La violencia que se está viendo en las redadas del ICE no es, para muchas expertas, un fenómeno improvisado ni excepcional. “Son profesiones con una fuerte presencia masculina en las que la frontera entre la obligación de servicio y protección de la seguridad ciudadana y el uso indiscriminado de la violencia como excusa del bienestar es, con frecuencia, invisible”, explica Raquel Catalina, orientadora educativa, en conversación con este periódico.
Su análisis sirve para contextualizar una secuencia de hechos que ha disparado las alarmas en Estados Unidos. En menos de un mes, dos ciudadanos estadounidenses han sido asesinados durante las operaciones del ICE. En ambos casos, quienes dispararon fueron hombres. Y en ambos, el uso de la fuerza letal fue extremo: no disparos disuasorios ni defensivos, sino ráfagas que vaciaron el cargador contra personas que ya estaban reducidas y no portaban armas.
Dos asesinados por el ICE en menos de un mes
Así murió Alex Pretti, enfermero, en Mineápolis. Y así murió también Renee Nicole Good durante otra redada federal. Dos nombres que se han convertido en símbolo de una escalada de violencia que coincide con la ofensiva migratoria impulsada por Donald Trump, decidido a llevar su política de mano dura “hasta el final”.

En el caso de Pretti, los vídeos difundidos contradicen la versión oficial. El enfermero estaba grabando una intervención policial con su móvil cuando intentó proteger a una manifestante que había sido tirada al suelo por agentes federales. Fue rociado con gas pimienta, inmovilizado por varios agentes y, cuando ya no tenía ningún arma -un agente de paisano le había retirado la pistola reglamentaria-, fue disparado a quemarropa. Las imágenes han provocado una ola de indignación en las calles.
Las redadas del ICE siguen un patrón que se repite en ciudades como Mineápolis, Los Ángeles, Chicago o Nueva York. Los agentes, muchos de ellos con el rostro cubierto por máscaras, localizan a sus objetivos en barrios, bloques de apartamentos, vehículos o incluso centros escolares. Detienen a la persona, la trasladan a centros de detención y, en numerosos casos, la mantienen incomunicada durante días antes de proceder a la deportación. Las cifras oficiales hablan de 605.000 deportaciones entre enero y diciembre de 2025, con otros 73.000 inmigrantes retenidos.

La tendencia a la agresividad “es mayor en ellos que en ellas”
Para Raquel Catalina, el patrón de violencia no puede analizarse únicamente desde el ámbito policial. “El porqué del uso y abuso de la fuerza y la violencia por parte de agentes masculinos más que de las mujeres con el mismo cometido da que pensar”, señala. Y subraya que este comportamiento se repite en contextos muy distintos. “Si nos fijamos en otros ámbitos, esta diferencia suele ser habitual”.
La raíz, explica, es cultural y estructural. “En nuestros niños y adolescentes hay una tendencia a la agresividad y la violencia mucho mayor en ellos que en ellas”, afirma. Una diferencia que, en su opinión, no responde a factores biológicos, sino a expectativas sociales profundamente arraigadas. “Todavía se escucha en el patio el ‘son cosas de críos’ cuando un conflicto se resuelve con un empujón, un golpe o una patada”.
Una masculinidad ficticia
Ese aprendizaje, advierte, no desaparece con la edad. “No es casual que, llegada la adolescencia los balonazos, los jaleos y el ‘te espero a la salida’ vengan de la mano de los chicos”, explica. Mientras, añade, a las chicas se les exige contención desde edades tempranas. “Guardar la compostura para una niña es pan comido; para un chico es mucho pedir”, especialmente en etapas como la Secundaria, donde se refuerza, explica la experta, “una idea de masculinidad ficticia alimentada por lo que se consume en redes, lo que se oye en casa y lo que seguimos perpetuando como sociedad”.

Cada vez más voces en contra de la “mano dura” de Trump
Ese modelo encuentra hoy un aval político. Trump ha defendido una ofensiva migratoria sin matices, con un discurso que legitima la fuerza como herramienta principal.
En las calles, la respuesta empieza ya a ser visible. El gobernador de Minnesota ha pedido públicamente que Trump retire a los agentes federales. El expresidente Barack Obama ha alertado de que “valores fundamentales están siendo atacados”, y Hillary Clinton también ha calificado la situación de “inaceptable”. Trump, por su parte, asegura ahora que su Administración “está revisando todo lo ocurrido”, aunque de momento, sigue sin cambiar ni una sola coma sobre su política migratoria.


