El papel y el significado de la ropa interior ha ido evolucionando a lo largo de la historia, pasando de ser una prenda interior a ser una exterior y perfectamente visible, transformándose de una necesidad básica a ser una prenda que en muchos casos llega a ser una prenda de lujo.
El concepto de llevar tela para proteger nuestras partes íntimas surgió alrededor del año 5.000 a.C con los hombres y mujeres de las cavernas y los antiguos egipcios. Era una necesidad básica de protección, especialmente en las zonas más frías del mundo para conservar sus zonas más íntimas.
Aunque la protección debía de ser la misma para hombres y para mujeres, en la época medieval los hombres contaban con ropa interior masculina que podríamos considerar los prototipos de los actuales calzoncillos y bóxers. Mientras, la ropa interior femenina era una estructura de varias piezas, no incluía tela en sus partes íntimas. Presentaba corsés constrictivos, corpiños rígidos, estructuras metálicas en las faldas y ocasionalmente, calcetería de lana en función del clima. Las mujeres llevaban Chemises (prenda tradicional con botones y cuello) como ropa de dormir y nada más.
Alrededor del año 1600, los hombres, principalmente de la realeza, empezaron a usar calzoncillos de 13 pulgadas de largo que podríamos asemejar a lo que hoy conocemos como calzoncillos de jockey. La ropa interior de los hombres tenía cordones apretados alrededor de la cintura y tobillos y estaban decorados con cintas y diferentes telas de fantasía. Por su parte, las mujeres empezaron a sufrir cada vez más en “nombre de la moda” pues los corpiños con cordones se apretaban cada día más para exagerar cinturas finas y pechos planos, pero recordemos que seguían sin utilizar bragas.
A principios del siglo XIX, las mujeres empezaron a llevar calzoncillos. Era una prenda interior parecida a un pantalón que consistía en un par de piernas separadas que se unían en la cintura y se ajustaban alrededor de los tobillos. Si en un principio fue un diseño básico, con el paso del tiempo estos “calzoncillos” se hicieron más elaborados pues se decoraban con encajes, cintas y bandas. Como curiosidad, decir que esta prenda no podía llevarse a la cama pues se consideraba vergonzoso que los maridos vieran a sus esposas en ropa interior.
En la Era Industrial, el bóxer, originalmente entregado a los soldados de infantería para el verano en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, comenzó a ser aceptado en la ropa interior masculina.
En los “locos años 20”, las mujeres de la época dejaron atrás el corsé para dar paso a prendas más cómodas y funcionales. Fue durante la postguerra cuando la lencería se convirtió en un producto más lujoso y sensual.
El cambio en la mentalidad de la sociedad y el movimiento feminista influyeron en la industria de la ropa interior femenina y así, las mujeres empezaron a dejar de utilizar sujetadores y fajas en una declaración de “libertad”.
Dando un salto en el tiempo y en la evolución de la ropa interior femenina, decir que a partir de los años 80, los “tangas” hicieron su primera aparición. Encajaron a la perfección en la cultura del aeróbic y, siguiendo la estela de los leotardos y las mallas, los tangas fueron un éxito absoluto introduciendo en la sociedad el concepto de “ropa interior sexy”. Este hecho llevó, tanto a hombres como a mujeres, a empezar a sentirse más cómodos con la idea de que la ropa interior era una poderosa herramienta de atractivo sexual.
A partir de los 90 y año 2000, los looks transparentes empiezan a estar presentes en las pasarelas de moda y de ahí han llegado a la calle en una nueva forma de exponer la ropa interior, el llamado estilo peekaboo.
El uso de camisetas o tops de estilo lencero, bralettes visibles, el uso de corsé como prenda de vestir o vestidos con transparencias están presentes en nuestra vida diaria.
Las nuevas tendencias han propiciado que se equilibre la balanza entre sensualidad y comodidad pero la lencería sigue teniendo una gran importancia en la industria de la moda, y principalmente, en la sensualidad y sexualidad de la mujer.
Es la lencería erótica uno de los productos de moda que más consumo genera. La ropa interior femenina se ha ido reinventando, corrigiendo y moldeando hasta conseguir una gran variedad de diseños adaptados a todo tipo de cuerpo femeninos.
El mercado mundial de la lencería está valorado en 48.590 millones de dólares en 2025 y se espera que alcance los 104.550 millones de dólares en 2034 (Datos Fortune Business Insights). Es la zona de Asia Pacífico donde se lidera el mercado mundial de lencería en 2025 debido a la gran población femenina, al aumento de los ingresos disponibles y el rápido crecimiento del comercio electrónico en países como China e India.
Y es que la lencería ha pasado en muchos casos a ser lencería erótica siendo una pieza base de la ropa íntima, principalmente femenina, que se asocia a la sensualidad y al atractivo de la mujer.
En la actualidad son numerosos los personajes famosos que crean su propia línea de ropa interior, convirtiendo la lencería en un negocio altamente rentable a través de redes sociales y campañas publicitarias.
También hay un gran número de influencers que posan en ropa interior siendo en muchas ocasiones sesiones fotográficas que promocionan una marca determinada o las propias marcas que ellas han creado. Recordemos a la actriz Sydney Sweeney, que colgó piezas de la colección de ropa interior de la nueva marca que ella había creado en el histórico letrero de Hollywood en Los Ángeles como campaña de marketing.
Pero lo que podría ser un símbolo de sensualidad se ve enturbiado por aquellas personas, que venden ropa interior usada. Esto se ha convertido en un negocio muy rentable para algunas mujeres y hay que decir que se ha popularizado entre algunas “famosas” que participan activamente en este mercado y lo promocionan abiertamente en sus redes sociales.
La excentricidad puede dar paso a la ordinariez.
Exponerse en lencería puede suponer para muchas mujeres un acto de empoderamiento, de conexión con su cuerpo. También puede suponer desafiar la tradición de que la ropa interior es sola para la mirada masculina. Con todo, creo sinceramente que posar en ropa interior, tanto hombres como mujeres, solo implica para muchas y para muchos la consecución de un “like”.
Pero ante esta nueva situación no debemos de olvidar que la principal función de la ropa interior es la higiénica, aunque como ya hemos visto puede no hacerse de manera funcional.
Ante la actual situación no hay mejor manera de acabar este artículo que diciendo “¡Ay, si mi abuela levantara la cabeza!”.
