enseña Artemis II: la ciencia que salvará vidas

Desde la mejora de trajes y dispositivos médicos hasta estrategias de bienestar aplicables en hospitales y entornos aislados, los aprendizajes son múltiples

Wiseman desde la capsula Orión.
EFE/ @astro_reid

Desde que los cuatro tripulantes de Artemis II se abrocharon los cinturones en la cápsula Orion, listos para partir desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, hacia la cara oculta de la Luna, supimos que la NASA nunca volvería a ser la misma. Y quizá, tampoco la humanidad.

Durante décadas, los astronautas han vivido bajo el escudo invisible de la magnetosfera terrestre. Esta burbuja protectora desvía gran parte de la radiación procedente del Sol y del espacio profundo, permitiendo que misiones como las de la Estación Espacial Internacional se desarrollen en condiciones relativamente seguras. Sin embargo, la misión Artemis II marcará un punto de inflexión. Por primera vez desde el programa Apolo, seres humanos se han aventurado más allá de esa protección natural.

El cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) que transporta la cápsula Orion para la misión Artemis II
EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH

Pero Artemis II no es solo un hito tecnológico. Es, sobre todo, un laboratorio viviente para entender cómo responde el cuerpo humano en condiciones extremas. Y, según ha explicado el científico jefe del Programa de Investigación Humana de la NASA, Steve Platts, sus resultados podrían tener implicaciones directas para la salud en la Tierra.

“Durante la era Apolo, los astronautas eran, en muchos sentidos, los primeros datos humanos”, señala Platts en una entrevista con The Planetary Society. Aquellas misiones abrieron preguntas fundamentales: ¿cómo afecta la radiación al organismo? ¿Qué ocurre con el sistema cardiovascular en microgravedad? ¿Cómo soporta la mente el aislamiento extremo?

Hoy, con herramientas mucho más avanzadas, Artemis II permitirá responder a esas preguntas con una precisión sin precedentes. La NASA ha identificado cinco grandes riesgos para la salud en el espacio profundo, resumidos en el acrónimo RIDGE: radiación, aislamiento y confinamiento, distancia de la Tierra, cambios en la gravedad y ambientes hostiles. Cada uno de estos factores no solo es relevante para los astronautas, sino que ofrece pistas sobre problemas médicos que afectan a millones de personas en la Tierra.

Radiación, un enemigo invisible

Uno de los mayores desafíos es la radiación cósmica galáctica, difícil de bloquear y potencialmente dañina para el sistema nervioso, cardiovascular e inmunológico. Aunque la misión Artemis II no ha alcanzado niveles peligrosos, sí permitirá recopilar datos clave.
“Podremos hacer mediciones reales y mejorar nuestros modelos”, explica Platts. Esto es crucial no solo para futuros viajes a Marte, sino también para comprender mejor cómo afecta la radiación al cuerpo humano en general, incluyendo su relación con enfermedades como el cáncer. Además, las investigaciones sobre radiación ayudarán a diseñar blindajes más eficaces, especialmente importantes para astronautas femeninas, más sensibles a ciertos tipos de radiación.

El cuerpo bajo presión y sin gravedad

Otro foco central es el sistema cardiovascular. En microgravedad, el cuerpo se adapta de forma tan eficaz que, al regresar a la Tierra, muchos astronautas sufren problemas para regular la presión arterial. Este tipo de investigación ya ha tenido aplicaciones prácticas: el desarrollo de trajes de compresión para astronautas ayudó a mitigar estos efectos, tecnología con potencial uso en pacientes con trastornos circulatorios en la Tierra.

Además, Artemis II mostrará cómo responde el cuerpo a cambios repetidos de gravedad (de microgravedad a gravedad lunar y de vuelta), datos que podrían ser relevantes para trastornos del equilibrio, movilidad o incluso el envejecimiento.

Captura de pantalla de la misión Artemis II. NASA

Salud mental en confinamiento extremo

El aislamiento y el confinamiento aportan también información interesante. A diferencia de la Estación Espacial Internacional, una nave rumbo a la Luna ofrece muy poco espacio personal y comunicación limitada con la Tierra. Estudios en entornos análogos, como la Antártida, han permitido identificar estrategias para mejorar el bienestar psicológico, desde rutinas de ocio hasta asistentes virtuales basados en inteligencia artificial. Estas soluciones podrían trasladarse a contextos terrestres, como el cuidado de personas mayores, pacientes en aislamiento o entornos laborales extremos.

Un laboratorio portátil para la medicina del futuro

Los astronautas llevan dispositivos similares a relojes inteligentes que monitorizan su actividad, sueño y estado fisiológico en tiempo real. También se han usado métodos innovadores como muestras de saliva seca para analizar hormonas del estrés o marcadores inmunológicos.

Quizá el ejemplo más claro del impacto en la Tierra sea el uso de ecógrafos portátiles, que han pasado de máquinas del tamaño de una lavadora a dispositivos del tamaño de un portátil. Esta miniaturización ya está transformando la medicina en zonas remotas, donde un diagnóstico rápido puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Sistema inmunitario y virus latentes

Artemis II estudiará la reactivación de virus latentes, como el de la varicela, un fenómeno relacionado con el estrés y la alteración del sistema inmunitario. Este conocimiento tiene aplicaciones directas en la Tierra, especialmente para personas mayores o inmunodeprimidas, y podría ayudar a desarrollar estrategias de prevención y tratamiento.

Ciencia lunar

Artemis II no solo se centra en la salud humana. La misión también abre oportunidades únicas para la astronomía y la ciencia lunar. Durante el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna, la nave Orion estuvo fuera del alcance de las interferencias de la Tierra y el Sol, creando un entorno ideal para observaciones de radio de precisión.

El científico de la NASA Kenneth Carpenter planea usar esta ventaja para instalar un sistema de interferometría óptica en la Luna. Este sistema, llamado AeSI, podría estudiar estrellas en luz ultravioleta y cartografiar la era oscura del universo, cuando la formación de las primeras estructuras cósmicas apenas comenzaba.

Fotografía cedida por la NASA de una imagen tomada por integrantes de la tripulación de la misión Artemis II el 6 de abril de 2026.
EFE

Por otra parte, aunque es una misión de la NASA, Artemis II demuestra el poder de la colaboración internacional. Participan la Agencia Espacial Europea, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial y el Centro Espacial Mohammed Bin Rashid de los Emiratos Árabes Unidos. Y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, ha sido el primer no estadounidense en viajar más allá de la órbita terrestre baja.

El objetivo a largo plazo es establecer presencia humana constante en la Luna, preparar misiones a Marte y avanzar en ciencia que beneficie tanto a los astronautas como a toda la humanidad. La misión es, por tanto, un ensayo general para la construcción de bases lunares permanentes y para futuros viajes a Marte. El programa Artemis ya contempla misiones tripuladas y robóticas adicionales, que transportarán equipos de investigación pioneros y permitirán estudiar la geología, recursos y potencial energético de la Luna, así como monitorear estrellas y señales cósmicas que hasta ahora permanecían ocultas.

Explorar el espacio no es un lujo

Artemis II demuestra que explorar el espacio no es un lujo. Es un camino hacia una ciencia más avanzada, medicina más accesible y conocimiento que trasciende fronteras. Como resume Steve Platts, “nuestro objetivo no es solo ayudar a los astronautas, sino a toda la población”.

Artemis II - Sociedad
Una fotografía de los astronautas.
NASA

Además, la misión refuerza la curiosidad humana innata. El astrónomo Matt Pryal lo expresaba hace unos días en el canal de noticias de la Universidad de Virginia: “Gracias a la búsqueda de respuestas a preguntas aparentemente triviales, la humanidad ha desarrollado avances como tratamientos contra el cáncer, internet o tecnologías de telemedicina. Artemis II extiende esa tradición, buscando conocimiento que podría cambiar vidas en la Tierra y preparar la llegada a otros mundos”.

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