Cada detalle que se conoce de las horas previas del asesinato de Tulia Ester, la mujer de 64 años apuñalada por su expareja hasta la muerte en el portal de su casa en Córdoba el pasado lunes, es una prueba más de cómo el sistema falla, minimiza la violencia y desprotege a muchas víctimas.
Riesgo medio, primer error
Sabemos que Tulia sufrió una agresión el viernes y denunció. Tras responder al cuestionario del sistema VioGén, el algoritmo estableció que corría un riesgo medio de volver a ser atacada. Primer error: el peligro era extremo. Pero Tulia volvió a su casa sin saber a qué se enfrentaba. Ni el sistema de protección ni los agentes que la atendieron —que pueden modificar y elevar el nivel de riesgo— se percataron de que el presunto agresor no tenía intención de dejarla en paz.

El momento de la denuncia es uno de los más peligrosos para las mujeres. Es cuando el agresor pierde el control sobre ellas y sus reacciones no siempre son fáciles de prever. El comportamiento de su expareja, que fue detenido, tampoco llamó la atención de las fuerzas de seguridad. La única medida de protección que se estableció fue una orden de alejamiento.
Quebrantó la orden de alejamiento con un martillo al día siguiente
Al día siguiente, él la quebrantó. Pero no solo se acercó a ella: se presentó en su vivienda con un martillo, con el que rompió, por ejemplo, un equipo de música. A Tulia la agarró por el pecho y la amenazó con destrozar la vivienda.
Ella, de nuevo, volvió a denunciar. Pero no se tomó ninguna medida de protección adicional ni se decretó su ingreso en prisión. No pasó nada. Tulia seguía desprotegida.
Hay que tener en cuenta que ella sí percibía un peligro. Los asesinatos machistas no surgen de la nada. En general, las víctimas sufren todo tipo de violencias previas antes de un ataque grave o mortal. Algo debió alertar a Tulia para que, tras décadas de maltrato, tomase la decisión de denunciar.
No ingresó en prisión
Sin embargo, confió en un sistema que minimizó desde el principio el peligro real que corría. Si temes por tu vida, pero los profesionales encargados de protegerte no consideran que tu situación sea especialmente grave, es lógico pensar que Tulia no era plenamente consciente de cómo la violencia estaba escalando.

¿Cómo es posible que un hombre con una orden de alejamiento y pendiente de juicio la quebrante, ejerza un nivel de violencia alto, acuda a la casa de su expareja con un martillo, la agarre del pecho y no ingrese en prisión?
Las víctimas no pueden ser responsables de su seguridad
Según cuentan, los investigadores le ofrecieron a Tulia la posibilidad de escoltarla hasta el juzgado el lunes, algo que podría haber salvado su vida, pero ella rechazó esa posibilidad.
¿Por qué se puso en manos de la víctima su propia seguridad? Las mujeres no pueden ser responsables de las medidas que se tomen para protegerlas. De hecho, se sabe que es habitual que tiendan a minimizar la violencia y el peligro que corren. En el caso de Tulia, además, el propio algoritmo, los agentes y la justicia no le alertaron de que debía extremar precauciones. Al fin y al cabo, el sistema no reaccionó cuando él se presentó con un martillo en su domicilio. Si las instituciones no consideraron grave ese quebrantamiento, ¿cómo iba a entenderlo ella?
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