El conflicto en Oriente Medio que comenzó con la ofensiva estadounidense sobre el corazón de Teherán cumple hoy 19 días. Tres semanas después de que Donald Trump lanzara junto con Netanyahu la operación denominada “Furia Épica”, el conflicto avanza a pasos agigantados e involucra ya a una quincena de estados.
A los bombardeos estadounidenses e israelíes sobre Irán se suma el fuego cruzado de los ayatolás, que sigue saturando la cúpula de hierro de Tel Aviv, pero también atacando bases militares estadounidenses en países de la región.
Kuwait, Qatar, Doha, Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos son hoy algunos de los que, por complicidad u omisión ante las actuaciones norteamericanas, se han convertido en enemigos del régimen de los ayatolás y pagan las consecuencias de la ofensiva sobre Teherán.
Tal es la complejidad de la ofensiva y los agentes implicados, que parece que haga falta una guía para no perderse sobre quién es quién en una región a menudo distorsionada desde Occidente y mucho más heterogénea y distinta de lo que pensamos.

Irán, el protagonista
El protagonista más importante del conflicto es Irán. Con un recién nombrado Motjaba Jamanei como líder supremo de los ayatolás, el régimen sigue resistiendo a los golpes del rival casi un mes después.
Sin embargo, a pesar de su posición geográfica -situada en el sur de Asia- y sus fronteras con Afganistán, Irak, Turquía, Armenia, Azerbaiyán y Turkmenistán, la República Islámica no es, como sí lo son la mayoría de sus vecinos, un país árabe, sino persa. Esta diferencia es lo que ha marcado el inicio de un conflicto que lleva fraguándose años y que explica, en gran parte, la escalada bélica que se vive hoy en la región.
Aunque pertenece geográficamente a Oriente Medio, Irán tampoco es, como el resto de estados que le rodean, un país suní, sino chií. El problema es que el 80% del mundo árabe hoy es suní. Mientras Arabia Saudí, Jordania o Egipto comparten la tradición árabe, la historia de Irán no comienza con el islam sino con el imperio persa.

Diferencias entre suníes y chiíes
La división se remonta con la muerte del profeta Mahoma y la pregunta de quién debería liderar a los musulmanes. Para los chiíes debería ser el yerno del profeta y sus descendientes, mientras que para los suniíes -considerados la rama más tradicional y ortodoxa- el líder debería ser elegido por consenso entre los expertos de la comunidad.
La disputa, al principio sólo religiosa y más tarde política, se ha convertido en una grieta que parte en dos a la región. Irán es un país persa rodeado de países árabes y un país chií rodeado de países suníes.
El “Eje de la Resistencia”
Todas estas singularidades hicieron que Irán -que históricamente se ha sentido amenazado por sus vecinos- tejiera una red de influencias que le permitiera proyectar poder más allá de sus fronteras. Esa red, conocida como “Eje de la Resistencia” y que también lucha contra la influencia de Estados Unidos e Israel en la región, está formada por milicias, grupos armados y partidos considerados terroristas desde Occidente.

Los aliados de Irán en la región
Hizbulá en Líbano, por ejemplo, es considerado uno de los aliados más poderosos de Irán. La milicia libanesa, igual que Hamás en Gaza, apoya el régimen de los ayatolás, que les nutre ofreciéndoles desde hace años apoyo financiero y armamentístico.
A cambio, Hamás, que es la milicia que mayor capacidad tiene para atacar Israel, recibe inyecciones económicas y un escudo con el que defenderse y atacar al país judío, considerado enemigo e invasor desde que se pactó su creación hace ya más de 70 años.
También los rebeldes hutíes de Yemen son aliados de los ayatolás. El movimiento yemení, que controla gran parte del país desde 2014, expande ahora su influencia hacia el mar Rojo, donde actúa como brazo ejecutor hundiendo embarcaciones vinculadas a Israel, Estados Unidos o Reino Unido. También en Irak y en Siria, Irán conserva el apoyo de facciones que combatieron en 2003 contra la incursión estadounidense.

La dificultad del conflicto es, como advierten los expertos, la propia naturaleza de los agentes implicados. Muchos de ellos no son actores estatales y por eso no todo se reduce a diplomacia y relaciones internacionales. Hizbulá o Hamás, aunque con enorme influencia en sus territorios, no representan ni al Líbano ni a Palestina. Tampoco los rebeldes a Yemen ni las milicias a Irak.
Sin Asad ni Maduro
Además, con el paso del tiempo, los pocos aliados “oficiales” que le quedan a Irán están ya muy deteriorados. La caída de Bashar Al Asad en Siria o la de Maduro en Venezuela han dejado aun más aislado al régimen.
La telaraña de pactos y alianzas de Irán con milicias, grupos terroristas y paramilitares hace que cuando el tablero se tambalea todas las fichas se muevan. Atacar a Irán o cualquiera de estos países, con una realidad social y política de enorme complejidad, hace que se reabran las grietas de un conflicto que comenzó hace ya más de 14 siglos.
